Ballet: Estreno absoluto
El corazón de piedra verde
(Por Alicia Perris)
“Triste España sin ventura
todos te deben llorar
despoblada de alegría
para nunca en ti tornar”
(Juan del Encina)
El corazón de piedra verde. Ballet Nacional de España. Teatro de la Zarzuela. Director y coréografo: José Antonio. Música: José Nieto. Grabación musical: Orquesta Andrés Segovia, dirigida por José de Eusebio. Del 3 (estreno absoluto) al 19 de octubre 2008. Bailarines Principales: Ana Moya, Elena Algado, Miguel A. Corbacho, entre un elenco numeroso.
Gran esfuerzo éste y un verdadero desafío plasmar en danza la novela de Salvador de Madariaga, autor no suficientemente recordado en España en la actualidad. Historia a caballo entre dos mundos, marcada por la pérdida de una cultura, de un modelo y unos códigos indígenas, abrasados por una civilización antigua- la española- que llega de lejos. Odios, amores y sacrificios rituales, ecos lejanos de guerras y desvaríos bélicos, nacimientos y muertes. Como escribe José Antonio: “Dos continentes, dos culturas separadas por el inmenso océano…el sueño de amor nace también en la distancia”. La narración comienza con la toma de Granada, el último bastión árabe en la España de la Reconquista. Época convulsa, de ruptura, de recuperación, de afrentas.
El Corazón de piedra verde llevaba tiempo en las entrañas de su creador hasta que vio la luz y pudo plasmarse ante el público, coincidiendo con los treinta años de la creación del Ballet Nacional. La referencia, indeclinable, por parte de José Antonio antes del comienzo del espectáculo, al mentor en su día de la institución y fundador desaparecido, Antonio Gades. José Nieto, el responsable del soporte musical reflexiona también sobre la propuesta: “La idea de crear un ballet dramático de casi dos horas de duración, en los tiempos que corren, supone un reto que raya en la utopía…Mi primera preocupación, era, naturalmente, una cuestión de lenguaje: ¿se puede 'contar' una historia cuyas dos terceras partes transcurren en el México de Moctezuma mediante una música cuyas raíces permitan una cierta conexión con la danza española?”.
Juan del Encina, contemporáneo de la trama de la novela, aparece como uno de los puentes que nos ayudan a cruzar el mar, en buscas de otras tierras, del latido de otros corazones. Los bailarines plasman con delicadeza los distintos matices de la acción, donde las historias se entretejen unas con otras, corren paralelas, se separan. Estalla un erotismo de alto voltaje. Multicolor e imaginativo aunque no fiel a la época o a lo que se sospecha de ella, aquí, en la Península, allá, en tierras mexicanas, el vestuario de españoles e indígenas. La escenografía subraya el dramatismo de la acción. Complicada coreografía para una propuesta que se desvincula de la danza española tradicional y fuerza las fronteras de otro lenguaje, de otros mundos.
El público, sorprendido, debe hacer un esfuerzo para seguir la evolución de los acontecimientos en unas dimensiones que a veces le resultan ajenas, aunque fascinantes. Se habla de recuerdos de civilizaciones perdidas, de desgarro de vidas, se va más allá, lejos de España, a otras latitudes, al rumor y al misterio de otras constelaciones y otros fantasmas. El compositor incluye además la voz humana en las dos partes de la obra: la que se vincula al universo hispánico y la que se centra en el mexicano.
Los dioses rubios fantaseados e intuidos por los habitantes de aquel imperio mítico e inenarrable liderado por Moctezuma, terminaron con una civilización que llevaba siglos estableciendo los códigos de vida y muerte para sí misma y para sus vecinos. Mundo casi irreal, incandescente y amplio como la propia selva, el alma mejicana se debe unir a la española en la elaboración de otro proyecto. Como escribe José Nieto: “No hay reto más atractivo que el del mestizaje y todos los que hemos intervenido en esta aventura lo hemos aceptado”. Y de ahí la revelación y la amalgama inefables de un arte y una vía de creación diferentes.


