Ópera en Madrid

Janáček pasado por agua en el Real

(Por Carlos de Matesanz)

Katia Kabanová
23 de diciembre de 2008, 20:00 h. Temporada Lírica del Teatro Real. Leoš Janáček: “Katia Kabanová. Ópera en tres actos. Libreto del compositor, basado en La tormenta de Alexander Nikoláievich Ostrovski. Producción de la Vlaamse Opera de Amberes. Dirección musical: Jiri Belohlavek, Dirección de escena: Robert Carsen, Escenografía y figurines: Patrick Kinmonth, Iluminación: Peter van Praet.  Katia: Karita Mattila, Boris: Miroslav Dvorsky, Kabanicha: Julia Juon, Tichon: Guy de Mey, Dikoi: Oleg Bryjak, Varvara: Natascha Petrinsky, Kudriash: Gordon Gietz, Glasa: Itxaro Mentxaka, Feklusa: María José Suárez, Kuliguin: Marco Moncloa.
  29 de diciembre de 2008. 20’00 hrs. Conciertos en la Sala Gayarre. Leoš Janáček: “Diario de un desaparecido”. Ciclo de canciones sobre poemas de Ozef Kalda. Nueva producción del Teatro Real. Dirección de escena, escenografía y figurines: Michal Znaniecki, Iluminación: Bogumil Palewicz, Piano: Riccardo Bini. Janícek: José Manuel Montero, Zefka: Irina Zhytynska, Coro: Gloria A. Romero, Cecilia P. de Obaldía y Soraya Chávez.

Los halagos, unánimes e infinitos, dispensados a esta producción nos hacían esperar tanto, tanto que, al final, sin ser poco lo recibido, nos hemos quedado un poco mojados. Toda la superficie del escenario cubierta de agua es algo que genera unos efectos sorprendentes, sobre todo de luz, pero, la verdad, acaba por molestar. Sin embargo, hay que admitir que la estética no se impone al drama ni le resta protagonismo: la dirección escénica de Robert Carsen de esta “ópera rusa” de Janáček, vista probablemente por primera vez en Madrid, ha sido fidelísima a lo que se contaba, ha dibujado magníficamente los caracteres y ha desnudado la tragedia que la obra cuenta de cualquier pintoresquismo que pudiera distraernos de ella. Además, ha trabajado con los cantantes como auténticos actores, y éstos le han respondido como tales.

Katia Kabanová en el Real

La alabadísma Karita Mattila es, desde luego, un lujo para el papel titular de la obra que, merced a su dificultad dramática y su escaso lucimiento vocal, suele ser interpretado por cantantes-actrices flojas o ajadas de voz. Muy al contrario, la Mattila está en un momento vocal fantástico: maduro y redondo, el instrumento mantiene, no obstante, el volumen y la cremosidad de sus años mozos. Actoralmente, estuvo tan contenida como la dirección le exigía, pero a tan soberbia artista podía habérsele sacado todavía más. La cruel suegra estuvo perfectamente encarnada por Julia Juon, en plan Bette Davis en sus últimas películas, aunque vocalmente estuvo corta. También los tenores cumplieron mejor en lo actoral que en lo vocal; no deja de sorprender que un bufo especializado en canto barroco –Guy de Mey– se adaptase tan idóneamente a este repertorio. En los papeles más pequeños hay que destacar mucho a la “segunda pareja” –Varvara y Kudriash–, encarnada por dos voces, la mezzo Natascha Petrinsky y el tenor Gordon Gietz, jóvenes y frescas, muy bien manejadas. Los comprimarios españoles merecen un diez por su profesionalidad y entrega: ya no hace falta exportar checos para que estos pequeños papeles estén perfectamente cubiertos y hay que felicitarse por ello.

Pocos días después de concluidas las funciones de la ópera, el Real las complementó con una original propuesta: escenificar en la microsala Gayarre el fabuloso ciclo de canciones “Diario de un desaparecido”, del mismo Janáček, con un espectáculo sencillísimo pero totalmente acertado y efectivo. Añadiendo un movimiento de la Sonata 1.X.1905 del mismo autor al principio y otro al final, se le dio empaque musical a la obra, y con una breve introducción a cargo de dos actores que daban vida a los padres del tenor protagonista, se hacía lo propio con la parte dramática. Una dirección escénica ajustada, una iluminación muy poética y una escenografía sencillísima pero hermosa y eficaz hicieron el resto: una hora de teatro y música íntimamente fundidos que conmovieron a todos los presentes.

Musicalmente, el pianista Riccardo Bini estuvo a la altura del reto y acompañó expertamente al tenor Montero, que sustituía vocal –que no escénicamente– a Joan Cabero que, a su vez, tenía que sustituir, si no se lo impidiera una afección vocal, al inicialmente previsto Attila Kiss, que también tenía que haber cantado en la “Katia”. Solvente y guapísima la mezzo Irina Zhytynska, como la gitana que le roba el corazón al protagonista y a todos sus espectadores.

Fotografías cortesía del Teatro Real © 2008 by Javier del Real