Conciertos en Madrid

Comienzo de las temporadas universitarias

(Por Carlos de Matesanz)

Universidad Complutense: 5 de noviembre de 2008, 19:30 h. Auditorio Nacional. Orquesta Sinfónica de la BBC. Dir: Jiri Belohlávek. Shostakovich, Dvorák, Janácek y Maxwell-Davies.
Universidad Politécnica: 7 de noviembre de 2008, 22:30 h. Marussa Xyni (soprano), Ulrike Mayer (mezzo), Ricardo Gassent (oboe), Orquesta Filarmónica de Cámara Madrid-Berlín. Dir: Miguel Á. Gómez Martínez. Falla, Palomo y Beethoven.
Universidad Autónoma: 15 de noviembre de 2008, 22:30 h. Auditorio Nacional. Orquesta Sinfónica de la Radio de Stuttgart. Dir: Roger Norrington. Haydn y Mahler.

La Universidad Complutense, que este año presenta un vergonzoso recorte en su XIII Ciclo de conciertos –de 14 que llegó a tener a tan sólo 4, escudándose en la “crisis” que últimamente todo lo justifica, qué vergüenza: los abonados están que trinan y con motivo–, ha inaugurado su actividad con la BBC Symphony, que es una agrupación que presenta las características que han hecho célebres a las orquestas londinenses: seguridad absoluta, gran claridad sonora y profesionalidad a prueba de bombas. Es una lástima que su actual titular, el checo Jiri Belohlávek, no eligiese una página más idónea para abrir la velada que la Sinfonía nº 1 en Fa menor de Dmitri Shostakovich, que dirigió de modo totalmente “desrusificado”: con notable perfección pero carente de mordiente, y esto en la música del compositor soviético es falta mayor. Pero se redimió en la segunda parte: una Obertura “Otelo”, Op. 93, de Antonín Dvorák llena de fuego interno y contrastes tímbricos perfectamente captados y una Suite de “La zorrita astuta” de Leos Janácek ideal; no fue sólo una cuestión de idiomatismo, sino también de convicción y entrega poética. El cierre de la velada fue la brillante y cachondona pieza “Una boda en las Orkney, con puesta de sol” del británico Peter Maxwell-Davies; después de la borrachera divertidísima de los invitados a la boda, que la orquesta tradujo a la perfección, la concurrencia se quedó perpleja al ver cruzar por el patio de butacas a un gaitero escocés ataviado de gala, tocando a todo trapo su instrumento, hasta colocarse en un lateral de la orquesta y fundirse con ella para dibujar una fabulosa y patriótica puesta de sol.

Lorenzo Palomo

La Universidad Politécnica, curiosamente más sensible a las Humanidades a pesar de dedicarse a las disciplinas técnicas, no ha recortado su ciclo este año (toquemos madera). Lo ha inaugurado con el habitual concierto homenaje al profesor Severo Ochoa, que este año ha estado dedicado al hermanamiento cultural entre las dos “capitales del oso” europeas: Madrid y Berlín. Por eso se ha reunido la orquesta que auspicia la Sociedad Filarmónica Madrid Berlín, que dirige el oboe Ricardo Gassent y que integra instrumentistas de ambas ciudades. Bajo la dirección del granadino Miguel Ángel Gómez Martínez, a quien se ve muy poco por el solar patrio en los últimos años, se ofreció el estreno mundial de la obra compuesta para la ocasión “El amor de los dos ositos”, una especie de cuento-cantata para dos solistas vocales y orquesta, con parte destacada de oboe, compuesta por el cordobés afincado en Berlín Lorenzo Palomo sobre texto del poeta Carlos Murciano; una obra blandita, tonal y muy asumible; simpática, pero demasiado larga para el objeto que trataba y para la ocasión en que se daba. Sobre todo porque, antes, se había tocado “El amor brujo” de Falla al completo –con la un tanto insufrible cantaora Ginesa Ortega cantando con micrófono–; y la comparanza entre las obras de ambos compositores españoles es un tanto injusta para el maestro Palomo. Coronó el concierto la Sinfonía nº 7 en La mayor de Beethoven, en una interpretación que empezó un tanto renqueante pero que fue a más hacia el final, resintiéndose toda ella de falta de cuerpo en la cuerda grave.

Roger Norrington

La Universidad Autónoma ha comenzado su Ciclo de Grandes Autores e Intérpretes de la Música de este año con la propuesta de más peso sonoro de su atípica temporada: una orquesta de neto corte germánico, la Sinfónica de la Radio de Stuttgart, y un polémico y genialoide maestro británico de fama internacional: Roger Norrington que, polémicas al margen, es un director interesante, y cada vez más en los últimos años. Pretende recuperar el “pure tone” que las orquestas perdieron a finales del XIX con la introducción del vibrato en las cuerdas. Y ese nuevo sonido sin vibrato lo mismo lo aplicó a la Sinfonía nº 103 en Mi bemol “Redoble de timbal” de Haydn –que dirigió con tempi poco contrastados que, no obstante le funcionaron muy bien (qué bellamente se apreciaron todos los detalles de las maderas en el Minué)– que a la Sinfonía nº 1 en Re mayor “Titán” de Mahler, que ocupó la segunda parte y que se tocó con el movimiento “Blumine” –que el propio autor descartó en la edición definitiva– incorporado en segundo lugar. Y en esta última obra, las cosas funcionaron menos bien; porque están muy bien las entelequias góticas éstas del “pure tone”, el vibrato y demás; pero tampoco sirve de mucho si tienes sin pulir y descontrolado a un metal grave de lo más indiscreto que desequilibra el conjunto (las numerosas intervenciones de la tuba fueron auténtico recital de flato). Pero, aun así, la orquesta es seria y de alto nivel, y parece encontrarse muy a gusto con su excéntrico titular, y tocó con entrega, resultando el concierto muy entretenido y disfrutable. De lujo el Preludio al acto III de “Lohengrin” de Wagner ofrecido como bis.