Crítica de libros

Juegos japoneses sonoros

(Por Hertha Gallego de Torres)

Sidokus. El sudoku musical. Puertas, David. Puertas, Bernat. Editorial: Clivis Publicaciones (Colección Neuma), Barcelona, 2006.
Sidokus. El sudoku musical

Asia está de moda, no hay duda. No hablaremos hoy del despliegue de novedades sobre el enigma chino, sino del más cercano y accidentalizado Japón, a cuyos autores no para de promocionarse. Yasunari Kawabata ve reeditadas todas las novelas, se traduce al delicioso Soseki –cuyo “Botchan” debería ser lectura obligada para todo profesor de secundaria que se precie-, y surgen nombres de culto como Banana Yoshimoto, con sus sueños y visiones, Masuji Ibuse y la sombra de la “Lluvia negra” o Murakami. Y a todo esto, ya nos hemos percatado los gourmets de que el”sushi” y la “tempura” son deliciosos…

Mientras tanto, nuestros jóvenes leen “manga” (algunos realmente inquietantes, por cierto), y se ha popularizado el “sudoku”, ya saben, esa especie de crucigrama en el que hay filas de números que no se pueden repetir nunca ni para arriba ni para abajo. La verdad es que es un pasatiempo muy divertido. Desde que lo tengo en el móvil, estoy intentando hacer el nivel 3, sobre todo en los aeropuertos. Cuando uno ve a su vecino de al lado leyendo los “Versos satánicos” de Rushdie y a punto de entrar en el avión, lo más relajante es ponerse a hacer sopas de letras mientras esperamos a que despegue, o intentar que el 2 no se repita. Se lo prometo.

Pues bien, unos inteligentes catalanes han decidido hacer la versión del “sudoku” musical y lo han bautizado “sidoku”. Consiste en sustituir los numeritos por signos musicales (los más fáciles) o directamente por las notas de la escala. Parece simple, pero con esta idea han creado una auténtica obra maestra, que está ya haciendo estragos en Europa. Requiere un grado de abstracción mental ligeramente mayor que con el juego tradicional japonés de origen, al jugar con  símbolos, consiguiendo sobre el papel, o cualquier soporte, una belleza gráfica muy notable. Los más avanzados recrean artificiosas construcciones dodecafónicas, o cánones a la octava, porque –y esto es lo mejor- ¡suenan! Esto es, los construidos con notas, una vez resueltos, reproducen melodías que a lo mejor pueden ser del Himno a la Alegría o la Marcha Turca…

Probada la idea a modo de experimento con unos conejillos de indias que han resultado ser alumnos de Secundaria de la ESO, les puedo asegurar que el “sidoku” funciona a la perfección y consigue entretener, a la par que ejercitar las neuronas de todo el que se lance a intentar resolverlo. Ah, y empieza desde un nivel muy elemental, así que casi no es necesario saber música para disfrutarlo, ni es un pasatiempo muy difícil, pues todos con unas sencillas nociones lo pueden intentar hacer, yo diría que desde los ocho años de edad.

Así que, con la fusión Oriente-Cataluña, tenemos un producto musical genuinamente patrio. “El reixat de l´escriptura / esdevé una liana”. Reja de la escritura, con los años se convierte en liana, dice Gimferrer. Saltando  por encima de continentes, convertida por los hombres en juego sonoro.

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