Crítica de discos

Fauré: Obras para violonchelo y piano

(por Joaquim Zueras Navarro)

Gabriel Fauré, Cello Sonatas Nos. 1 and 2 (y siete piezas breves). Maria Kliegel, violonchelo / Nina Tichman, piano. Naxos 8.557889.
Fauré: Obras para violonchelo y piano

Gabriel Fauré (1845-1924) no fue un hombre excesivamente feliz. Tal vez por ello, en muchas de sus páginas asoma una leve aunque  persistente melancolía, en el ámbito de un lenguaje personal  inconfundible. Nació en Pamiers, cerca de Toulose. Desde niño mostró aptitudes para la música, por lo que sus padres, animados por un maestro, decidieron que ingresara en la Escuela Niedermeyer de París, en donde se hacía especial hincapié en todas las disciplinas relacionadas con la música sacra. Allí estudió durante once años. Más tarde confesó su escaso aprecio por las fugas de Bach, por el “arcaico” canto gregoriano y por la “rutinaria” armonía palestriniana. En 1865, tras concluir sus estudios, consigue la plaza de organista en la Basílica de St. Sauveur en Rennes, más de cuatro años que recordará como los más aburridos de su vida. En 1870 participa en la Guerra franco-prusiana y un año después regresa a París, siendo nombrado organista de St. Sulpice. Frecuenta los salones de Saint-Saëns, su antiguo profesor y ahora amigo, y los de Pauline Viardot. En 1877 obtiene el tan prestigioso como poco remunerado cargo de maestro de capilla de la Madeleine, en donde permanecerá casi veinte años. No faltaron los roces con los sacerdotes ni el desagrado por tener que enseñar música a los puericantores del coro, a los que llamaba “sus ocas”. Frutos de esta ocupación –“travaux de mercenaire”- son su hermosa Misa de Requiem, que reelaboró varias veces, y unos catorce interesantes motetes que nunca tuvo en mucha estima. Para complementar sus honorarios da clases particulares por todo París, una actividad que le parece enojosa. En esas fechas se compromete con Marianne, la hija de Pauline Viardot, un amor apasionado que no se verá finalmente correspondido, porque Marianne rompe su compromiso con Fauré antes de llegar al altar, lo que le sumió en una profunda tristeza. En 1883 se casa con Marie Fremiet, con la que tendrá dos hijos, Emmanuel y Philippe. Las relaciones irán deteriorándose por incompatibilidad de gustos y de temperamentos, hasta el punto de acabar carteándose para no verse. Mientras, no deja de componer, aunque piensa que su música es poco apreciada y, en ocasiones, rompe las partituras pasado un tiempo. Su estilo, en principio tardorromántico fue gradualmente adquiriendo un lenguaje más propio del siglo XX, con el uso frecuente de séptimas mayores, novenas y sutiles modulaciones, en una atmósfera impresionista que le aproxima en algunos momentos a Debussy y a Ravel. En 1906, poco después de sustituir a Massenet como profesor de composición, sucede a Théodore Dubois como director del Conservatorio de París, emprendiendo una labor de renovación que será contestada por los grupos más conservadores. A partir de 1909 surgen los problemas auditivos, una sordera al parecer genética que se agudiza, retirándose del Conservatorio en 1920. Falleció en 1924 de una neumonía.

De Fauré y su música, Pablo Batallán ha escrito: “De una formación impecable, dueño de unos recursos técnicos que le permiten expresar con una elegancia única unos sentimientos que pueden llegar a ser arrebatadores, sobre todo en su obra de cámara, que es donde mejor luce su extraña –y única- mezcla de espiritualidad y de sensualidad, de lírismo y de drama íntimo, pero discreto siempre”.

Este CD comprende sus obras para violonchelo y piano. La Sonata para violonchelo y piano op. 109 fue escrita en 1917 y dedicada al director y violonchelista Louis Hasselmans. El Allegro se abre con unas ásperas síncopas por parte del piano a las que el violonchelo opone un motivo más placentero y expresivo, en un clima de permanente tensión. El Andante es una cantinela conmovedora en su insistente desconsuelo. El Allegro commodo ofrece dos sujetos contrastados que, tras un ingenioso canon, terminan por unirse. La Sonata para violonchelo y piano op. 117 es una de sus ultimas composiciones, creada para Gérard Hekking y Alfred Cortot en 1921 para un concierto en la Societé Nationale. En el Allegro inicial, como en la primera sonata, abundan las síncopas que se agitan inquietantes entre las amplias frases del violonchelo. El Andante, de espíritu más solemne que trágico, fue en origen un canto fúnebre encargado para el centenario de la muerte de Napoleón. El Allegro vivo, de difícil ejecución, es oscuro en su rudeza, y su caráter interrogativo parece no encontrar solución hasta el acorde final. El disco se complementa con otras obras menos  complejas, pero en absoluto previsibles: La serena y contemplativa Elégie op. 24; Papillon op. 77, concebida como un alegre y etéreo movimiento perpetuo; la encantadora Berceuse, op. 16 que, como la lírica Après un rêve, op. 7/1 y la evocadora Siciliana op.78, ha alcanzado notable popularidad y merecido varias transcripciones; la ensoñadora Romance op.69 y la radiante Sérénade, op.98, dedicada a Pau Casals.

Las estadounidenses Maria Kliegel (violonchelo) y Nina Tichman (piano) dan sobradas pruebas de dominio instrumental, abordando tan arriesgadas sonatas con comodidad y eficacia, con un cuidado exquisito por el sonido resultante y una extraordinaria riqueza de matices dinámicos. La toma de sonido es óptima.

Escribir a Joaquim Zueras Navarro