Crítica de libros

La Música como medicina del alma

(Por Alicia Perris)

“La música es la forma sonora de la rosa.

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Éstas son, pues,

las heridas que cantan”.

 

La Música como medicina del alma. June Boyce-Tillman.Traducción de Verónica Canales. Editorial Paidós. Barcelona, 2003. ISBN: 84-493-1417-8.
La Música como medicina del alma

Precioso libro éste, revelador, poético, diferente. Muy lejos del clásico resumen de autoayuda tan presente en las librerías, que se lee con rapidez y se olvida de la misma manera, su autora pretende mostrar todo un universo de creación y bienestar cuyo común denominador es la música.

Un hilo conductor dirige la obra a través de la antropología, la filosofía, la danza, la psicología y la musicología, para valorar las distintas aportaciones (algunas casi desconocidas) de orientaciones terapéuticas en sociedades que a veces resultan lejanas, ausentes, en la construcción que los occidentales hacemos del mundo en el que vivimos.

De la figura del chamán, de la práctica musical del New Age, la musicoterapia, la utilización de la medicina en la cultura occidental, se pasa al examen de la función del arte en la salud, la educación, la vida y la trascendencia en las comunidades humanas.

June Boyce-Tillman estudió música en el College de St. Hughis, en Oxford y también en Winchester, Inglaterra. Dirigió proyectos de tipo intercultural y forma parte de los estudiosos que “traducen” la música litúrgica, además de ser fundadora de la Hildegard Network, entidad que favorece la unificación de los campos de la curación, de las artes y la teología. Paul Robertson, que escribió el prólogo de este libro, expresó: “mediante la hábil orquestación de la mitología antigua y la narración tradicional con la experiencia personal y académica, la autora ha creado una obra tan atractiva como apasionante tanto para el lector lego como para el músico profesional”. El libro cuenta además con una extensa y cuidada bibliografía, un apéndice sobre actividades musicales, otro sobre direcciones de interés y dos índices, uno analítico y otro de nombres.

Detrás de todo el planteamiento de la obra, la concepción de “la música como medicina del alma”. Todos los que acudimos a este libro sentimos íntimamente que así es, aparte de los goces más o menos pasajeros que pueda descubrirnos la ejecución de un instrumento, el disfrute sonoro de una obra musical en casa o en una sala de conciertos, la composición, las canciones de cuna primigenias de la madre, el recuerdo de la música ligada a nuestras propias experiencias y ecos vitales, como la tan socorrida pero evocadora magdalena de Proust. Este es también un libro con un claro mensaje de esperanza, cuando recuerda que “la música puede contribuir tanto al aprendizaje como a la superación del sufrimiento”. Dice la autora: “en el interior de cada uno de nosotros hay un músico que intenta salir. Ese músico es nuestro sanador y potencialmente y a través de nosotros, del sanador de los demás. Este libro ha descrito la enfermedad como un desequilibrio, de la sociedad, del yo, del cosmos...Los desencuentros son las heridas personales, culturales y cósmicas. La música producida es una prueba del proceso de curación”.

Esta propuesta cuya columna vertebral es la música también como proceso terapéutico, rastrea capítulos que muchos de nosotros hemos transitado en nuestra vida. Habla por ejemplo, de las experiencias del Roy Hart Theatre, aquel grupo de teatro que, residía en Malérargues, en el Sur de Francia y fascinaba a sus alumnos de Madrid, cuando decía, sin ningún tipo de complejos, que la voz estaba directamente relacionada con el inconsciente. Y esto pasaba aquí, en los años ochenta. Y lo recuerdo, lo cuento, lo reconozco, porque también lo viví y porque en aquellos locos años de proyectos fui una de las alumnas del grupo Roy Hart, que propagaba otro lenguaje para la música, para el mensaje del cuerpo, para la voz humana. Ahora algunos de aquellos profetas divertidos, llenos de vida, medio filósofos-medio locos han muerto, pero sus enseñanzas siguen con nosotros, porque fueron pioneros, porque nos abrieron vías de experiencias y de conocimiento.

Esta obra de casi cuatrocientas páginas, con ilustraciones acertadas y austeras, es una reflexión y un desafío recomendable, para todo aquel que quiera adentrarse en el mundo de la música desde otra dimensión, la de la vivencia humana de regeneración y autorrealización, a mitad de camino entre las filosofías más variadas y el hálito vital que nos acerca, como humanos, a la morada lejana e inalcanzable de los dioses.

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