Crítica de discos

Tres artistas del sello amarillo

(Por Adolfo del Brezo)

Chopin: Los dos conciertos para piano. Lang Lang (piano), Wiener Philarmoniker, dir.: Zubin Mehta. Duración CD: 73'04 + Bonus DVD: 50'00. Deutsche Grammophon 00289 477 7982.
Brahms: Concierto para violín y orquesta op. 77; Doble concierto para violín y violonchelo op. 102. Vadim Repin (violín), Truls Mørk (violonchelo), Gewandhausorchester, dir.: Riccardo Chailly. Duración CD: 72'59. Deutsche Grammophon 00289 477 7470.
Songs my mother taught me. Canciones de Leoš Janáček, Antonín Dvořák, Erwin Schulhoff, Petr Eben, Jan Josef Rösler y Vítězslav Novák. Magdalena Kožená (mezzosoprano), Malcolm Martineau (piano), Michael Freimuth (guitarra). Duración CD: 70'04. Deutsche Grammophon 00289 477 6665.
Chopin: Los dos conciertos para piano

Frente al apogeo de los sellos discográficos independientes basados en el repertorio infrecuente o poco grabado, el sello Deutsche Grammophon prosigue su trayectoria con la misma filosofía de sus inicios, es decir, basándose en una muy cuidada elección de los artistas, aunque esto suponga volver una y otra vez a grabar el llamado gran repertorio. A tres grandes artistas nos referimos en esta reseña de tres recientes lanzamientos de este sello: el pianista chino Lang Lang y el violinista Vadim Repin enfrentándose al gran repertorio —Chopin y Brahms respectivamente—, y la mezzosoprano Magdalena Kožená en un original recital de canciones de su país natal.

Para ampliar sus perspectivas comerciales, Deutsche Grammophon ha puesto sus ojos en el floreciente mercado oriental, que busca captar gracias a figuras como la del talentoso pianista chino Lang Lang, quien nos ofrece su visión de los archigrabados conciertos para piano de Chopin en una apuesta arriesgada por lo difícil que resulta hoy en día decir algo nuevo con esta música. Lang Lang sortea los abundantes pasajes virtuosísticos de estos comprometidos conciertos con una facilidad pasmosa y nos ofrece un Chopin de prolijo rubato y sonido cristalino. Lo mejor de su interpretación lo encontramos en los movimientos lentos, fraseados con buen gusto y con algún que otro detalle de exquisita calidad, dentro de un concepto general algo almibarado. En la entrevista incluida en el cuadernillo del CD manifiesta Lang Lang que con esta grabación "quería explorar las posibilidades de la técnica del cantabile", objetivo logrado plenamente, especialmente en los dos movimientos lentos. En los dos conciertos chopinianos, la Wiener Philharmoniker bajo el mando de Zubin Mehta —protagonista en 1989 de una magnífica grabación con Murray Perahia y la Filarmónica de Israel— actúa perfectamente acoplada al intenso rubato del solista y fundiendo su colorido orquestal con el piano de cristal de este extraordinario pianista, que cae en una gestualidad algo excesiva en el bonus DVD que acompaña la edición.

Brahms: Concierto para violín y orquesta

Al contrario que los dos conciertos para piano de Chopin, soliloquios pianísticos con orquesta obligada, el concierto de Brahms para violín y el doble concierto para violín y violonchelo se podrían considerar casi sinfonías con solista obligado. Por lo que —pese al protagonismo mediático del violinista Vadim Repin acaparando la portada del disco— hay que comenzar refiriéndose al gran trabajo de Riccardo Chailly frente a la Gewandhausorchester, consiguiendo ese sonido verdaderamente brahmsiano tan raro de escuchar, un sonido denso pero que a la vez permite escuchar con claridad el complejo entramado polifónico de una textura en la que tanta música se esconde. La excelente toma de sonido ayuda a que no se pierda ningún detalle y podamos disfrutar de grandes versiones de estas obras en las que tanto el violinista ruso Vadim Repin como el violonchelista noruego Truls Mørk dan una lección de fraseo y belleza sonora con sus respectivos instrumentos, que consiguen integrar con auténtica maestría y madurez interpretativa en el rico entramado orquestal servido con sabiduría y sentido de la tradición bien entendida por Chailly y la Gewandhausorchester.

Songs my mother taught me

Magdalena Kožená en su álbum "Songs my mother taught me" se apunta con éxito a la buena costumbre de las mezzos de moda en ofrecer grabaciones recitales con canciones de sus respectivos países: Jennifer Larmore grabó canciones norteamericanas en "My native land", Anne Sofie Von Otter lo hizo por partida doble con canciones suecas en su álbumes "Wings in the Night" y "Watercolours", Cecilia Bartoli hizo lo propio con canciones italianas en “An italian songbook”, mientras que Bernarda Fink recientemente en el sello Harmonia Mundi nos ofreció su inevitable recital de canciones argentinas. Álbumes todos ello, por cierto, muy atractivos y recomendables. La Kožená ya había grabado con anterioridad un precioso álbum de "Love songs" checas de Leoš Janáček, Antonín Dvořák y Bohuslav Martinů, junto al pianista Graham Johnson. Ahora, bajo un título que alude a la influencia de la canción popular de la tierra natal en el lied, lo hace con canciones de Leoš Janáček (1854-1928), Antonín Dvořák (1841-1904), Erwin Schulhoff (1894-1942), Jan Josef Rösler (1771-1813) y Vítězslav Novák (1870-1949) junto al pianista Malcolm Martineau —uno de los más sólidos e interesantes acompañantes de la actualidad—, y junto al guitarrista Michael Freimuth en seis deliciosas canciones sobre poesía medieval de Petr Eben (1929-2007). Pese a echarse de menos algo más de implicación emocional en su canto, Magdalena Kožená muestra aquí una vez más su versatilidad interpretativa y el inteligente manejo de su instrumento para hacer frente a un repertorio muy alejado de lo habitual pero con calidad e interés más que suficiente para hacer muy recomendable este disco.

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