Estreno
Tierra frente a Tierra: Jesús Rueda ante Mahler
(Por Susan Campos Fonseca)
El pasado 6 de octubre de 2008, en el marco del Ciclo Plural Ensemble del Auditorio Nacional, se citaron en la Sala de Cámara dos visiones de “la Tierra”: la transcripción camerística de la obra póstuma de Gustav Mahler Das Lied von der Erde, iniciada por Arnold Schöenberg y concluida en 1983 por Rainer Riehn (1941), y la reducción para ensamble del tercer movimiento “Presto con fuoco, precipitato, frenetico” de la Tercera sinfonía (cuyo nombre poético son los cuatro elementos del saber antiguo) del compositor español Jesús Rueda, movimiento independizado bajo el título de Tierra, por sugerencia de Pedro Halffter, y estrenado en su versión original para orquesta sinfónica en el 2007.
Ahora bien, es especialmente significativo el que Fabián Panisello pusiera frente a frente esta nueva versión de Tierra, reducida para el formato de quinteto de cuerda, quinteto de maderas, percusión, acordeón, piano y celesta, realizada en conjunto por Rueda y su discípulo Luis Mateo Acín, y la mítica obra de Mahler, creando una “triangulación” entre ambos compositores y el conjunto instrumental, que puso en evidencia una especie de “reducción” esencial de las ideas musicales y estructuras entendidas en timbre, ritmo y bloques sonoros a través de los cuales la obra de Rueda alcanzó una voz en contra-punto con la búsqueda mahleriana de posibilitar una especie de “síntesis” entre el género sinfónico y el Lied, entre la “realidad” del concierto y la “teatralidad” de la vida cotidiana, generando la imagen sonora de una “Tierra” que, como en el I Ching, está frente a sí misma, revelando aristas insospechadas, no sólo por las coincidencias entre el material musical germinal de ambas obras -especialmente en el pensamiento rítmico y timbrito-, sino también, por la singular evocación de “voces inmateriales” (si cabe el término), que confirieren a ambas obras un cierto carácter ritual.
La obra de Rueda se manifestó, en este contexto específico facilitado por Panisello, quizás como una especie de “radiografía” del material musical expuesto y desarrollado por Mahler en La Canción de la Tierra, el cual, entendido en sus elementos fundamentales por la transcripción de Schöenberg y Riehn, permitió un especial diálogo dialéctico con la nueva versión de La Tierra creada por Rueda, propiciando entre ambas obras un ejercicio de escucha, quizás incluso de “filosofía de la escucha”, especialmente significativo, lo que no quiere decir, claro está, que se encuentren directamente relacionadas más allá de la contextualización sonora compartida a través del acontecimiento construido por Panisello.
En todo caso, dado que “hablar” de música obliga a buscar un difícil equilibrio entre metáfora y lenguaje técnico, queda pendiente un análisis comparativo entre ambas obras que nos permita establecer un marco realmente objetivo para demostrar dicha apreciación, análisis que excede el ámbito de esta reseña. Aunque vale la pena destacar que si hemos procedido a considerar la partitura de la reducción para ensamble de La Tierra, gracias a la amable colaboración de Luis Mateo Acín, luego de lo cual consideramos que nuestra impresión inicial el día del estreno en relación a la interpretación del Plural Ensemble (bajo la dirección clara y precisa del Panisello), no era del todo errada. A pesar de ello, La Canción de la Tierra y La Tierra, representan dos acontecimientos y experiencias estéticas diferentes que, aunque provocaron la interesante dialéctica que hemos comentado, requieren de un acercamiento y entendimiento interpretativo distinto, ajustado, podríamos decir, a sus “propias leyes”, algo sobre lo que expertos en Mahler tendrían mucho más que agregar. Esperamos, en todo caso, que esta sea una invitación a discutir sobre la filosofía y diálogo entre músicas que Daniel Panisello desarrolla, en el cual destaca muy especialmente el ciclo propiciado por el Círculos de Bellas Artes. No quisiéramos terminar sin señalar que los integrantes del Plural Ensemble, junto a las voces de Alain Damas y Manuel Cid en la obra de Mahler, mostraron un serio compromiso por tratar de acceder tanto al “febril” diseño de La Tierra, como al difícil entramado de La Canción de la Tierra, algo digno de mención.


