Crítica de discos

Sobre cómo empezaron Mozart y Ravel en el sello Linn

(Por Carlos de Matesanz)

Mozart: Serenata K. 185, Rondós K. 373 y 269, Adagio K. 261 y Divertimento K. 113. Orquesta de Cámara Escocesa. Concertino: Alexander Janicek. Linn CKD 287.
Ravel: Obra completa para piano, vol. 1. Artur Pizarro. Linn CKD 290.
Ravel: Obra completa para piano, vol. 1

En nuestro último número, al reseñar los segundos volúmenes de las Serenatas de Mozart por la Orquesta de Cámara Escocesa y de la música para piano de Ravel por Artur Pizarro, dejábamos entrever –con lo mucho que nos habían gustado las segundas partes– cuánto sentíamos no conocer las primeras. Y los chicos del sello Linn, sutiles ellos, han captado nuestro pesar y nos han enviado, cual Reyes Magos provenientes de Escocia, que es donde tiene su sede la discográfica, los dos discos que aquí reseñamos.

El envío nos ha hecho ilusión porque, tal y como comentamos en su momento, los sendos segundos volúmenes eran de muy alto nivel musical, excelente realización técnica y elegante presentación. Los primeros son también así: no esperábamos menos. Podríamos decir, en el caso del volumen 1 de la obra pianística raveliana, que es incluso más; no tanto por la interpretación, que mantiene un nivel igual al del volumen 2, cuanto por la música ofrecida, que es la más inspirada que el genial compositor francés compusiera para teclado solo: Juegos de Agua, Gaspard de la Nuit, Miroirs, Serenata Grotesca y La Valse. Son obras de considerable complejidad técnica y expresiva, pero, como dijimos a propósito del volumen 2, “el pianista lisboeta sabe cómo aligerar su pulsación potente y a veces dura, sabe cómo introducirse en el singular mundo del piano raveliano sin caer en empalgosidades y sabe también cómo invitarnos a seguirle en su viaje por estos pentagramas llenos de momentos sugerentes”. Fantástico en Juegos de Agua, que relaciona con los premonitorios Juegos de agua en la Villa d’Este de Liszt, Artur Pizarro está notable también en Miroirs (sobre todo en Una barca sobre el océano, se ve que le va la música acuática) y, por pedirle algo más –siempre se puede pedir más–, le pediríamos más profundidad en Le gibet y más misterio al comienzo de Scarbo, piezas ambas de Gaspard de la Nuit, y más sutileza rítmica en La Valse, que, no obstante, es tan brillante como podía esperarse de tan reputado virtuoso.

Mozart: Serenata K. 185, Rondós K. 373 y 269, Adagio K. 261 y Divertimento K. 113

En cuanto al Mozart de la Orquesta de Cámara Escocesa, que ya había demostrado que era de muchos quilates en sus anteriores grabaciones con sir Charles Mackerras –véase el doble compacto con las Sinfonías 38 a 41, también en el sello Linn (CKD 308), que es una auténtica gozada–; ahora, dirigidos por su concertino, Alexander Janicek, se comen literalmente la música de divertimento de Mozart. Como ya dijimos a propósito del volumen dos, ojalá sigan con ella y hagan una integral de esta música: eso sí que sería un auténtico regalo. El desparpajo, la gracia –ora cortesana, ora rural– y la naturalidad, basada probablemente en el considerable nivel técnico de los miembros de la agrupación, vienen de perlas a estas obras; especialmente a las dos largas del presente volumen: la Serenata Andretter K. 185 y el Divertimento en Mi bemol mayor K. 113. En las breves y en el tiempo lento de la Serenata, se luce Janicek como solista de violín, con un sonido homogéneo y terso. Sin complejos, sin perendengues historicistas, sin florituras añadidas, con un sonido robusto y sanote, brillante y efectivo, los chicos de la Scottish Chamber hacen un Mozart de primera calidad. Que sigan por ese camino y que nosotros podamos disfrutar de ello en muchos discos.