Crítica de discos
Belcanto en el sello Decca
(Por Carlos de Matesanz)
Bellini: “La Sonnambula”. Cecilia Bartoli (Amina), Juan Diego Flórez (Elvino), Ildebrando D’Arcangelo (Conde Rodolfo), Liliana Nikiteanu (Teresa), Gemma Bertagnoli (Lisa), Peter Kálmán (Alessio). Coro de la Ópera de Zurich y Orquesta La Scintilla. Director: Alessandro De Marchi. L’Oiseau Lyre – DECCA 478 1084 (2 CD).
AA.VV: “Giuramentto”. José Bros (tenor), Coro de la Comunidad y Orquesta Sinfónica de Madrid. Director: Friedrich Haider. DECCA.
Los responsables de Universal en España están (¿últimamente?) como un poquito imposibles: Javier Pouso vuelve a firmar la producción ejecutiva de un álbum que, si no tan catastrófico como el Miserere de Eslava publicado en Deutsche Grammophon, desperdicia la oportunidad de haber hecho un buen disco a mayor gloria de un cantante que lo merece: el tenor José Bros, un cantante entregado, con buenos medios y mejor técnica. Con poner el micrófono el 5 de octubre de 2007 en un concierto del Ciclo de Grandes Voces del Teatro Real les bastó. Es verdad que la toma de sonido no es tan rematadamente mala como aquélla, aunque la orquesta y el coro quedan muy en segundo plano y que la presentación es infinitamente mejor que la chapuza del Miserere.
Bros no tuvo mala noche, pero podía haberla tenido mejor: muy bien en el aria de Il Giuramento de Mercadante y en el A te, o cara de los Puritanos de Bellini con que comienza, se encuentra no sabemos si cansado o incómodo en Il pirata del mismo autor y en la Anna Bolena donizettiana, aunque los agudos –algo duros– le responden muy bien. Se repone en Il duca d’Alba y Roberto Devereux, también de Donizetti. En los bises está muy bien: Mattinata de Leoncavallo y la célebre aria de los nueve Do de La fille du regiment de Donizetti, en la que la voz –algo nasalizada– responde sin problema después de semejante programón. Grabar un solo concierto de estas características es jugársela, y la jugada no ha salido todo lo bien que Bros se merecería: grabado con más posibilidades, tendríamos un retrato deslumbrante de uno de nuestros mejores cantantes en la actualidad; así, sólo tenemos una de sus noches, y no la mejor.
Mientras, la central europea ha decidido la aventura de grabar en estudio una ópera completa; pero lo han hecho jugando lo más sobre seguro posible: título conocido (La Sonnambula, de Bellini), las dos máximas estrellas de la Decca (la mezzo Cecilia Bartoli y el tenor Juan Diego Flórez) y una cuidada producción (el producto, estéticamente, es precioso: dan ganas de comprarlo sólo por lo “potito” que es). Pero, además, hemos de decir que es una producción muy honesta, pues desmonta en el libreto el mito de que Bellini reescribiera esta obra para la voz más bien mezzosopranil de la Malibrán: lo que ésta hacía, y aquí repite su émula Bartoli (de ahí el hecho de que una mezzo “pueda” cantar el personaje de Amina), es cantar la partitura con el diapasón de la época (430 Hz, no 440), bajar de tono algunas escenas (se hace en tres, bastante amplias, pero debidamente señalizadas) y, sobre todo, eludir todos los agudos y barbaridades de lucimiento que Bellini NO compuso.
Así, sí: así la Bartoli “puede” con Amina. Pero muy poco. Puede que la Malibrán tuviese una tesitura similar a la suya, nadie le niega extensión a la simpática mezzo romana, pero lo que está claro es que la Malibrán no llegó a ser la reina del canto europeo con un volumen anémico como tiene la Bartoli, que canta para el cuello de su camisa, con el micrófono pegado a la glotis. La verdad es que, con añadidos o sin ellos, cuando este papel lo han cantado tantas voces no precisamente pequeñas –de la Callas a la Gruberova pasando por la Scotto o la Sutherland–, la recreación de la Bartoli, que además no está tan eléctrica como suele (aunque entiende muy bien el personaje y el estilo canoro), realmente sobra. Otro cantar es Flórez, que interpreta un papel que le viene como anillo al dedo con total solvencia, aunque no parece muy entregado. El bajo D’Arcangelo, que siempre tuvo bonita voz, tiene un pasar y los secundarios también. Alessandro de Marchi tiende a confundir tensión con ruido y la orquesta, de instrumentos “originales” (¿?), es propensa a ello; por suerte, esta ópera, tensión tiene poca.
Dejando al margen el referencial registro de Bonynge (Sutherland, Pavarotti, Ghiaurov, vaya tres), que, para más delito, está en el mismo sello, hay Aminas mejor cantadas (Callas, en EMI), representaciones más refinadas y sin tantas limitaciones (Gruberova, Bros, en Nightingale) y ediciones más económicas (Orgonasova, Giménez, en Naxos). Eso sí, ninguna viene presentada en un librito tan adorable como ésta. ¿Merece la pena?
Hombre, pues claro está que no.


