Compositores
J. N. Lemmens y A. Guilmant: apuntes biográficos y discografía básica
(por Joaquim Zueras Navarro)
Quisiera con estas líneas rendir un sincero homenaje a quienes considero los padres de la Música romántica para órgano, que tantas satisfacciones nos proporciona, a la vez que confío de este modo contribuir a una divulgación más amplia de sus obras.
Jacques-Nicolas Lemmens, organista, profesor y compositor belga, ocupa un lugar clave entre dos épocas estilísticas en lo que al órgano se refiere: el final del barroco alemán y el inicio del romanticismo francés. Nace en 1823 en Zoerle-Pawjis, en la provincia de Amberes. Recibe pronto nociones musicales de su padre Jean-Baptiste, sacristán, organista y maestro de escuela en Zoerle. A los once años cursa órgano en Diest con Van den Broeck. En 1839 se inscribe en el Real Conservatorio de Bruselas, pero la enfermedad de su padre interrumpe su formación ese mismo año, trasladándose a Zoerle para suplirle. Poco después es nombrado organista de la iglesia de Saint-Sulpice en Diest, cargo que desempeñará durante poco más de un año.
En 1841 Lemmens vuelve a estudiar en el Conservatorio de Bruselas, en 1842 obtiene el primer premio de piano en la clase de Jean-Baptiste Michelot, en 1845 un primer premio de órgano en la clase de Chistian Friedrich Johann Girscher –primer profesor de órgano de este conservatorio- y otro primer premio de composición en la clase de François-Joseph Fétis. (La celebridad de Fétis, hoy poco recordado, se basa en sus esfuerzos pedagógicos, creando un conjunto de obras meritorias sobre la técnica musical. Entre sus publicaciones figuran las “Biographies universelles des musiciens”, todo un conjunto de reseñas sobre los músicos de su tiempo, y la “Science de l´organiste”, en la que reúne piezas de compositores desde el siglo XVI hasta el XIX. Sus ideas sobre armonía influyeron incluso a Liszt.
Fue un virtuoso en el dominio de la composición; sus obras, muy imaginativas, recogen distintos estilos como el eclesiástico, la ópera cómica y la herencia de Mozart y Beethoven, apuntando hacia un romanticismo discreto en la línea de Mendelssohn). Pese a las distinciones recibidas, siempre inquieto por ampliar sus conocimientos, en 1847 Lemmens se traslada a Breslau para recibir clases del conocido organista Adolf Hesse, profundizando en la tradición clásico-alemana de J. S. Bach, que, al igual que Joseph Gabriel Rheinberger, tendrá siempre presente y cuya música difundirá en Bélgica y Francia. En 1847 Lemmens gana el segundo lugar en el Prix de Rome belga por su cantata “Le Roi Lear”.
Un año más tarde publica sus primeras obras para órgano: “Dix improvisations dans le style sévère et chantant”; desde un principio reacciona contra el estilo pianístico y decadente, tan en boga en aquel momento. En 1849 es nombrado profesor de órgano en el Conservatorio de Bruselas, actividad que desempeñará durante veinte años, dando formación a numerosos organistas, entre ellos Alexandre Guilmant y Charles Marie Widor. En 1850 viaja a París, entablando estrechas relaciones con el constructor de órganos Aristide-Cavaillé Coll, quien quedó deslumbrado por la técnica de Lemmens; a partir de entonces concebirá un nuevo modo de componer, aprovechando las prestaciones del llamado órgano sinfónico, que marcará el futuro de estos instrumentos y las composiciones más apropiadas para obtener partido de sus recursos.
Durante los años siguientes se dará a conocer mediante sus conciertos en la Madeleine, Saint-Vicent-de Paul y Saint Eustache. Al mismo tiempo contribuye a la aparición del “Nouveau journal d´Orgue”, en el que se tratan aspectos técnicos y de acompañamiento del canto gregoriano; estos principios fueron más tarde aplicados en su método “École d´Orgue, basée sur le plain-chant romain”, publicado en 1862, del que se conocen diversas ediciones. En 1857, después de contraer matrimonio con la soprano inglesa Helen Sherrington, frecuenta Inglaterra con asiduidad, instalándose allí, en donde será ampliamente reconocido por su virtuosismo.
Quizás sintiera nostalgia de Bélgica, lo cierto es que en 1878 regresa y funda en Malinas la “École de musique religieuse”. En 1881 fallece a causa de una crisis cardiaca en su castillo de Linterpoort en Zemst. Lemmens desempeñó un papel esencial como pedagogo; su técnica, basada en la claridad y el legato –que implica el cambio de dedos sobre la misma tecla sin interrumpir el sonido- además de devolver a los pedales el rol de la cantabilidad, usando la punta y el tacón, liberándole de la limitada función de mero refuerzo de cadencias con el pie izquierdo, fue transmitida a Guilmant y a Widor, que a su vez la transmitieron a las generaciones siguientes, y es la que hoy se utiliza.
En el año 2004 realicé un exhaustivo rastreo acerca de las grabaciones sobre la música de Lemmens en disco compacto: Sólo encontré un CD dedicado por completo al compositor; se trata del disco “Lemmens Organ Works”, editado por MDG (Ref. 316 0975-2) e interpretado por Ben van Oosten, organista de probada solvencia, en la basílica neogótica de Notre-Dame de Laeken. En él podemos escuchar las Tres Sonatas pour Orgue de 1874, de estilo libre e imaginativo, utilizando una escritura contrapuntística bastante estricta. La primera, llamada “Pontifical”, destaca por su bellísimo Adagio y por la brillantez de su Marcha; en la segunda, bajo el título de “O Filii”, recrea este tema gregoriano en el Cantabile; sigue la mención gregoriana al final de la tercera “Pascale”, que contiene también un místico movimiento muy cautivador, con el nombre de Adoration. El resto de la selección está compuesto por un elegante Prélude en mi bémol majeur, la radiante Fanfare en ré majeur, un lírico Cantabile, la Prière, que con el registro de voz humana nos muestra uno de los sonidos más característicos de los órganos de la firma Pierre Schyven, organero que trabajaba para Merklin; y por último el exuberante Finale en ré majeur, en forma de toccata. El melómano paciente podrá encontrar obras de Lemmens en otros CDs que comparten repertorio con otros compositores.
Félix Alexandre Guilmant nace en 1837 en Boulogne-sur Mer (Francia). Recibe de su padre, organista de la iglesia de Saint-Nicolas, lecciones de piano, órgano y organería, con tan buenos resultados que a los doce años ya le reemplaza en su trabajo, a la vez que se inscribe en el Collège Mariette, en donde estudia armonía, fuga, contrapunto, órgano, piano, violín y violoncelo. En 1853, con 16 años, es nombrado organista de la iglesia de Saint-Joseph. Pronto entabla amistad con el organero Aristide Cavaillé-Coll que, viendo las cualidades del joven Alexandre, le permite frecuentar el taller y le encargará inaugurar numerosos órganos construidos por él. En 1860 viaja a Rouen para asistir a un concierto de Lemmens y queda impactado por su nueva técnica organística; de este encuentro mágico se derivará la resolución de estudiar con él en Bruselas. En 1862, utilizando sus primeras composiciones, comparte con C. Franck, Saint-Saëns, Bazille y Schmit el honor de inaugurar el nuevo gran órgano Cavaillé de Saint-Sulpice en París, con gran aceptación de la crítica. En 1868 inaugurará el nuevo gran órgano de la catedral de Notre-Dame, interpretando la “Marche funèbre et Chant séraphique op.17/3” a la memoria de su madre fallecida un año antes; es su obra más popular. Sus éxitos culminan con el nombramiento de organista titular de la iglesia de la Trinité en 1871. A partir de entonces adquirirá renombre internacional, tocando en Inglaterra, Escocia, Alemania, Austria, Hungría, España, Italia, Suecia, Bélgica, Holanda, Rusia, Canadá y Estados Unidos, participando en la Exposición Universal de Chicago y de San Luis. En esta ciudad fue invitado en 1904 para tocar en el órgano más grande del mundo en aquel momento –148 juegos, cinco teclados y pedales- construido por la firma californiana Murray Harris para la exposición. Al reconocimiento del público y del mundo musical –Profesor del Conservatorio de París, miembro del Royal College des organistes de Londres, miembro de las principales Asociaciones de organistas americanos, condecorado con la Légion d¨honneur...- contribuye su carácter sencillo, paciente y extremadamente bondadoso, así como a su toque infalible, su ausencia de gestualidad, su justa pulsación, su juego de pedales, su cantabilidad y su dominio del rubato.
Detengámonos ahora en el Palacio del Trocadero de París; de estilo oriental, fue construido en 1878 para la Exposición Universal frente al Palacio de Campo de Marte, donde once años más tarde debía levantarse la Torre Eiffel. Arístide Cavaillé-Coll fabricó un órgano de generosas proporciones, acorde con la gran sala del palacio que podía albergar a más de 5.000 personas (el primer órgano francés construido para una sala de conciertos). El 7 de agosto Guilmant tocó en el concierto de inauguración. Este órgano debía ser desmontado cuando el acontecimiento concluyera, pasando a ser propiedad del Estado, pero los conciertos prosiguieron durante años con una asistencia numerosa y asidua. En él interpretaba, además de sus obras e improvisaciones, piezas de Lemmens, Chauvet, Dubois, Thomas de Vibac, Franck, Vierne, Bach, Frescobaldi y los clásicos franceses; a otras obras se sumaba la orquesta, como en los conciertos de Handel, o para sus composiciones, que transcribía a órgano y orquesta para cada ocasión, e incluso intervenía el coro, como en las cantatas y oratorios de Bach.
Antes de cada audición, se daba una pequeña conferencia sobre las obras a escuchar; esta labor pedagógica contribuyó no poco a vencer la mala predisposición de los franceses respecto a la música del compositor sajón, a quien tildaban de complicado y poco placentero. En cuanto a la relación de Guilmant con el párroco de la Trinité, después de treinta años cumpliendo con sus obligaciones, dio un vuelco funesto: En 1900 Guilmant decidió que el instrumento precisaba una revisión exhaustiva, que se confiaría a Charles Mutin, sucesor de Cavaillé Coll. Pero los trabajos comenzaron durante una gira de Guilmant, en la que el sacerdote designó a Merklin, que presentó un presupuesto menos costoso. Lo cierto es que la restauración fue mediocre y Guilmant se indignó. Entonces el párroco acusó al organista de esperar de Mutin una buena comisión de haberle encargado el trabajo y, para empeorar las cosas, le dio a entender que tenía a otro organista esperando tomar plaza. Guilmant no pudo soportar esta acusación y dimitió en 1901. Hoy, al hecho de que un organista dimita no se le daría la menor importancia, pero en aquel tiempo su dimisión trascendió incluso a los periódicos, con titulares como el “scandale de la Trinité”.
Después de este contrariedad prosigue con su magisterio en el Conservatorio y en la Schola Cantorum, escuela religiosa que fundó en colaboración con Charles Bordes y Vicent d´Indy. A petición de Vierne, organista de Notre-Dame a quien suple en numerosas ocasiones, es nombrado “organista honoraire” y el Papa León XIII le nombra “Commandeur de L´Ordre de Saint-Grégoire”. Al comenzar el siglo Guilmant habita en Meudon, a cuatro kilómetros al sur de París. Adquiere una espaciosa mansión, decorada en estilo neogótico, en la que dispone una sala de música. Además de un piano de pared, otro de cola de la marca Erard y un armonio Mustel, hizo realidad el sueño de su vida: un órgano Mutin de 28 juegos, repartidos entre tres teclados y pedalier. En la Villa Guilmant da clases, se entrega a sus composiciones revisándolas para futuras ediciones y ofrece selectos conciertos privados, en los que no falta alguna transcripción de Wagner, compositor al que admira.
Guilmant perdió a su mujer, eficiente y cálida colaboradora en todos sus proyectos, en 1909. Se sumergió en una fuerte melancolía y falleció en 1911. Fue un compositor extraordinariamente prolífico. Las "Sonates pour orgue” es la obra más significativa; un número impresionante de obras para órgano solo están reunidas en diferentes recopilaciones: “Pièces dans diférents styles” (18 volúmenes), “L´Organiste Pratique” (12 volúmenes), “L´Organiste Liturgiste” (10 volúmenes), “Dix-huit Pièces Nouvelles”, “Sept Morceaux”, “Soixante Interludes dans la tonalité grégorienne”, “Noëls” (cuatro volúmenes), transcripciones, piezas para armonio, piano, música de cámara misas, motetes, y la sinfonía “Ariane”. A la muerte de Guilmant, sus composiciones, siempre sólidas e interesantes aunque poco innovadoras y en algunos casos algo pomposas, fueron orilladas por una nueva generación que utilizaba otro lenguaje expresivo.
Para adentrarse en las obras de este compositor tal vez no sea muy ortodoxo recomendar sus obras para órgano y orquesta; revisiones ulteriores de las propias composiciones para órgano solo, pero no cabe duda de que la riqueza de timbres y posibilidades que ofrece esta combinación resulta de un efecto espectacular. El sello Guild, bajo el desacertado título “Triunphal Music for Organ & Ochestra” (Ref. GMCD 7185 y 7187) y “Masterworks for Organ & Orchestra” (Ref. 7215) entre otros compositores da a conocer estas obras de Guilmant: Adoration, Allegro pour orgue et orchestre, Marche Fantaisie sur deux chantes d´eglesie, Meditation sur le Stabat Mater, Final a la Schumann sur un Noël Languedocien, Marche élégiaque pour orgue et orchestre, 2ème Marche funèbre pour orgue et orchestre, Symphonie nº1 pour orgue et orchestre (transcripción de la Primera Sonata para órgano solo) y Symphonie en La Majeur pour orgue et orchestre (transcripción de la Octava Sonata para órgano sólo).
El sello Naxos (Ref. 8.557614) aporta un repertorio muy seductor con una buena toma de sonido, constituido por dos movimientos de sus sonatas y 8 atractivas piezas extraídas de las colecciones anteriormente citadas, interpretadas en el colosal órgano de la All Saints Chapel en la Universidad de South, Sewanee, Tennessee. Destacan el Caprice in B flat major op.20/3, el melancólico Allegretto in B minor op.19/1 que contiene un contrastado diálogo entre los registros de oboe y clarinete, la magnífica elegía Lamentation in D menor op.45/1 y el brillante Scherzo Symphonique in C major op.55/2. Sus Sonates pour orgue puede ser que no atrapen al oyente desde un principio hasta que se familiariza con sus temas y el tratamiento utilizado; es entonces cuando descubre su genialidad y belleza. El sello MDG (Ref. 4340-42) ofrece la integral de las mismas, con Ben van Oosten en el Cavaillé-Coll de Saint-Ouen en Rouen. En breve reseñaré un disco aparecido recientemente del sello RICERCAR (Ref. RIC 267), interpretado por Joris Verdin en el órgano de la catedral de San Patricio en Dundalk (República de Irlanda).


