Crítica de libros
La Malibrán, pasión y muerte
(Por Alicia Perris)
La Malibrán. Pasión y muerte. Autora: Mara Malibrán. Editorial MR, novela histórica, 2008. Nº de páginas: 320. ISBN: 978-84-270-3493-8.
María Malibrán es una figura épica del mundo de la ópera. Feminista “avant la lettre”, su estampa se redimensiona con los años y conquista y seduce a personalidades de distintos ámbitos, que acuden a ella en busca de inspiración o incluso de explicación de su propia trayectoria vital. Con una vida muy breve, la Malibrán exploró todos los senderos del ser. El miedo al padre, el amor, la maternidad o el talento. Como se explica en el libro de referencia: “En esta biografía novelada, la gran soprano toma la pluma y se confiesa en un vano intento de exorcizar la muerte. Su personalidad vital, desbordante, nos sumerge en la intensidad de su corta pero apasionante vida: su infancia marcada por la personalidad intransigente de su padre, el tenor sevillano Manuel García, su primer amor, que cristaliza en un matrimonio desgraciado, la desazón que conlleva el ejercicio de su poderoso talento artístico…y como fondo, la Europa convulsa del Romanticismo, donde George Sand y la condesa de Merlin acompañan a María en esa revuelta permanente por hacer del mundo un lugar más justo para las mujeres”.
Mara Malibrán, la autora del libro, explica en su “nota de la autora”, que no tiene nada que ver con María, sino más bien con Eugène Malibrán, de quien tomó el apellido la soprano. Había sido su primer marido, pero tuvo hijos con el segundo, Charles Bériot. Por esta razón, la autora se relaciona genealógicamente con el primer marido de la cantante y no con ella misma. La que firma esta biografía, que nació en Girona, tiene una larga trayectoria en el periodismo de revistas femeninas- dirigió Elle, Vogue, Dunia y el Dominical XL Semanal, entre otras publicaciones. Actualmente es directora adjunta de la revista ¡Hola! Mara Malibrán coincide con muchas escritoras de nuevo cuño, que se enmarcan en la tradición de un apellido ilustre o conocido, para bucear con facilidad, en los antecedentes de su familia o de su historia. Es el caso por ejemplo, también, de Catalina de Habsburgo y su libro sobre Sissi, la Emperatriz Elizabeth de Austria. Y abundan.
La periodista escribe de su personaje: “El carácter indómito de María, su pasión por la música y ese destino trágico que cercenó de golpe su poderoso impulso vital, constituyen, pues, los auténticos lazos 'familiares' que me unen a ella y los que explican que me decidiera a tomar prestados los retazos de su apasionante vida ..”. El libro sobre la Malibrán, incursiona en bellas citas de autores de la época, rastrea personajes y situaciones, pero aporta muy poco a la visión etérea, casi mágica, que la cantante Cecilia Bartoli dibujó de Maria Malibrán en su gira por varios países, arrastrando un precioso libro-dvd con fotos y un trailer enorme con recuerdos de la famosa cantante. De ella dijo la mezzosoprano italiana: “era una mujer emancipada, políglota, dotada de un gran sentido del humor y de un carácter fascinante. Fue una artista completa, capaz de componer un aria de Donizetti, de hacer vibrar a los sones de un cante flamenco o de lanzar un 'joyel' tirolés”.
En efecto, la Malibrán tenía una técnica que sonaba perfecta: un tipo de voz que compartía con Giudita Pasta, de “soprano sfogato”, es decir, una capacidad vocal muy amplia. Lo suyo era la coloratura y pasaba sin esfuerzo por cambios de registros y evoluciones vocales con una soltura impresionante, que enamoraba al público. Y también a los compositores, que escribieron para ella las más hermosas partituras: Bellini, Rossini, Donizzetti. Ya la aclamada serie “Casa Ricordi” narró su violento y trágico final a caballo y la devoción que inspiraba a los músicos de su tiempo. Biografía escasamente musical ésta de la periodista de ¡Hola! y sí bastante edulcorada, algo errática pero entretenida.
Sin embargo la Malibrán, la verdadera, la que nos inspira emoción y un interés rendidos, se acerca más a la que imaginamos deslizándose por los salones y los teatros de la Europa del siglo XIX, fascinando a los públicos con una voz única y sorprendente, inundando los escenarios con su presencia y una vitalidad y una fuerza sin concesiones al desaliento. Ésa, ésa sigue intacta en nuestra imaginación, donde se fecunda con los pequeños objetos y el homenaje que Cecilia Bartoli ha ido recomponiendo para ella a lo largo de estos años y de sus actuaciones. Interesante a pesar de todo, el epitafio de Lamartine incluido en la biografía de Malibrán sobre Malibrán en el cementerio de Laeken: “Beauté, génie, amour furent son nom de femme écrit dans son regard, dans son coeur, dans sa voix. Sous trois formes au ciel appartenait cette âme. Pleurez, terre, et vous, cieux, acueillir-la trois fois”.


