Crítica de discos
Julio Gómez: obra sinfónica completa
(Por José Prieto Marugán)
Julio Gómez. Obra sinfónica completa. Orquesta de Córdoba. Director: José Luis Temes. Sello: Verso, Ref.: VRS 2046, distribuido por Diverdi. 2 Cd's, ducación: 75’28” + 59’08”. Grabación: Gran Teatro de Córdoba, marzo-abril, 2006.
La labor crítica proporciona, de vez en cuando, satisfacciones especiales pues ofrece oportunidad de escuchar obras o interpretaciones, que, de otro modo, no podría saborear. Este disco es un buen ejemplo, gracias a dos horas de muy buena música, firmadas por un autor importante que, sin embargo, no figura en los programas de nuestras orquestas con la frecuencia que debiera. Hay que agradecer, una vez más, a José Luis Temes su sensibilidad e interés por ofrecer música desconocida, considerando el gran trabajo de búsqueda, análisis y preparación que conlleva una empresa como ésta. No debe faltar nuestra felicitación a la Orquesta de Córdoba, a la empresa discográfica y a los patrocinadores (Sociedad Estatal de Conmemoraciones y Fundación Autor).
Julio Gómez García (Madrid, 1886-1973) se educó con su padre, Casimiro Gómez, con Emilio Serrano y con Tomás Bretón y, además de compositor, ejerció como crítico en El Liberal y como profesor del Conservatorio madrileño en los años 50 del pasado siglo. Por su clase pasaron personajes como González Acilu, Bernaola, García Abril y Ángel Arteaga. Julio, don Julio como se le llamaba por su calidad de profesor, fue un músico especialmente culto, en gran parte debido a su condición de Bibliotecario (lo fue del Conservatorio, de la Biblioteca Nacional y de la del Círculo de Bellas Artes) y a su licenciatura en Historia. Su obra, además de las once páginas sinfónicas contenidas en estos dos CD, abarca obras líricas (El Pelele, Los dengues, El Pilar de la Victoria, La deseada, Nocturno, La gloria del inventor), canciones de concierto (Seis poemas líricos de Juana de Ibarbourou, 1934) y música de cámara (Cuarteto plateresco, 1941).
La música aquí grabada fue escrita a lo largo de un largo período que se inicia en 1907 y concluye en 1944; podría decirse que Julio Gómez trabajó la formación sinfónica sin prisa alguna. En lo estético, las obras responden a muy distintas características, aunque siempre hay un denominador común: personalidad propia, dominio de la orquestación, preocupación por el color instrumental y solidez en los planteamientos y desarrollos.
Desde la primera obra, Intermezzo, de 1907, estrenada en el Conservatorio, se aprecia el dominio orquestal del madrileño. La Marcha española (1929)es un pasodoble de carácter sinfónico en la línea más ortodoxa del género. Égloga (1929), evocadora como corresponde a su título, responde a un neorromanticismo alejado del nacionalismo. Evocadora, misteriosa y descriptiva en la Canción árabe (1934), escrita como homenaje al maestro Arbós en su setenta cumpleaños. Algo menos gráfico resulta el poema sinfónico Maese Pérez, el organista (1940), inspirado en la narración becqueriana del mismo título y en el que aparecen algunos temas musicales muy conocidos, a modo de pinceladas sonoras que destacan la popularidad del suceso relatado. Página inicialmente de cámara, la Danza cortesana y scherzo fue escrita para cuarteto en 1941 y revisada para orquesta de cuerda seis años después; el resultado evidencia su origen camerístico. Gacela de Almonacid (1941) es otro poema sinfónico, de carácter árabe-andaluz, que evoca una noche de luna a orillas del Guadalquivir y que llama la atención por su depurada elegancia. Una romántica Balada (1920), y la música chispera y garbosa de El Pelele (1928), página procedente del teatro lírico del autor, son muestra de la versatilidad de su música. Por último, Un miragre vos direi (1944), la obra más tardía, fue escrita para un concurso convocado por la Academia de Alfonso X el Sabio y premiada, junto a Loores a María, de Conrado del Campo. En ella Julio Gómez recurre al recuerdo de la Cantiga 169 rodeándola de grandes ropajes instrumentales hasta convertirla en una interesante fantasía sinfónica
La obra más conocida es la Suite en La (1914), modesto título para una página en cuatro tiempos de unos veinte minutos de duración. Ambiente claramente nacionalista y popular; sabor andaluz en el grandioso “Preludio”, lirismo intenso en el “Intermedio”, luminosidad en la “Canción popular”, título del tercer movimiento, y apoteosis en la “Danza final” que cierra la Suite.
Volvemos a insistir en la extraordinaria labor de José Luis Temes en la difusión de nuestra música, tanto la más contemporánea como la de autores poco menos que olvidados. Al frente de la Orquesta cordobesa ofrece una dirección vibrante y eficaz, destacando planos sonoros, planteando con eficacia el juego interno de melodías y contrastes, sacando a la luz, en definitiva, una música nuestra que existe y que es buena, una música que debe figurar en los programas de nuestras orquestas y que puede dejarlas en muy buen lugar en las giras fuera de nuestro territorio. Escuchando algunas de las obras aquí grabadas queda en evidencia que hay alternativas al “Intermedio” de La boda de Luis Alonso, la “Jota” de La Dolores, al Concierto de Aranjuez o a los consabidos “amores brujos” y “sombreros de tres picos”.
La grabación contiene notas, en inglés y español, de José Luis Turina y Beatriz Martínez del Fresno, autora de un libro (Julio Gómez, ICCMU, 1999), básico para conocer la vida y obra del autor madrileño.


