Crítica de discos
Anna Netrebko: Souvenirs
(Por José Prieto Marugán)
Souvenirs. Obras de Kálmán, Heuberger, Lehár, Charpentier, Offenbach, R. Strauss, Grieg, Messager, Dvorák, Rimsky-Korsakov, Lloyd Weber, Hahn, Guastavino, Giménez, Arditi. Intérpretes: Anna Netrebko, soprano (Con E. Garanca, mezzo. P. Beczala, tenor. A. Swait, niño soprano.) Coro de la Filarmónica de Praga. Orquesa Filarmonía de Praga Director: Emmanuel Villaume. Sello–Refer: D.G. 477 7451 (CD + DVD Bonus). Duración: 62’13”. +12’11”. Grabación: Rudolfinum, Praga, Sala Dvorak, marzo, 2008.
Por las características de su voz: color, volumen, timbre, cuerpo, afinación… manejada con flexibilidad, Anna Netrebko, de origen ruso nacionalizada austríaca, es una de las grandes sopranos líricas de nuestro tiempo. Por su aspecto físico y la belleza de su rostro, es una cantante mediática, hecho bien aprovechado por la industria, como demuestra este disco –el cuarto grabado en solitario para la poderosa D.G.–, que se acompaña de un “bonus-DVD”, con momentos de la grabación y algunos comentarios del director y de la soprano, un póster y tres postales de una Netrebko glamurosa y primaveral, rodeada de flores, plumas, palomas y mariposas.
El repertorio grabado (18 canciones), es en general seductor, al tratarse de música de carácter suave, íntimo, de recuerdo y añoranzas. Quizá escapen a este carácter el primero de los temas (“Heia, in der Bergen”, de la opereta La princesa de las czardas, de Kálmán) y el popularísimo “Zapateado” de La tempranica, de Gerónimo Giménez, página extraña en esta relación. Sostiene la cantante que el hilo conductor de este disco son recuerdos de sus infancia, música que escuchaba en su niñez; no parece que haya otro. Tampoco tiene demasiada importancia porque de lo que aquí se trata es de disfrutar de una voz privilegiada y muy bien manejada.
En algunos de los temas, la Netrebko está acompañada por el Coro de la Filarmonía de Praga: en el ya citado “Heia…”, de Kalman, en la “Barcarola” de Los cuentos de Hoffman, de Offenbach, en “Schlof sche, mein Vögele”, canción tradicional judía, y en el “Pie Jesu”, del Réquiem de Andrew Lloyd Webber. Además, intervienen con ella la mezzosoprano Elina Granca, en la bellísima “Barcarola” de Hoffman ya citada, el tenor Piotr Beczala, en “Im chambre éparée”, de El baile de la ópera de Richard Heuberger, y el niño soprano en el “Pie Jesu”, también reseñado. Todos ellos dan la respuesta correspondiente al excelente nivel de la protagonista.
De todo el disco nos parecen destacables el primer y vibrante numero (la obra de Kálmán); la delicadeza y dulzura del segundo (la obra de Heuberger); el ambiente español a ritmo de pasodoble del “Meine Lippe, sie küssen so heiss”, de la opereta Giuditta, de Lehár; el lirismo de “Depuis le jour”, de la Luisa de Charpentier, y de la “Canción de Solveig”, del Peer Gynt, de Grieg; el misticismo contemplativo del “Wiegenlied”; de Richard Strauss, la nostalgia de la canción popular judía, y el sentimiento de “L’Enamourée”, de Hann. Mención aparte merece el “zapateado” de La tempranica, conocidísima página de nuestra zarzuela que recibe de la Netrebko una interpretación técnicamente correcta, pero algo falta de ese carácter particularísimo de mucha de nuestra música. Hay que decir que su pronunciación es correctísima y se la entiende bastante bien. La soprano está muy interesada en los idiomas y en este disco canta nada menos que en nueve.
La grabación, desde su aspecto técnico, resulta muy espectacular, demasiado incluso, porque la orquesta suena con un eco excesivo a nuestro juicio, y un sonido envolvente que no es habitual en discos clásicos. Seguramente esto ayuda a que algunos oyentes sientan el sonido “más presente”, idea que no compartimos.
El CD se acompaña de un folleto de 66 páginas con comentarios y los textos cantados; salvo la letra de las canciones de Guastavino y Giménez, nuestro idioma está ausente; toda la información se ofrece en inglés, francés y alemán. Y nos parece mal, porque el castellano es una de las lenguas más habladas del mundo, porque es idioma oficial en nuestro continente y porque nuestros compradores pagan en euros como cualquier hijo de Europa.


