Ópera en Jerez

Un reto llamado Turandot

(Por Laura Domínguez Bello)

Turandot
Teatro Villamarta-Jerez, 23 de octubre de 2008. Temporada 2008-2009. Turandot. Drama lírico en tres actos. Música: Giacomo Puccini (Completada por Franco Alfano). Libreto: Giuseppe Adami y Renato Simoni a partir de la obra de Carlo Gozzi. Producción de la Fundación Camarín del Carmen y ópera de Colombia. Turandot: Elisabete Matos. Calaf: Carlos Moreno. Liù: Yolanda Auyanet. Timur: Rosendo Flores. Ping: Marco Moncloa. Pang: José Canales. Pong: Emilio Sánchez. Mandarín: Joaquín Segovia. Doncellas : Dolores Leal, Esperanza Gutiérrez, Inmaculada Perea. Mª Carmen Cordon. Orquesta Filarmónica de Málaga. Coro del Teatro Villamarta. Director Musical: Enrique Patrón de Rueda. Director de Escena: Alejandro Chacón. Escolanía: Los Trovadores.

El pasado 23 de octubre el teatro Villamarta de Jerez acogió en su decimotercera temporada la última e inacabada ópera de Puccini. Turandot fue la única ópera que Puccini recreó en un ambiente fantástico situando la historia en una China Legendaria y supone un paso más allá de la Butterfly ya que no sólo cita lo folklórico, sino que lo toma como base armónico-melódico intentando pintar lo más exactamente posible el color local. Puccini realizó una seria labor de análisis haciéndose de material y literatura al respecto, e incluso pidió al Museo Británico melodías originales chinas que recrea libremente en su obra. El resultado de todo esto fue una paleta sonora de colores nuevos con múltiples medios musicales, con tonos enteros, pentatonismo, polirritmos, sonidos de mixtura e instrumentación específicamente china con una percusión característica. El gran efecto de esta obra es innegable, por esta razón, cualquier producción de Turandot precisa de una riqueza escénica que pueda reforzar la trama y transmitir la fuerza que poseen sus personajes. Este carácter monumental no llegó a ser transmitido por la producción de la Fundación Camarín del Carmen y ópera de Colombia en el Villamarta que con una recreación un tanto pobre, tanto en escena como en vestuario, no logró estar a la altura de alguno de sus protagonistas. Este es el caso de Elisabete Matos, sin duda alguna lo mejor de la noche. Vocalmente el papel de Turandot se convierte en apto solamente para el registro de una soprano dramática que roce los límites de las graves heroínas wagnerianas como es el caso de la soprano portuguesa que, con una gran capacidad de proyección, supo encarnar a la perfección a la princesa de Hielo, resolviendo sin problema los frecuentes cambios de tesitura de la voz y la gran intensidad que exige ser mantenida, alcanzando sin dificultad los agudos de la aterradora aria In Questa Regia y dejando magnetizado al público con la gran potencia de su sonido. Sin embargo, en el plano interpretativo mantuvo una actitud demasiado fría hasta el final que hizo que fuese poco natural la transición del carácter del personaje tras la muerte de Liù.

Aún con buenas condiciones vocales, Carlos Moreno presentó un Calaf un tanto desigual, con un torrente de voz que no consiguió dominar en toda la ópera. La  falta de matización vocal, imprescindible en los diálogos que establece con Liù o Turandot,  unida a la falta de dinamismo escénico, le llevó a una interpretación muy estática y poco creíble que no logró convencer al público ni en la esperada “Nessun dorma”. Por el contrario, Yolanda Auyanet interpretó extraordinariamente al leit motiv dramático de la ópera, Liù, personaje que para Puccini supondrá la última de su galería de delicadas figuras femeninas. Con  un timbre claro y una exquisita musicalidad, la soprano lírica supo transmitir esa sensibilidad que exige el personaje, cautivando ya en el primer acto tras su Signore, Ascolta y conmoviendo al público en la escena de su sacrificio final sobre todo con la dulce frase Per non vederlo più,concluyendo muy bien la parte con el susurro del coro Liù, poesía que, respaldado con ese Mi bemol sobreagudo del piccollo, constituye lo último que Puccini escribió en la partitura.

Turandot en Jerez

Los tres ministros de Turandot, Ping, Pang y Pong, que Puccini introdujo en esta ópera procedentes de la tradición de la comedia dell’Arte, estuvieron muy bien representados por Marco Moncloa, José Canales y Emilio Sánchez. Simbolizando el elemento cómico-grotesco típico del estilo general del compositor, aprovecharon correctamente el espacio escénico, mostrándose como un trío muy bien ensamblado y, aunque vocalmente se apreciaron algunas fisuras entre ellos, hay que destacar la buena caracterización que le dieron al personaje. Por su parte, Rosendo Flores presentó un Timur correcto en consonancia con el resto de los solistas.

En el foso, la Orquesta Filarmónica de Málaga se encontró con varias dificultades. En primer lugar, la falta de espacio, que obligó a la percusión a situarse en un palco lateral separándose de este modo del resto de la orquesta. Teniendo en cuenta que Puccini introdujo en esta ópera (aparte de los recursos de percusión tradicionales)  una cantidad considerable de instrumentos de percusión exóticos como gongs, tams-tams, platillos chinos, etc., el hecho de que se situaran en uno de los palcos no solo provocó la falta de coordinación con el director, sino también el deslucimiento de los mismos. En segundo lugar, el apoyo de un grupo de metales fuera de escena  tampoco favoreció a la orquesta, produciéndose un desajuste de afinación entre ambos que ensombreció sin duda alguna la representación. Aún así, Enrique Patrón de Rueda supo defender la partitura buscando en cada momento el equilibrio entre todas las partes, consiguió sacar lo mejor del coro en los momentos más brillantes de su intervención y, aunque en algunos instantes se hubiesen agradecido unos tiempos más reposados, mostró un conocimiento profundo de la obra con un resultado final muy positivo que supo agradecer el público asistente en  este reto por parte de un modesto teatro como es el del Villamarta jerezano.