Crítica de libros

Tomás Luis de Victoria

(Por José Prieto Marugán)

Título: Tomás Luis de Victoria, pasión por la música. Autor: Ana María Sabe Andreu. Editorial: Diputación Provincial de Ávila. Institución Gran Duque de Alba, 2008. Núm. de páginas: 368. ISBN: 978–84–96433-61-8.
Título: Tomás Luis de Victoria. Cartas (1582-1606). Autor: Alfonso de Vicente (Ed). Editorial: Fundación Caja Madrid. Los Siglos de Oro, Madrid, 2008. Núm. de páginas: 128. ISBN: 978–84–89471-40-5.
Tomás Luis de Victoria, pasión por la música

No es frecuente que nuestra música reciba, casi simultáneamente, dos publicaciones de importancia sobre uno de nuestros músicos, mucho menos si no se cumple de él algún aniversario. Si este músico es un polifonista del siglo XVI-XVII y autor solamente de obras religiosas, la circunstancia es mucho más extraña. Por esta razón, nuestra primera idea es felicitarnos por estos dos nuevos libros y agradecerlos a quienes lo han hecho posible: autores, editores y patrocinadores.

El sacerdote y compositor abulense Tomás Luis de Victoria es uno de los más grandes compositores de nuestra historia. La frase no tiene nada de exageración aunque su música no sea de conocimiento general. La razón es que Victoria fue un compositor a caballo entre el siglo XVI y el XVII pues nació en Ávila en 1548 (año aportado como definitivo por Ana María Sabe en la biografía que comentamos), y murió en Madrid en 1611, sólo escribió música religiosa y prácticamente polifonía. No son ingredientes que conviertan la música en popular. Sin embargo, este sacerdote que llegó al arte de los sonidos porque “un impulso natural le había llegado al cultivo de la música y sólo de la religiosa”, según sus propias palabras, está hoy reconocido como el más grande polifonista de todos los tiempos, para algunos (Felipe Pedrell entre ellos) por encima, incluso, de Palestrina.

Se formó en Ávila y allí pasó los primeros 17 años de su vida. En 1565 llegó a Roma, ya curtido en habilidades musicales y en la Ciudad Eterna vivió más de veinte años; en ella conoció a los músicos más reputados de su tiempo y mantuvo especial contacto con los españoles Bartolomé Escobedo y Cristóbal de Morales. Durante su estancia en Roma perteneció –primero como cantor y más tarde como maestro de capilla– al Collegium Germanicum, ejerció como sacerdote en una parroquia y conoció a personajes como Felipe Neri, que habría de llegar al santoral. En 1594, ya en Madrid, entró al servicio de la Emperatriz María de Austria como capellán y ejerció sus dos ministerios –el sacerdotal y el musical- en el Convento de las Descalzas.

Su música la forman ocho volúmenes que contienen Misas, Motetes, Himnos, Canciones y unos impresionantes Oficios de Semana Santa. Merecen recordarse también su Oficio de difuntos, Misa de Victoria y muchas obras dedicadas a la Virgen, por la que sentía especial devoción (es posible que su obra más escuchada sea, precisamente, su Ave María).

El primero de los libros que reseñamos es un extraordinario estudio sobre la vida y obra de este singular compositor que siempre añadía a su nombre el adjetivo “abulense” para dejar claro su origen. Es la biografía actualizada a la luz de las nuevas investigaciones realizadas sobre el personaje, además de recopilar los grandes e importantes trabajos sobre el músico castellano aparecidos en los siglos XIX y XX, que eran, hasta ahora, la única información disponible.

Sus casi cuatrocientas páginas se estructuran en tres grandes capítulos que responden a las ciudades y épocas en que se desarrolló la vida del músico: Ávila (1548-1565), Roma (1565-1585) y Madrid (1585-1611); en las dos últimos se comentan las obras correspondientes. Como apéndices se ofrecen una extensa bibliografía, las dedicatorias de sus libros (en latín y su traducción al castellano realizada por Luis González Platón), le reseña de las ediciones de sus obras, una cronología victoriana y una selección discográfica comentada.

Tomás Luis de Victoria. Cartas

El segundo de los libros se circunscribe a la publicación de las once cartas que se conservan de Victoria, reunidas en un único volumen. A partir de estos documentos y de las dedicatorias de sus obras, los estudiosos del compositor abulense han podido deducir mucha y muy importante información sobre él y sobre su música. Cada carta está reproducida fotográficamente y de cada una se ofrece la correspondiente transcripción y un comentario de carácter histórico y musical.

El volumen va precedido de un interesante ensayo firmado por Alfonso de Vicente (responsable de la edición) sobre la relación de Victoria con Madrid en la tercera etapa de su vida; concretamente con el Convento de las Descalzas Reales, con la emperatriz María de Austria, de la que era capellán, con la Imprenta Real ,que publicó alguno de sus libros (entre ellos el Oficio de difuntos), su actividad como organista y su extraña relación con la Capilla Real.

Ambos volúmenes resultan complementarios y de obligado interés para quienes tengan interés por conocer la personalidad de uno de nuestros más grandes compositores.

Escribir a José Prieto Marugán