Relevo en el Palau de les Arts Reina Sofía
¡Abran paso al maestro Chailly!
(Por Fernando Morales)
A rey muerto, rey puesto. De Valencia vuela, parece que definitivamente Lorin Maazel, y aterriza, en principio con bastantes ganas Riccardo Chailly. Ha durado poco la controversia, porque discusión en estos casos hay poca cuando las cartas están tan claras. O era Esa-Pekka Salonen, lo que supondría un golpe de timón excesivamente brusco en el camino de fidelización de la parroquia lírica valenciana, a la que se le están ofreciendo títulos y producciones en general bastante conservadores; o era Riccardo Muti, personalidad intensa y quizá excesivamente autoritaria, o era Riccardo Chailly, maestro consagradísimo, interesantísimo, más joven que éste y de la línea de Abbado, o sea, del partido contrario al del napolitano.
Con la reserva que todavía hay que guardar, porque ya se sabe que hasta que no esté todo firmado no se puede proclamar a los cuatro vientos, pero parece que la decisión de la intendente del Palau de les Arts Reina Sofía, Helga Schmidt, ayudada por un equipo de competentes profesionales encabezados por Justo Romero, es la de Chailly. Por si faltaba poco y para más morbo, el maestro milanés no visitaba Valencia desde hacía muuuuuchos años, en concreto desde mayo de 1995, cuando hizo una Titán de Mahler que a más de uno le dejó con la boca abierta –entre ellos, un servidor-, y ahora resulta que ha ido al Palau de la Música a finales de este pasado mes de febrero después de que su nombre apareciera casi por sorpresa dentro de la temporada de conciertos de la Orquesta de la Comunitat Valenciana, esto es, de la formación que va a heredar del maestro Maazel.
Hemos escuchado a Chailly en el Palau de la Música con la Tercera de Bruckner, y ahora en Les Arts le escucharemos junto al coro y orquesta del coliseo, el Stabat Mater de Rossini. Será el 17 de abril cuando se produzca el encuentro: esperemos que haya flechazo.
De lo que no hay duda es que la formación que se encontrará Chailly es mucho más que digna. Si alguno de ustedes ha leído reseñas de un servidor de las producciones presentadas en el Palau calatravino –mis más sincero agradecimiento-, pensará que me repito, pero Lorin Maazel prometió una orquesta de primer nivel internacional y, siendo que no es una orquesta de conciertos sino de foso, a todas luces lo es.
A Maazel se le han criticado muchas cosas, la última de ellas en todos los periódicos locales, dejando caer que no renovaba porque quería más dinero, excusa fácil y efectiva ante los que desconocen el asunto. Pero no sólo ha venido aquí a lucirse dirigiendo genialmente títulos como Don Giovanni, Madama Butterfly o Parsifal –me descubro ante usted, maestro-, sino que ha trabajado la formación, en primer lugar seleccionando miembros desoyendo las necias palabras de quienes abogaban por hacerla una orquesta provinciana integrada exclusivamente por talentos valencianos y seguidamente haciéndolos cuajar en una auténtica agrupación orquestal.
Últimamente, ha cancelado más de lo esperable, una función de Luisa Miller –precisamente a la que asistí- y este último título: Faust de Gounod. Ya se le torcieron las cosas cuando se cayó la plataforma escénica y le tocó renunciar durante la siguiente temporada a estrenar en Valencia su ópera 1984, pero seguro que el maestro recordará su estancia en Valencia con agrado y como uno más de los numerosos y merecidos éxitos que jalonan su tremendo historial profesional.


