Nuestra Zarzuela

Música clásica

(Por José Prieto Marugán)

Disparate cómico-lírico en un acto, en prosa. Texto de José Estremera. Música de Ruperto Chapí. Estreno: 20 de septiembre de 1880, en el Teatro de la Comedia, de Madrid

Personajes principales e intérpretes principales:

Paca, hija de Tadeo, soprano (Antonia García)

Cucufate, antiguo novio de Paca, tenor cómico (Ramón Rusell)

Tadeo, bajo cantante de capilla, padre de Paca, tenor (Salvador Videgain)

Música clásica

Argumento

Tadeo está empeñado en que Paca se aficione con los grandes autores clásicos de la música y, además de hacérselos estudiar ("Lección de solfeo"), trata de casarla con algún músico profesional. Tales intentos no tienen éxito alguno.

Aparece Cucufate, antiguo novio de Paca con aficiones líricas, pero que nada puede ofrecer a la muchacha pues lo único que tiene, por el momento, es un hambre crónica. Cucufate narra a Paca su desesperada situación ("Yo soy un pobre cesante") y la joven le reconforta con un espléndido bocadillo. Y, claro, resurgen los antiguos sentimientos amorosos.

Paca y Cucufate desean casarse, pero existe un impedimento que no es otro que la afición a la música clásica de Tadeo. Claro que esto no será suficiente para impedir la boda porque, en cierto modo, Cucufate es músico (se dedica a copiar canciones, una de las cuales entrega a Paca: "Yo soy la pitillera").

Cucufate se presenta en casa de Tadeo como un compositor de altos vuelos y le convence de que ha escrito una obra descriptiva de la historia todos los tiempos, desde la Creación hasta ahora ("Yo soy un joven músico"), obra que será estrenada en un teatro construido al efecto entre Pinto y Valdemoro, y que está protegido por reyes y gobernantes de todo el mundo.

Tadeo advierte la posibilidad de casar a su hija con la joven promesa de la composición, de manera que Paca podría convertirse en una diva. Paca muestra sus facultades ("Yo no quiero que me lleven") para satisfacer a su padre, aunque en el fondo lo que menos le importa, en este momento, son los gorgoritos que pueda ofrecer como cantante de ópera.

Comentario

En verdad poco puede hacerse con un argumento tan simple y sin demasiadas ambiciones teatrales en el que intervienen tan sólo por tres personajes y cuyo acto único tiene lugar en "una sala medio decente". Aunque el texto contiene momentos de inspiración popular y no le falta chispa, no hay lugar para amplios concertantes, vehementes romanzas del tenor, delicadas y etéreas arias de la soprano, ni compases marciales o coros grandiosos.

Música clásica es una de las páginas características de Chapí que muestra su inspiración y su ya hondo sentido del teatro musical, que le permite pasar sin dificultad aparente, de la sencilla canción popular al fragmento de corte clásico tratado con fino sentido del humor.

Puede considerarse como el punto de partida de la carrera profesional de su autor. Cuando se estrenó fue bien recibida y Chapí agasajado aunque no en la medida en que lo sería posteriormente. Todavía faltan once años para El rey que rabió y diecisiete para La revoltosa. La importancia de Música clásica está más en lo que supone de principio de una carrera gloriosa que en la página en sí misma.

El preludio de esta pequeña joya sorprende por la inclusión de dos citas, claramente identificables, del gran repertorio sinfónico: la Sinfonía pastoral de Beethoven y El sueño de una noche de verano, de Mendelssohn. A partir de aquí, cualquiera de los seis números de esta entretenida obra resulta muy atractivo. El primero la simpática “Lección de solfeo” (“Eso no es así”), en la que hay referencia al Método de Solfeo de Hilarión Eslava, asignatura básica en el Conservatorio. Le siguen los “Cuplés” del hambriento Cucufate (“Soy un pobre cesante”), y el dúo entre los dos jóvenes protagonistas a ritmo de seguidillas (“Yo soy la pitillera). En el número cuatro, el terceto (“Yo soy un joven músico”), vuelve Chapí a introducir una referencia a un obra clásica entonces conocida: una “canzonetta” de Mendelssohn. Le sigue, como contraste y afirmación de los gustos musicales de Paca un zapateado (“Yo no quiero que me lleven”) que da paso a la “sinfonía descriptiva y final” en la que los tres personajes terminan con estos versos:

Ya somos felices,

ya no hay más que pedir,

si ustedes ahora

se dignan aplaudir.

Desde luego, no ha de faltar nuestro aplauso, aunque sea con 128 años de retraso.

Escribir a José Prieto Marugán