Crítica de libros

Ópera para dummies

(Por José Prieto Marugán)

Título: Ópera para dummies. Autores: David Pogue y Scott Speck. Traducción de Eduardo Brieva. Editorial: Granica, Barcelona, 2008. Nº de páginas: 332. ISBN: 978–84–8358–067–7.
Ópera para dummies

Como todos los libros de la colección (en esta web hemos comentado Guitarra para dummies y Mozart para dummies), Ópera para dummies es un acercamiento sencillo y distendido al mundo de la ópera, que por su carácter minoritario y en ocasiones elitista, parece más sofisticado de lo que en realidad es.

Lo han escrito David Pogue y Scott Speck. El primero, graduado en la Universidad de Yale en 1985, ha dirigido opereta en Broadway y es, además, un gurú de los ordenadores Macintosch, sobre los cuales ha escrito ocho libros. Es también arreglista y columnista, y hasta ha escrito novela. Scott Speck es, como su compañero, graduado por Yale y ha sido distinguido con varios importantes premios. Gracias a una beca Fulbright completó su formación en Berlín y ha dirigido diversas orquestas.

Opera para dummies se estructura en 15 capítulos, agrupados en cinco grandes apartados en los que se contempla la ópera desde diversos puntos de vista. A ellos se añaden tres apéndices: un pequeño glosario, una reducida cronología y una serie de recomendaciones para quienes se acercan por primera vez al mundo del bel canto.

El primer apartado (“La ópera desborda la vida misma”) se ocupa de los elementos básicos y las grandes generalidades: características del género, qué es el libreto, tipos de voces, detalles sobre las partituras y comentarios globales sobre la temática más habitual de las grandes óperas en un capítulo ingeniosamente titulado “El vicio funciona si es castigado”, en el que se llama la atención del primerizo sobre la cantidad de violencia, muerte, traiciones y asesinatos que aparecen en las óperas, todos los cuales son descubiertos y castigados, como es debido.

La segunda parte (“Historia de la ópera”) recuerda los orígenes más remotos en el teatro griego. Después se pasa revista a los distintos tipos y características del género en Italia, Francia, Inglaterra, Alemania, Rusia…a través de las biografías de sus principales autores.

Bajo el cinematográfico título de “Una noche en la ópera”, el tercer apartado ofrece consejos para asistir a uno de estos grandes espectáculos; desde cómo conseguir entradas a buen precio, hasta lo aconsejable de conocer el argumento (“las óperas son aburridas si uno no entiende lo que está pasando”, se puede leer en el libro). En este mismo apartado se comentan curiosidades sobre la manías de los cantantes, el funcionamiento del coro, del director de orquesta, del de escena… en un simpático cóctel de cosas diversas pero reales.

El apartado cuatro (“Guía de las óperas más populares del mundo”) lo forman el resumen argumental y no pocas curiosidades “desengrasantes” de 50 grandes óperas (desde Aida a Un baile de máscaras), a las que se añaden otros 24 que los autores identifican como “lo mejor del resto”. Es evidente que no todo el mundo estará de acuerdo con la selección, pero si no están todas las que son, es evidente que son todas las que están.

La quinta y última parte (“Los decálogos”) es un resumen, no exento de ironía, sobre el entorno operístico: cantantes, terminología y la explicación de algunas ideas equivocadas que suelen tener quienes no conocen la ópera.

El volumen está redactado con un lenguaje asequible, simpático y desenfadado. Es posible que los puristas y aficionaos más exigentes puedan considerar inconveniente esta forma de acercamiento a un género musical tan atractivo, pero nos parece que para una parte del público actual, especialmente el joven, resultará más atractivo que algunos sesudos volúmenes que por ahí circulan.

Para darle más atractivo, se incluyen una serie de iconos que llaman la atención del lector para destacar fragmentos especialmente atractivos (dúos, arias, coros…); para pasar por un experto en reuniones sociales; para ponerse en guardia ante los comentarios de los operófilos esnobs, o para recordar algún detalle de tipo histórico.

El único “pero” que hemos de poner es la ausencia de referencias a España, porque no es que falten nuestras óperas, sino porque ni siquiera están reseñados nuestros cantantes de primera fila, sin los cuales la interpretación de la ópera actual no se comprende.

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