Nuestra Zarzuela
La Gran Vía
(Por José Prieto Marugán)
La Gran Vía. Revista madrileña cómico-lírica-fantástico-callejera en un acto y cinco cuadros. Texto de Felipe Pérez González. Música de Federico Chueca y Joaquín Valverde Durán. Estreno: 2 de julio de 1886, en el Teatro Felipe, de Madrid. Acción en Madrid, época del estreno
Personajes principales e intérpretes principales:
El Caballero de Gracia, barítono (Joaquín Manini)
La Menegilda y El Eliseo, soprano (Lucía Pastor)
Paseante en corte, actor (Melchor Ramiro)
Rata primero, tenor cómico (José Mesejo)
Rata segundo, tenor cómico (Emilio Mesejo)
Rata tercero, barítono cómico (Julio Ruiz).
Argumento
En esta obra no puede hablarse propiamente de argumento, pues su desarrollo lo componen cinco cuadros aislados entre sí, cada uno de los cuales resulta un pequeño sainete.
Cuadro I. Calles y plazas. Las calles y plazas se han citado en los salones de Doña Municipalidad para asistir al nacimiento de una Gran Vía. El Caballero de Gracia entona su presumida copla ante la presencia de las calles Mayor, Sevilla, Toledo, Peligros...
Cuadro II. Afueras de Madrid. La criada Menegilda se lamenta de la desgraciada situación del servicio doméstico, para dejar paso a las peticiones de los barrios (las Injurias, Pacífico) y al famoso número de los Ratas en el que tres "chorizos" cuentan sus proezas hasta que son detenidos y encerrados por los guardias. Como es sabido, su encierro es muy provisional, pues salen de la jaula con mas facilidad que entraron.
Cuadro III. Puerta del Sol. La fuente se lamenta de su fatal destino: desaparecer; casi al tiempo, unos marineritos, representantes del Asilo Naval de Barcelona, cantan sus andanzas por la capital.
Cuadro IV. Travesía. En este cuadro se incluye el número del Elíseo, un baile de moda, que refleja el ambiente de la época. Tras aludir a la fiesta de los toros y a la política, llega el momento crucial: Don Comadrón anuncia el alumbramiento de la Gran Vía, para ¡el 30 de febrero! Ya se sabe que las cosas de palacio y del municipio….
Cuadro V. La Gran Vía. Grandiosa apoteosis en la que aparecen todos los personajes anteriores, desfilando por la escena al ritmo de una marcha que ejecuta la orquesta.
Comentario
Sobre el papel, La Gran Vía no debería ser la obra famosa internacionalmente que es. Veamos por qué. El tema y la intencionalidad, no pueden estar más circunscritos a una ciudad: Madrid y la crítica a sus problemas municipales. El libretista es un periodista al que se acusa de no elaborar suficientemente el texto, "manirroto en el despliegue de su trabajo" lo llama Fernández-Cid. Chueca no es compositor en el sentido completo de la palabra, no domina la técnica y tampoco le importa demasiado. Y Valverde resulta ser un instrumentador de ideas ajenas. Sin embargo La Gran Vía, es un producto cuya calidad ha trascendido nuestras fronteras. Y ello se debe, fundamentalmente a dos razones: la primera es que nuestros problemas particulares son demasiado comunes a otras gentes; aquello de "en todas partes cuecen habas". La segunda, musical estrictamente, es que cuando existe una inspiración rica y vibrante el resultado sonoro trasciende los límites tecnicistas y académicos.
El resultado práctico es que La Gran Vía ha sido traducida al italiano, al francés, al alemán, incluso al quechua, y representada en París, Roma, Nápoles, Francia, Inglaterra, Austria, Holanda, Dinamarca, Suecia, Noruega, Turquía, Rusia, USA, Japón y toda Hispanoamérica.
El proyecto urbanístico municipal pretendía abrir una avenida que descongestionara el centro de Madrid, eliminara encrucijadas y comunicada la zonas Este-Oeste, de modo similar a como se había hecho en París durante el Segundo Imperio. La primera idea fue redactada por el arquitecto Carlos Velasco en 1862; en 1898 José López Salaberry y Francisco Octavio Palacio, basándose en el trabajo de Velasco diseñaron el que sería el definitivo y que se aprobó en 1901. Pero las obras no comenzaron, con la presencia de Alfonso XIII hasta 1910, es decir casi 25 años después del estreno de La Gran Vía teatral. El trabajo suponía el derribo de 319 casas, la reforma de 35 calles y la desaparición de otras 15.
La Gan Vía tuvo un éxito inesperado para todos. Su duración estaba calculada para hora y media, pero se extendió hasta cuatro horas, porque todos los números musicales se repitieron dos y tres veces.
Ya desde el primer número “Polca de las calles”, entonado por un simpático coro de tiples, crítico con la municipalidad, los aplausos llenaron el teatro provisional del Paseo del Prado. Vino después el "Vals del Caballero de Gracia", imagen satírica de ciertas modas cursis imperantes en algunos estamentos sociales. Como contraste, un número de impacto que se convertiría en verdadero himno de criadas y mozas de servir, el "Tango de la Menegilda". El éxito de este número levantó suspicacias entre algunas damas de la alta burguesía que protestaron porque la Menegilda, la criada, no tuviera una réplica; meses después los autores incorporaron un número “Tango de doña Virtudes”, con la misma música, pero con un texto que empezaba así:
Pobres amas,
las que tienen que sufrir
a estas "perras"
de criadas de servir!
La ovación para la Menegilda (como más tarde para las “señoras) fue también apoteósica, pero todavía quedaba por escuchar la “Jota de los ratas”, retrato de unos chorizos que resultan simpáticos porque son capaces de burlarse de los guardias. Tras ellos, la “Mazurca de los marineritos”, otro magnífico coro de tiples, y, para terminar, el “Chotis del Elíseo”, retrato chispero de un baile popular frecuentado por toda clase de gente y elegante como el que más.
La Gran Vía estuvo dos años consecutivos en cartel alternándose entre los teatros Felipe, Apolo y de nuevo Felipe, y de vez en cuando fue enriquecida con nuevos números musicales. El 25 de septiembre de 1886 se incorporó el “Tango de doña Virtudes”, el 10 de febrero del año siguiente, al alcanzarse la 400 representación se sustituyó el III cuadro (La puerta del Sol) por otro titulado “En la calle de Alcalá” incorporándose el “Vals de la seguridad”, en la que unos chulos se ríen de la autoridad, y el “Pasodoble de los sargentos”, convertidos en simples escribientes. Por último, el 2 de julio de 1887, al llegar a la 570 representación y volver al Teatro Felipe, se cambió el cuadro de la calle de Alcalá, por otro titulado “Bazar de juguete”, que también tenia un nuevo número musical.


