Ópera en Oviedo

El baile final

(Por Eugenia Fernández Tejón)

Un ballo in maschera

“Un ballo in maschera”. Intérpretes: Giuseppe Gipali (tenor, Riccardo), Ángel Ódena (barítono, Renato), Amarilli Nizza (Soprano, Amelia), Elena Manistina (mezzosoprano, Ulrica), Beatriz Díaz (soprano, Oscar), Enrique Sánchez Ramos (barítono, Silvano), Iván García (bajo, Samuel), Elia Todisco (bajo, Tom), Charles Dos Santos (tenor, un juez), Jorge Rodríguez Norton (tenor, sirviente de Amelia). Dirección de escena: Susana Gómez. Dirección musical: Paolo Arrivabeni. Coro de la Ópera de Oviedo. Orquesta Oviedo Filarmonía. Teatro Campoamor, 22 de Enero de 2009.

El pasado 22 de enero se clausuró la LXI Temporada de Ópera de Oviedo con la representación de Un ballo in maschera de Verdi, cuya escenografía corrió a cargo de la joven  ovetense Susana Gómez. Si bien hubiera sido más lógico reservar el broche final para alguno de los montajes más destacados como los de Robert Carsen o André Engel, es de destacar la intención de la organización por ser autosuficientes y ofrecer un producto local a la altura de los grandes festivales. Si de este modo, superándose cada año, se ha conseguido tener un coro excelente y dos agrupaciones orquestales de calidad sin salir de casa, por qué no hacerlo extensible al montaje completo, cuya escenografía, vestuario y decorados sean de producción propia, como en este caso. De momento el resultado fue bastante polémico y no consiguió materializar en escena lo que en principio eran buenas ideas. La ambientación contemporánea pretendida se desdibujó en un vestuario entre retro y futurista en absoluto actual y un decorado con alusiones al mundo de Warhol, según declaraciones de la escenógrafa,  que no se vio por ningún lado. La estilización conceptual resultó ser un conjunto de intenciones sin definir que nada aportaron al desarrollo musical. El público salió descontento y sin saber qué pensar de escenas que no comprendió y discutiendo sobre si Ulrica era una sospechosa practicadora de abortos o una comadrona que asiste partos sin dolor, quitando protagonismo a lo realmente importante que fue la fabulosa actuación de Elena Manistina en dicho papel. A los pasajes de danza que se insertaron en algunos momentos tampoco se les sacó el partido esperado en una ópera en la que tiene sentido potenciar el baile, además de por su escena final, por las claras influencias francesas de la partitura.

Independientemente de las divagaciones y originalidades de los escenógrafos, ya es una constante que las voces destaquen por su buen hacer. Además de la ya mencionada mezzo en el papel de Ulrica, que encajó perfecta con ese color oscuro y con garra de tradición rusa, llenando el escenario con su poderío vocal y escénico y con unos graves espectaculares, el resto de voces femeninas también fueron de nivel. La voz de la soprano Amarilli Nizza empezó a brillar a partir del Non sai tu del segundo acto, posiblemente el más acertado en la escena, sustituyendo el cerro solitario por un arrabal oscuro con atraco incluido, pero creíble y bien adaptado al libreto. En su papel de Amelia consiguió la expresividad requerida para un personaje con muchos matices, en esa transición de estilo de Verdi hacia una mayor continuidad dramática. Destacar el trabajo de la soprano asturiana Beatriz Díaz, muy metida en el personaje de Oscar y con una bello timbre que seguro le dará éxitos futuros en su carrera que ahora despunta.  No podemos decir lo mismo del tenor Giuseppe Gipali, que si bien no tuvo fallos en afinación, su voz careció de la proyección y el volumen suficiente, además de mostrar una total pasividad escénica. El barítono catalán Ángel Ódena puso todo de su parte por crear un personaje que debe mostrar dos caras, la de la fidelidad y lealtad a su rey y la que realmente hay tras la máscara de maldad y miedo al descrédito social. Tal profundidad sicológica hubiera necesitado un mayor control de proyección en la voz, demasiado efectista y algo ostentosa. La orquesta  Oviedo Filarmonía respondió una vez más con seguridad y acierto bajo la dirección del maestro Paolo Arrivabeni.

Desde el prestigio que le confiere ser una de las temporadas más antiguas y con más tradición de España, esperamos que el esfuerzo que en esta ciudad se hace por mantenerse al nivel de los grandes sea reconocido y recompensado algún día por quien corresponda, con el mismo trato y subvenciones recibidas por otros teatros y festivales de este país.

tografía cortesía de la Fundación Ópera de Oviedo © Carlospictures
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