Nuestra Zarzuela
La Revoltosa
(Por José Prieto Marugán)
La Revoltosa. Sainete lírico en un acto y tres cuadros, en verso. Texto de José López Silva y Carlos Fernández-Shaw. Música de Ruperto Chapí. Estreno: 25 de noviembre de 1897, en el Teatro Apolo, de Madrid. Acción en Madrid, época del estreno
Personajes principales e intérpretes principales:
Mari Pepa, tiple o mezzosoprano (Isabel Brú)
Gorgonia, mujer de Cándido (Pilar Vidal)
Soledad, novia de Atenedoro, tiple cómica (Luisa Campos)
Encarna, esposa de Tiberio (Matilde Zapater)
Felipe, tenor o barítono (Emilio Mesejo)
Señor Candelas, encargado de la casa de vecinos (José Mesejo)
Atenedoro (José Ontiveros)
Cándido (Emilio Carreras)
Tiberio (Eliseo San Juan)
Chupitos, aprendiz con Cándido (Srta. Zavala)
Argumento
Patio de vecindad. Cándido, Felipe y Tiberio juegan al tute. Atenedoro templa una guitarra y Encarna y Soledad preparan los adornos y farolillos de la inminente verbena. El Sr. Candelas parece en escena pretendiendo acallar el alboroto del patio y recriminando su conducta a todos los vecinos: a los enviciados con el juego, a los seguidores de faldas ajenas... Tiberio está dispuesto a contestar el sermón, pero lo retienen. Cuando desaparece Candelas, cada uno reanuda su actividad. Al poco, Mari-Pepa sale de su cuarto lo que desata una cascada de piropos y requiebros en el patio. La joven lo atraviesa garbosamente y cuando desaparece, los hombres quedan a merced de las furias de sus mujeres. Al ruido aparece, de nuevo, el Sr. Candelas a quien Gorgonia incita para que -en su calidad de encargado- restablezca el orden y la moral en la comunidad.
Al regresar Mari-Pepa, el Sr. Candelas trata de cumplir con su obligación, pero la inteligencia y el palmito de la muchacha desvanecen sus argumentos. Gorgonia ha contemplado la escena -y enfurecida- está a punto de emprenderla con el encargado, más la intervención de Felipe aplaca la situación. Gorgonia, apoyándose en el joven Chupitos pone en marcha su plan: el muchacho irá avisando -uno por uno- a los galanes del patio, haciéndoles creer que Mari-Pepa les espera a las diez de la noche en su cuarto.
El patio queda vacío; todos se supone que han marchado a la verbena. Felipe sale a tomar el fresco y se encuentra con Mari-Pepa. Como ya es habitual discuten y se maldicen mutuamente aunque, en el fondo, están enamorados el uno del otro.
Van a dar las diez. Las mujeres regresan sigilosas de la verbena para contemplar los resultados de su estrategia. Al cabo, aparecen Candelas, Cándido, Atenedoro y Tibero, que no fueron a la verbena argumentando distintas excusas, ansiosos de ver en qué acaba su anhelada cita. Felipe, al darse cuenta de la situación cree culpable a Mari-Pepa, pero Gorgonia, en un arranque de nobleza, le cuenta la verdad: que la joven no tuvo nada que ver y que fue ella quien urdió la estratagema para "escarmentar a ciertos babosos". La consecuencia lógica y esperada, es que Felipe y Mari-Pepa, olvidando sus rencores, se miran a los ojos, se abrazan y se van a la verbena cogidos de la mano.
Comentario
En 2009 se cumplen los primeros cien años de la muerte de Ruperto Chapí, efemérides que se celebrará –al parecer- por todo lo alto, en gran parte porque el compositor alicantino fue, junto a Sinesio Delgado, creador de la actual Sociedad de Autores. En 2011 se alcanzará el primer centenario de la muerte de Carlos Fernández Shaw, uno de los grandes libretistas de nuestro teatro lírico, además de gran poeta. La efeméride de López Silva no llegará hasta el 2025, año todavía lejano, pero una y otra pasarán, probablemente, desapercibidas.
Resulta curioso constatar cómo las páginas de más neto corte localista son las que gozan de más prestigio y fama dentro y fuera de nuestras fronteras. Es un fenómeno que debía ser estudiado en profundidad. Para dar a la escena una obra como esta se reunieron tres nombres fundamentales en la parte creativa y un conjunto de intérpretes "históricos" del género. López Silva era de los libretistas más conocedores del casticismo barriobajero y popular madrileño. Fernández Shaw, por el contrario, respondía a las señas de identidad de un hombre culto y leído; universitario y conocedor profundo de los clásicos hispanos y extranjeros, dedicaba su tiempo, además, al cultivo –con gran éxito- de la poesía lírica. Llamó mucho la atención, en los mentideros de la Villa, que dos hombres tan dispares escribieran conjuntamente un libro de zarzuela. Chapí, ya lo hemos dicho en otras ocasiones, poseía un don natural y una prodigiosa facilidad para crear climas, definir personajes y delimitar situaciones Del resultado de esta colaboración -tan contrastante como efectiva- surgiría una Revoltosa que pusieron en pie la Brú, la Campos, la Vidal, los hermanos Mesejo, Carreras, Ontiveros y Sanjúan; la "plana mayor" de Apolo, conocedores como nadie del género.
En el estreno se pudo ver al conocido director de orquesta Luigi Mancinelli aplaudir como un poseso y el compositor francés Saint-Saëns que se encontraba entre el público del teatro de la calle de Alcalá, exclamó al oír el dúo de los protagonistas: "¿Es posible que llamen a esto en España, género chico? Quizá el francés no tuviera muy claro qué es eso de “género chico”, pero su comentario es prueba evidente de la grandeza de esta música.
La obra cautivó desde el primer instante. En La Ilustración Española y Americana se pudo leer: “El libro es un perfecto sainete, en el que los tipos representados por los personajes son humanos, quizá demasiado en algunas ocasiones, reales, vividos; en una palabra personajes de carne y hueso que todos reconocemos desde el primer instante”.
Apenas media docena de números musicales bastaron a Chapí para construir la partitura de este sainete, que, curiosamente, carece de romanzas como suele ser habitual; La revoltosa es una obra de conjunto, “coral” como se dice ahora.
El preludio llama la atención por su evidente carácter sinfónico, a pesar de tratarse de una pieza para un sainete; siguen unas brillantes seguidillas (“Al pie de tu ventana”) que comienza a dibujar el carácter popular de la composición. Llama la atención un cuarteto cómico a cargo de la protagonista y sus tres pelmazos admiradores. Un “Intermedio y conjunto” (“Eso le pasa a los hombres”), aplaudido en el estreno, da paso a las célebres “guajiras” (“Cuando clava mi moreno”), que levantaron de sus asientos a los espectadores de Apolo. Pero lo que verdaderamente les puso en pie fue el “Dúo” ente Felipe y Mari-Pepa (“¿Por qué de mis ojos los tuyos retiras?”), una de las paginas más atractivas de toda la zarzuela, de la que el mismo Saint-Saëns ya citado llego a decir que no le hubiera importado firmarla.


