Música y Filatelia
Villancicos
(Por Juan Franco Crespo)
Los villancicos son canciones populares, básicamente de connotación religiosa que se cantan especialmente en el período navideño y año nuevo; es un tema bastante recurrente en las emisiones postales, sobre todo de administraciones de la Commonwealth que suelen reproducir fragmentos o ilustraciones, frecuentemente ángeles o flores, en los signos de correo. En España fue una forma de poesía integrada por un estribillo que alterna con una o más estrofas (XV-XVI), aunque la forma se utilizaba ya en las cantigas del XIII y entronca con el sal hispano-árabe del XII. El repertorio incluía elementos cortesanos, populares y religiosos, siendo el último el más habitual en nuestros días, fruto, sobre todo, de las composiciones de los maestros de capilla que las preparaban para la Navidad.
Hoy nos detendremos en la serie que el correo de la isla de Man realizó para la Navidad (19 de octubre de 2007), centrados en el mundo de los ángeles cantores (tema que de pasada ya tocamos en nuestra primera colaboración de 'Música y Filatelia' con otros sellos navideños emitidos por Bélgica). La mayoría de las tradicionales canciones navideñas (Christmas Carols) del mundo anglosajón arrancan en la era victoriana, las primeras fueron piezas escritas por Charles Wesley (1707-1788), hermano de John Wesley, fundador de la rama homónima dentro de la corriente cristiana de los metodistas. Los himnos religiosos fueron radicalmente reformados en 1840 por el músico y cantante inglés William Hayman Cummings (nació en Sidbury el 22 de agosto de 1831 y murió en Londres el 6 de junio de 1915), administrador, erudito y cantante inglés, siendo niño cantó bajo la dirección de Mendelssohn y fue un destacado tenor de oratorio y profesor de canto en la Academia Real de Música; se inspiró, precisamente, en el legado de Wesley para la interpretación de una cantata realizada por el músico Félix Mendelssohn (1809-1847). Mendelssohn realizó su composición en honor de Johann Gutenberg, el inventor de la imprenta (aunque en el otro extremo del mundo -Corea-, en aquella época hacía años que se venía empleando la imprenta de tipos cambiables dentro de los recintos religiosos de su tiempo) que vino a revolucionar el papel del conocimiento y su prodigiosa multiplicación gracias al poder divulgador que acarreó la llegada de centenares de copias en tiempos cortos y expandió la Buena Nueva Bíblica a los más apartados rincones del orbe. Es ese sentido el que hay que darle a los villancicos en una época de recogimiento y familiaridad. Pero nosotros, sin querer, nos vamos al pensamiento de los amish, cuáqueros o menonitas que no quieren dejar entrar el progreso en sus hogares y continúan, contra viento y marea, manteniendo su forma de vida tradicional, pausada y tranquila que no deja de sorprendernos cuando nos los hemos encontrado por Chihuahua (México) o por la región del Chaco que comparten varios países del cono sur, aunque las colonias más importantes están en Paraguay.
El correo de Man nos sorprendió con cinco sellos en formato vertical autoadhesivo inspirados en los ángeles cantores, faciales de 28-31-69-78-124 peniques, impresos en hojas de veinte ejemplares según la perspectiva de la diseñadora local Julie Ashby Smith sobre papel Lowe Martin en litografía offset. La autora indica que para las alas se inspiró en los halcones que hay en el Parque de la vida salvaje.
Con esta emisión, el correo de esta isla situada entre el Reino Unido e Irlanda se decantaba, por primera vez, por el formato autoadhesivo que, dicho sea de paso, es una modalidad que ocasiona pérdidas irreparables en los sellos y no siempre se conservan con la viveza de los colores, pues pasado un tiempo pierden vistosidad. Problemas adicionales se nos presentan cuando tratamos de “lavarlos” (eliminar el papel al que fueron adheridos para pasarlos a su lugar en el álbum): el papel no se desprende con la suficiente calidad para que hacer el honor de integrarse en una colección. Dicen que es el progreso, pero dudamos que estos sellos modernos lleguen a tener la viveza mínima de los primeros sellos emitidos en el XIX (1840 fue cuando apareció el primer sello del mundo) aunque es cierto: es algo que nosotros no veremos.


