Crítica de discos
Serpiente venenosa
(por Joaquim Zueras Navarro)
Serpiente venenosa, Música en las catedrales de Málaga y Cádiz en el siglo XVIII. Obras de Jaime Torrens, Juan Francés de Iribarren, Juan Domingo Vidal, Luis de Mendoza y Lagos, Francisco Delgado. María Espada, soprano. David Sagastume, alto. Orquesta Barroca de Sevilla. Coro Barroco de Andalucía. Diego Fasolis, director. Almaviva DS-0150. Distribuido por Diverdi.
La Orquesta Barroca de Sevilla tiene como objetivo la recuperación de la música española de los siglos XVII y XVIII que se encuentra en los archivos de nuestras catedrales y bibliotecas. Un trabajo enorme, tanto más que algunas obras se encuentran en un estado de conservación deficiente. Un número inmenso de composiciones que dieron lustre al culto, buscando conmover a sus asistentes, parte del cual se muestra ahora al melómano curioso para su disfrute. El disco que nos ocupa nos ofrece muestras de una expresión estilística que va desde el barroco tardío hasta el clasicismo italianizante, y del que se deduce que nuestros compositores estaban muy al día respecto a las nuevas corrientes musicales europeas.
El prolífico Juan Francés de Iribarren (1699-1767) nos ha dejado un impresionante legado que alcanza unas 904 obras. Organista en Salamanca durante 16 años, en 1733 pasó a desempeñar el cargo de maestro de capilla en la Catedral de Málaga. Aquí se recogen villancicos y cantadas en lengua castellana, en las que, en contraste con su obra en latín, adopta texturas más ligeras y melodías más diáfanas, de notable refinamiento vocal y una rica gama de combinaciones armónicas.
A Iribarren le sucedió en la Catedral de Málaga, en 1766, Jaime Torrents (1741-1803). Su producción comprende unas cincuenta obras en latín y 331 villancicos. En este CD podemos escuchar “Serpiente venenosa” en alusión al reptil que se representa a los pies de la Inmaculada Concepción en nuestra imaginería. De estilo galante, presenta un diseño melódico de motivos muy rítmicos, que se desenvuelven por medio de ingeniosas secuencias progresivas.
Juan Domingo Vidal (1735-1808) llegó a Cádiz en 1788 para ocupar la plaza de maestro de capilla de la Catedral gaditana, después de haber ejercido la misma función en la Colegiata del Salvador en Sevilla. Sus obras muestran rasgos barrocos junto a perfiles melódicos belcantistas. “El Kyrie” de la “Misa a 5 con violines” admira tanto por su extensión como por su complejidad contrapuntística. De menor envergadura, el salmo “Laudate pueri” contiene los versos pares del salmo, posiblemente para alternarlos con los impares del gregoriano, a pesar del carácter unitario de la pieza. El esmerado tratamiento vocal resulta seductor, airoso y elegante.
De la dilatada carrera de Luis Mendoza y Lagos (1718-1798), organista de la Catedral de Cádiz, sólo nos han llegado tres obras. Aquí se nos brinda la oportunidad de conocer el “Magnificat a 5”, procedente del archivo de la Colegiata de Jerez. Abundan las maneras barrocas, como la reiteración de los motivos rítmicos y atisbos de inestabilidad armónica, pero, como músico de transición, se evidencia una simplificación de la textura, al centrar la atención en la voz solista.
Francisco Delgado (1719-1792) fue nombrado organista de la Catedral de Cádiz en 1754. Sin duda no permaneció ajeno al estreno de Las Siete Palabras de Haydn en Cádiz y a las connotaciones estilísticas que comportaba la audición de este oratorio. No obstante, en su salmo “Crediri” participa de una evidente ampulosidad barroca.
La tensión estilística en el lenguaje de estos compositores, el desconocimiento de los mismos y el resultado brillante, fruto de la extraordinaria labor de Diego Fasolis, hacen que este disco resulte muy atractivo.


