Crítica de discos
Recitales de Juan Diego Flórez y Erwin Schrott
(Por Carlos de Matesanz)
AA.VV: “Bel Canto Spectacular”. Juan Diego Flórez (tenor), Orquesta Comunidad Valencia. Director: Daniel Oren. DECCA 478 0135.
AA.VV: “Erwin Schrott”. Erwin Schrott (bajo), Orquesta Comunidad Valencia. Director: Riccardo Frizza. DECCA 478 0473.
Mucha expectación –como todo lo que él hace– ha despertado la aparición del último recital operístico del tenor peruano Juan Diego Flórez. Por un lado, los agoreros estaban ansiosos por constatar documentalmente (por aquello de la Schadenfreude) la decadencia irremisible del venerado divo por haber incorporado a su repertorio de tenor ligero papeles tan “pesadísimos” y destructores como el Duque de Mantua en Rigoletto (ya se sabe que hay gente que opina que Verdi jamás aprendió a escribir para las voces). Por otro lado, están los fans absolutos del cantante (los Florezidos y otros) dispuestos a venerar todo lo que salga de labios de su ídolo, aunque sea un estornudo.
Pues, en fin, y como suele ocurrir, ni pa’ unos, ni pa’ otros. O en todo caso, más para los otros que para los unos. Porque, desde luego, Flórez sigue estando vocalmente impoluto, frescote, bien timbrado y dando los sobreagudos (óigase la famosa aria de La hija del regimiento) sin problemas. Puede que haya notas atacadas con más dureza o agudos menos proyectados, menos sueltos; pero eso lo mismo puede ser un mínimo desgaste vocal que una indigestión por caracoles, vaya usted a saber. Si acaso pudieran ponérsele pegas a sus brillantes interpretaciones en este disco, serían las de que, abrumado por agendas, promociones, fans pesados, responsabilidades varias o lo que fuere, Flórez parece cantar con menos alegría –esa alegría contagiosa que nos cautivaba en sus primeros álbumes–, que puede traducirse en una interpretación algo más distante, menos entregada y, consiguientemente, en un fraseo menos variado. No obstante, el estilo –Rossini, Bellini y Donizetti– lo domina, es el suyo y lo sirve con sumo gusto.
Capítulo aparte merecen los acompañantes del divo: unos, impertinentes, como la soprano Anna Netrebko (en un dúo de I Puritani que sirve bien de voz pero sin enterarse demasiado de lo que Flórez le canta) o el barítono Mariusz Kwiecien, (que presenta una voz nada grata en una página de L’elisir d’amore); otros, pertinentes, como la competente Daniela Barcellona en un dúo de Il viaggio a Reims o la dulcísima Patricia Ciofi –alias “la Alca-Ciofi”–, que hace una deliciosa Linda di Chamounix y realmente dialoga con el tenor. Las páginas a solo de Flórez son todas de Donizetti e incluyen, además de la mencionada aria de los nueve Do de La figlia del reggimento –pues se canta en italiano– con un excelente Coro de la Generalitat Valenciana, el “Ange si pur” de La Favorite (porque ésta, en cambio, se canta en francés), la “Furtiva lagrima” de L’elisir d’amore, especialidad de la casa y servida con cadencias distintas a las de su primera grabación, y sendas arias de Linda di Chamounix y Lucrezia Borgia, tan magníficamente resueltas que nos hacen desear que el tenor se deje de extractos y grabe estas óperas completas.
Erwin Schrott, por contra, tiene aún un largo camino por delante hasta llegar a las cotas de excelencia de Flórez. Este joven bajo uruguayo tiene una bonita voz y una sólida preparación; si no, no sonaría tan homogéneo en toda la extensión de su amplio registro. Pero, de momento, no tiene nada más. A lo largo de las doce arias de Mozart, Verdi, Gounod, Berlioz y Meyerbeer no demuestra más que musicalidad y competencia, que no es poco, pero está escasito de variedad (tanto en el canto, como en la expresión, como en el estilo), volumen, personalidad y entrega.
Pero ¡un momento! ¿cómo que no tiene nada más? Claro que tiene: un palmito que ya lo quisieran para sí los concursantes de Gran Hermano. Está quesito, quesito. Y además, con morritos y ojazos; vamos, que el condenado es wapo, como se dice en la jerga del móvil. Y, amigos, esto en una carrera internacional, hace lo suyo. Cuando le vemos cantar –en el vídeo del DVD promocional, colgado también en su página web– comprendemos algunas de sus resoluciones canoras, basadas más en la seducción del gesto que del canto. Por tanto, tendremos que esperar a verle cantar en vivo para que nos entusiasme; de momento, no mucho. Sus Mozart son muy agradables, en ópera francesa tiene un pasar –a ver qué tal su Faust en el Palau de les Arts en Valencia– pero en Verdi, especialmente en Don Carlo, naufraga notablemente.
En ambos discos, el acompañamiento corre a cargo de una orquesta española recién nacida: la Orquesta de la Comunidad Valenciana que, con sus más y sus menos, suena óptimamente. Algunos accidentes en el disco de Flórez son, tal vez, más achacables a la dirección de Daniel Oren, que nunca fue el colmo del refinamiento, que a la propia agrupación, que parece rendir mejor en el álbum de Schrott bajo la dirección muy entonada de Riccardo Frizza.


