Ópera en Bilbao
Carmen sin embrujo
(Por Otis B. Driftwood)
57 Temporada de Ópera de OLBE-ABAO. Palacio Euskalduna. Bilbao, 17 de Febrero de 2009.Carmen Opéra-comique en cuatro actos. Música: Georges Bizet. Libreto: Henri Meilhac y Ludovic Halévy, basado en la novela homónima de Prosper Mérimée. Estrenada en París, Opéra Comique el 3 de marzo de 1875.. Carmen: Natascha Petrinsky. Don José: Marco Berti. Micaëla: Latonia Moore. Escamillo: Teddy Tahu Rhodes. Le Dancaïre: Manel Esteve. Frasquita: Gladys Rossi. Mercédès: Nuria Lorenzo. Le Remendado: Jon Plazaola. Zuniga: Nicolas Testé. Moralès: Javier Galán. Producción Finnish National Opera. Director Musical: Patrick Davin. Director de Escena: Arnaud Bernard. Escenógrafo: Alessandro Camera. Figurinista: Carla Ricotti. Iluminador: Patrick Méeüs. Bilbao Orkestra Sinfonikoa. Coro de Ópera de Bilbao (Director: Boris Dujin). Coro del Conservatorio de la Sociedad Coral de Bilbao (Director: José Luis Ormazabal)
No sé si le sucederá a todo el mundo, pero, para mí, determinadas óperas -"Las bodas de Figaro", "Tristán e Isolda", "Otello" (sobre todo si cantan Renata Tebald y Mario del Monaco) y Carmen, serían algunas de ellas- tienen un intenso poder de evocación. No les voy a aburrir explicando lo que me traen a la mente todas y cada una de esas obras, pero les diré que "Carmen", a mí me huele a humo de puro y tiene como entorno el silencio peculiar de los domingos por la tarde. Y es que esta ópera era una de las que con más frecuencia escuchaba mi padre, los domingos, después de comer, mientras se fumaba un puro y se tomaba una copita de Cointreau. Era la versión dirigida por Von Karajan, con Price, Corelli, Merrill y Freni, la Micaela soñada.
Y el caso es que, para mi oído, el sonido de aquella grabación se convirtió, me temo que de forma irreversible e inevitable, en el paradigma de cómo debe sonar esta ópera. Y, también inevitablemente, y en mayor o menor grado, ha hecho que vaya de decepción en decepción, en cuantas versiones he escuchado o visto a lo largo del tiempo. Pero nunca la frustración había sido tan grande como en esta representación, dentro de una temporada que ya me estaba resultando crecientemente frustrante.
Fue una "Carmen" aburrida y cargante, en la que resulta difícil destacar algo que no sea una escenografía con algunas ideas interesantes. Pasaré por encima del "original", "creativo" y "nada" utilizado recurso de cambiar la época de la acción. En esta producción de la Ópera finesa, firmada por Arnaud Bernard, "Carmen" sucede en los años cuarenta, los contrabandistas son una pandilla de partisanos, los "dragones de Alcalá" se convierten en guardias civiles (acentuando con un nuevo tópico folklórico la obra) y la taberna de Lillas Pastia (nombre andaluz donde los haya, ¿verdad?) pasa a ser un café cantante. Pero junto a este nada imaginativo recurso de modificación temporal, tan usado que ya resulta plomizo, Bernard muestra ideas interesantes desde un punto de vista dramático. En primer lugar, encuadra las escenas más íntimas en espacios más reducidos del escenario, mediante el uso de los telones, que recortan el frente, y partes móviles del decorado para limitar el fondo.
También posee efecto dramático el hacer que unos toreros -de luto riguroso, hasta en las medias- se vayan vistiendo a cámara lenta, durante los tiempos muertos, escénicamente hablando, que suponen habitualmente la obertura y los entreactos musicales. Para finalizar, Bernard hace transcurrir la acción de la primera parte del cuarto acto en una habitación, cuya ventana se supone tiene vistas a la plaza de toros, y en la que Carmen y Escamillo se conocen, bíblicamente hablando, antes de que el torero se dirija a hacer el paseíllo.
El resultado escénico en conjunto, apoyado en una espléndida iluminación y unos magníficos decorados, es interesante, no genera incoherencias especialmente graves entre lo que se oye y lo que se ve y produce un efecto dramático muy adecuado para la obra. (aunque el vestir a Micaela con abrigo, un ridículo sombrerito, bolso y tacones para ir a visitar a Don José al campamento de los contrabandistas-partisanos, sea un detalle no demasiado afortunado, por parte de la figurinista)
De la parte musical, poco bueno se puede decir. Sin duda, los mejores fueron los personajes secundarios Manel Esteve, Gladys Rossi, Nuria Lorenzo, Jon Plazaola, Nicolas Testé y Javier Galán, realizaron su trabajo con absoluta solvencia, vocal y dramática.
Me sorprendió muy negativamente Natascha Petrinsky, conocida en Bilbao, por haber asumido con brillantez hace dos temporadas el papel de Mère Marie en Dialogues des Carmélites. Si bien su presencia escénica puede ser muy acorde con el papel de Carmen -alta, esbelta, morena, de movimientos seductores, en definitiva el sueño de un director de escena moderno- su canto fue muy deficiente (siendo generosos en el juicio). Con un volumen de voz muy limitado y mostrando continuos problemas de emisión y afinación, se le escuchaba con dificultad ya desde las primeras filas del patio de butacas. Supongo que los ocupantes de las localidades más alejadas del palco escénico no pueden juzgar el estilo de canto de la Petrinsky porque sencillamente dudo que lo llegaran a percibir. Tampoco se perdieron demasiado.
Sobre Marco Berti me ratifico en la impresión que me produjo como Calaf la temporada pasada: no es un tenor de voz poderosa y acentos de bronce, sino mucho más lírico. No es que cante mal, pero su Don José no me seduce especialmente (y aquí admito que muy probablemente influye en mi juicio el modelo que tengo en mente del personaje del que hablaba antes: Corelli es mucho Corelli). No niego que Berti cantó de forma notable la romanza de la flor, pero su papel es bastante más que ese pasaje.
Rutinaria la Micaella de Latonia Moore y decididamente tosco (y fuera de cacho, dicho sea en términos taurinos) Teddy Tahu Rhodes como Escamillo.
Para que el resultado fuera ya completo, dirigió (es un decir) este pequeño desastre Patrick Davin, con una lectura blanda, plana, carente de garra y sin la más mínima emoción, ni chispa, de la partitura. Momentos hubo en los que lo que sonaba en el foso resultaba irreconocible..
Decididamente esta no es mi temporada. A un Verdi prescindible ya soportado (Il Due Foscari) le sigue el mes que viene otro aún más olvidable (Aroldo). Y mejor no les cuento lo que me callé el mes pasado del Giulio Cesare.


