Música y Filatelia
Cantantes de la ópera canadiense
(Por Juan Franco Crespo)
La ópera en Canadá arranca a finales del XVIII; hacia 1780 músicos y actores de teatro buscaron su propio público y produjeron las primeras óperas en suelo canadiense. El correo de este país quiso rendir homenaje a la lírica y lanzó cinco preciosos sellos que se emitieron combinados en minipliegos de diez ejemplares con el actual facial [tarifa básica nacional de 51 centavos], puestos en circulación con la primera representación de la temporada 2006/07: el 17 de octubre de 2006. El diseñador de estas bellas estampillas fue Paul Haslip (HM&E Design Communications, Toronto), Judith Lacerte, con la colaboración tipográfica de Alanna Cavanagh. Jugaron con las viñetas en las que incluyeron el cantante, el teatro en el que se consagró y algún utensilio y una caligrafía que nos hace ver cada sello con un acento “clásico”, impactante por su romanticismo.
Si tomamos la combinación desde el lado izquierdo de la hoja, encontramos a Maureen Forrester (Montreal, 25 de julio de 1930), la más pequeña de cuatro hermanos de origen humilde originarios del East-End montrealense. Su madre le inculcó la energía necesaria para que iniciara estudios de teoría musical y piano mientras actuaba en varios coros religiosos. Encontró el apoyo de Norman Warner (St. James) y Doris Killam (presbiteriana de Stanley); la formación de voz la realizó a los 16 años bajo la atenta mirada de Sally Martin que detectó su potencialidad. Tras finalizar la secundaria, se autofinanció su formación trabajando como secretaria y recepcionista en las oficinas de la Bell Telephone. A lo largo de su vida fue distinguida con 30 doctorados honorarios. Debutó a los 17 años y profesionalmente en el Coro Elgar-Montreal en diciembre de 1951. Entre otros, intervinieron en su formación, Frank Rowe, Bernard Diamant -sin duda el más influyente- y Michael Raucheisen (Berlín, 1955). A lo largo de su carrera interpretó obras de Bach (San Mateo), Beethoven (Novena Sinfonía), Brahms (Rapsodia), Handel (El Mesías), Mahler (La Resurrección), Scarlatti (Salve), etc. Algunos de sus papeles estelares fueron los de Orfeo (1962), Cornelia (Julio César, 1976), La bruja en Hansel y Gretel (1970), Ulrica en La bola enmascarada (1971), Carmen (1972), Señora Flora (1974 y 1977), La condesa de la reina de espadas (1976, 1979, 1990), etc. Contrajo matrimonio con el violinista Eugene Kash en 1957; separados en 1974, tuvieron cinco hijos. En 1960-1961-1963 actuó en el Festival Pau Casals en Puerto Rico. Impartió clases en las Universidades de Toronto (1971/72) y Alberta (1985), junto a otras prestigiosas instituciones en donde realizó numerosas actividades pedagógicas. Fiel a sus orígenes, cantó canciones canadienses a lo largo de toda su carrera; fue dirigida, entre otros, por Barbirolli, Beecham, Bernstein, Casals, von Karajan, Klemperer, Krips, Levine, MacMillan, Ozawa, Reiner, Sargent, Stokowski, Szell, Walter, etc. Todavía es recordada por los conciertos que solía realizar en la Plaza de las Artes de su ciudad natal. Una contralto incontestada que se convirtió en embajadora canadiense de la ópera y mundialmente reconocida como la gran dama de la canción lírica. En la cumbre de su carrera artística llegó a realizar 120 representaciones por temporada con las más grandes orquestas en escenarios de todo el mundo. A finales de los ochenta comenzó a incluir menos música contemporánea en su repertorio y en los 90 redujo considerablemente sus actuaciones en público (poco más de 50). Fue nombrada presidenta honoraria del año internacional de la música canadiense y durante toda su vida ha participado en actividades a favor de los más desfavorecidos. Es una de las pocas cantantes clásicas que figuran en el Salón de la Fama de Toronto (1990); el Festival de Stratford administra fondos donados por ella para favorecer la formación de jóvenes valores.
Raoul Jobin (Québec, 8 de abril de 1906 - 13 de enero de 1974) se representa junto al célebre Palais Garnier (París). Inició su formación en el distrito de St. Sauveur, zona en la que su padre regentaba una taberna; se convirtió en miembro del coro parroquial y solista durante toda una década. Sus primeras lecciones las recibió de Louis Gravel (1924-1928) con Emile Larochelle en la Universidad de Laval. Empleó también el nombre artístico de Josep Romeo y tras un exitoso concierto en Québec, marchó a París donde continuó sus estudios con la cantante d’Estainville-Rousset y Abby Chéreau (Instituto Gregoriano). Su excepcional voz llamó la atención de Henri Büsser, a la sazón director de la Ópera, que fue quien le preparó el camino para actuar en la Ópera de París y finalmente Jacques Rouché le extendió el contrato que le permitió actuar de manera inmediata en la ciudad del Sena. A comienzos de los treinta regresó a Québec pero ya sería una década que estaría en constante movimiento entre su ciudad y París, donde debutó, de manera oficial el 28 de mayo de 1930 con un oratorio del húngaro Liszt (Cristo) ejecutado en el Teatro de los Campos Elíseos. Fue también una sugerencia de Rouché la que le llevó a adoptar el nombre artístico de Raoul. El debut operístico lo realizó el 3 de julio en Romeo y Julieta; sus actuaciones se sucederían en Thais, El caballero de la rosa, Las troyanas y Rigoletto. En plena y exitosa carrera la enfermedad de su madre le hará regresar a su tierra, pero en 1934 ya estaba de nuevo con su público parisiense. Después seguirían representaciones en Burdeos, Lyon, Toulouse, Arlés, Marsella, Montpellier, Vichy, Orange, etc. El 6 de noviembre de 1937 da su salto a la Ópera Cómica y actúa en Holanda y en España. En septiembre del 39 salta a América del Sur y actúa en el Teatro Municipal de Río de Janeiro; el tenor logra una gran acogida por su excelencia en el denominado estilo francés. Poseedor de una excelente y timbrada voz, fue aplaudido por aficionados en escenarios de todo el mundo, especialmente de América, Africa del Norte y Europa. En la siguiente década actuó en San Francisco, Chicago, Los Ángeles, Cincinati, Filadelfia, Cleveland, Boston, Nueva Orleáns, etc. Las temporadas de verano las hacía en el cono sur: Buenos Aires, Río y finalmente México. Tras la II Guerra Mundial regresa a París el 16 de mayo de 1947 y consigue uno de sus más aplaudidos éxitos en el papel de Lohengring. El 12 de junio le tocó cantar la representación 2.500 de la celebradísima Carmen. Francia le retuvo hasta finales de los cincuenta. En 1957 iniciaría su actividad docente en el Conservatorio de Québec del que sería director entre 1961-1970. Está considerado uno de los mejores tenores francófonos de todos los tiempos. Entre 1970-1973 trabajó como consultor cultural para el gobierno canadiense. Un año después moría en Québec; fue enterrado en el cementerio de Notre Dame de Belmont (Saint Foy-Quebec). Entre otros honores, le nombraron Caballero de la Legión de Honor (Francia, 1951) y Camarada de la Orden del Canadá (1967).
Leopold Simoneau (Saint Flavian, 3 de mayo de 1916 - Victoria, 24 de agosto de 2006) y Pierrette Alaire conocieron la gloria en América del Norte y Europa. Entre sus primeros papeles de importancia está El barbero de Sevilla. En 1943 hizo el primer papel en una obra de Mozart en el Festival de Montreal donde se representó Las Bodas de Fígaro. El salto internacional será en la célebre Ópera Cómica de París. En la escena o en los conciertos, el timbre puro y cristalino de la soprano conquistó el corazón de los melómanos. Él fue un gran tenor y se le reconoció como el mejor intérprete mozartiano de su generación. También interpretó numerosas piezas francesas e italianas. Su fama se consolidó a su paso por los festivales de Aix-en-Provence y Glynbdebourne, donde interpretó los principales papeles reservados a un tenor: Octavio, Fernando, Tamino, Belmont e Idamante. En 1946 contrajeron matrimonio y tuvieron dos hijas (Isabelle y Chantal). En el XX Festival de París (1952) se consagró definitivamente con una histórica representación de Edipo Rey (Stravinsky). Al año siguiente debutaba en la célebre Scala de Milán y el público italiano se le rindió cuando interpretó a Don Giovanni (dirigido por von Karajan). Al éxito italiano le seguirían los de Viena, Londres, Salzburgo, Edimburgo y el famoso Teatro Colón de Buenos Aires. En los cincuenta grabó numerosas versiones, entre otras está el célebre Réquiem de Mozart (le dirigió Bruno Walter); otras piezas que destacaron en su repertorio fueron Los pescadores de perlas (Bizet) y El rapto del serrallo (Mozart). En 1970 se retiraron de los escenarios, él con El Mesías, era el 24 de noviembre, e iniciaron su actividad docente en el Canadá. En 1971 fue nombrado Oficial de la Orden del Canadá, Caballero en 1995 y de la Orden Nacional de Québec en 1997. Falleció de una complicación en su diabetes en agosto de 2006 en Victoria (Columbia Británica), en donde fijaron su residencia tras dejar la costa californiana. Está considerado uno de los cantantes canadienses más distinguidos del siglo XX y el especialista indiscutible del músico austriaco del que acabamos de celebrar el 250 aniversario. En 1982 fundan la Pequeña Ópera en Victoria y con ella tratará de formar a jóvenes promesas; en esta etapa educativa los encontraremos hasta 1988 que, ante la falta de apoyo oficial se ven obligados a dejar su actividad. Su semilla no quedó en el olvido y continuó ligado al mundo de la música hasta el último momento de su vida. Recibieron numerosos reconocimientos y contribuyeron a la expansión de la música clásica con su tarea educativa y mediante la aportación de artículos y traducciones en inglés y francés. Sin duda la radiodifusión pública canadiense ayudó a la expansión de la música clásica que también es transmitida a través de las emisiones de Radio Canadá Internacional por la onda corta.
Pierrette Alaire, nació el 9 de noviembre de 1921 en Montreal; formó pareja artística con su marido en numerosas representaciones y juntos actuaron en Romeo y Julieta, Vicente y Mireya, Antonio y María, Almaviva y Rosina, Alfredo y Violeta o la tantas veces aplaudida y grabada de Belmonte y Blondchen. Era hija de un gran maestro de coros de Montreal y de la cantante y actriz Amanda Plante con la que apareció en la célebre serie de la Familia Plouffe. Inició sus apariciones públicas siendo una niña, y fue en un programa radial (14 años) cuando comenzó a interpretar operetas líricas y variedades. Conoció al que sería su marido en el estudio de Salvador Issaurel. En 1943 marchó a Filadelfia en donde perfeccionó su voz gracias a la beca que le abrió las puertas del Instituto Curtis. Dos años después ya logró su primer trofeo de importancia en el mundo de la radio. En 1945 estrenó su primera obra en Nueva York: una producción de Verdi. En total el papel de Oscar lo hizo en 26 funciones realizadas entre 1945/48. También hizo de Olimpia (Hoffmann) y la sirvienta (Verdi). En 1949 llegará junto a su esposo a París y ambos se integrando en el elenco de la Ópera Cómica, destacando en los papeles de Lucía, Rosina y Olimpia. Su reputación fue en constante ascenso y junto a su marido sobresalió en los Festivales de Aix-en-Provence, Edimburgo, Glyndebourne, Viena, Salzburgo, Munich, etc. No perdió el contacto con Canadá y frecuentemente viajaba para preparar los programas de radio y algunos trabajos para la televisión. Al igual que su esposo, se despidió de los escenarios en 1970 cuando se trasladaron a San Francisco en donde enseñaron los secretos de la profesión a jóvenes promesas. En la actualidad, a pesar de su edad, dedica parte de su tiempo libre a trabajos en su comunidad. Los materiales grabados en solitario o con su marido nos aseguran poder disfrutar de una bella voz. Los críticos la bautizaron como “la unión vocal perfecta” y, en cierta medida, su matrimonio felizmente gestionado hasta los últimos días de Leopold, nos ha dado la talla moral de ambos personajes en un mundo donde las rupturas son bastante frecuentes. No olvidemos que a los celos personales deberíamos añadir los profesionales, pero fueron en todo momento una ejemplar pareja desde que en 1946 contrajeron matrimonio. También ella recibió reconocimientos oficiales, entre otros Oficial de la Orden (1967), Compañero (1995) y Caballero (1997).
Jon S. Vickers (Saskatchewan, 29 de octubre de 1926), fue un reconocido intérprete en el rol de Segismundo (Las Walkirias). Era vendedor en una quincallería; por su talento natural y de una energía sin límites, fue animado para que iniciara su carrera artística que llegó en 1950 cuando le concedieron una beca para estudiar ópera en Toronto bajo las órdenes de George Lambat. Su debut profesional lo haría seis años más tarde cuando interpretó el papel de José (Carmen), en Stratford (Ontario), un año después actuaba en el Covent Garden interpretando a Ricardo (Verdi) y allí continuaría apareciendo hasta 1969. En el célebre Festival de Bayreuth debutaría en 1958 en el papel de Segismundo (Las Walkirias) y en 1964 cantaba Parsifal. Su vida profesional se extendió durante una veintena de temporadas que le llevaron a escena en 225 ocasiones en el papel de 16 personajes; también representó en La Scala (Milán), Salzburgo, San Francisco y Chicago. Vickers se hizo famoso por la fidelidad con la que interpretaba sus personajes en alemán e italiano, hecho que le valió ser aclamado por los aficionados de esas áreas lingüísticas que disfrutaron de su voz que, junto a su marcado efecto dramático, acabó cautivando a todos los que seguían sus actuaciones, sobre todo cuando le tocaba adentrarse en papeles de personajes atormentados que le dieron interminables sesiones de aplausos. Su estilo personal quedó patente en los papeles de Eneas (Las troyanas), Radamés (Aida), Sansón (Andel), Florestán (Fidelio), etc. En el sello aparece con la inconfundible silueta de La Scala de Milán (Italia). Fue el sexto de ocho hermanos y en 1953 se casó con Henrietta Outerbridge con la que llegó a tener cinco hijos. Como otros grandes de la ópera canadiense, también se le concedieron honores oficiales, entre otros el nombramiento de compañero de la Orden del Canadá en 1968.
Edward Patrick Johnson, nació el 22 de agosto de 1878 en Guelph (Ontario). Era hijo de James Jonson y Margaret Jame; inició su actividad en el coro local de la parroquia de su ciudad y fue la contralto Edith Molinero la que le incitó a actuar en Nuevo York tras coincidir en el Festival de Stratford (1897). En la ciudad de los rascacielos estuvo perfeccionando sus estudios y su primera oportunidad la consiguió en 1904 cuando debutó en el célebre Carnegie Hall. Se convirtió en la estrella más cotizada de los Estados Unidos tras triunfar con un vals de Strauss en 1907. En la siguiente temporada debuta en París con una obra dirigida por Richard Barthélemy y en agosto de 1909 contrae matrimonio con Beatriz d’Arneiro en Londres, con la que tiene una hija a la que bautiza con el nombre de Florencia en 1910. Este año (enero) estrenó en el Teatro Verdi de Padua y el 20 de noviembre de 1919 iniciaba su gran temporada norteamericana que le lleva a la ópera de Chicago donde está varias temporadas en cartel. Fue otro de los grandes tenores del Metropolitan de Nueva York. Dotado de una robusta voz y un ardiente temperamento, cautivó a los aficionados en la primera mitad del XX. En 1935 abandona los escenarios e inicia su carrera como director de la ópera metropolitana, posición en la que se mantuvo hasta en 1950, cuando regresa a su ciudad natal y promueve también la formación de jóvenes talentos; también presidió el Conservatorio de Toronto. Los melómanos más viejos le recuerdan en sus papeles como Canio (I Pagliacci). Romeo (Romeo y Julieta) o Don José (Carmen) le catapultaron a la fama mundial; en el sello aparece junto al Metropolitan. La muerte le sobrevino de un ataque al corazón mientras atendía la representación del Ballet Clásico en el escenario de Guelph, era 1959. Tampoco le faltaron honores y doctorados, entre otras instituciones está la Universidad de Toronto que conserva toda su memorabilia, una escuela en su ciudad natal lleva su nombre desde 1955. Honores oficiales los obtuvo de los gobiernos de Canadá, Francia, Italia, Suecia y Brasil.
La impresión de esta emisión se realizó en litografía a once colores en papel producido en la Tullis Russell Coatings; el primer día fue realizado en Toronto. El matasellos está confeccionado con una rosa -que también está en el sello de Jobin-; se lanzó en hojitas de diez ejemplares (dos series por pliego combinadas verticalmente) y una tirada de tres millones de ejemplares. El último día de venta fue el 16 de octubre de 2007 cuando son retiradas las posibles existencias de las oficinas postales canadienses.


