Ópera en Valencia

Un espectáculo con gancho

(Por Fernando Morales)

Faust
Palau de les Arts Reina Sofía. Valencia, 14 de febrero de 2008. Faust, ópera en cinco actos. Música: Charles Gounod. Libreto: J. Barbier, M. Carré, basado en la obra homónima de J. W. von Goethe. Estreno: París, Théâtre Lyrique, 19 de marzo de 1859. Faust: Vittorio Grigolo. Marguerite: Alexia Voulgaridou. Méphistophélès: Erwin Schrott. Valentin: Gabriele Viviani. Siébel: Ekaterina Gubanova. Wagner: Vittorio Prato. Marthe: Annie Vavrille. Director Musical: Frédéric Chaslin. Director de escena original: David McVicar. Director de escena de la reposición: Bruno Ravella.. Escenografía: Charles Edwards. Vestuario: Brigitte Reiffenstuel. Iluminación: Paule Constable. Orquestra de la Comunitat Valenciana. Cor de la Generalitat Valenciana. Director del coro: Francisco Perales.

No nació con los mejores augurios esta nueva propuesta del Palau de les Arts con el Faust de Gounod. La cancelación de Lorin Maazel –ni sé por qué ni lo quiero saber- trajo hasta el coliseo calatravino a un director desconocido –por lo menos para mí-: Frédéric Chaslin. Elegir para el papel comprometidísimo de bajo de Méphistophélès al barítono Erwin Schrott, tampoco parecía augurar lo mejor, como tampoco tener -una vez más- a la soprano medio lírica Alexia Voulgaridou en el papel de Marguerite anticipara una velada redonda.

Pero héte aquí que los días de los que menos esperas acaban siendo los que más te satisfacen, precisamente por no esperar grandes sorpresas. Seguro que Lorin Maazel nos habría deleitado con innumerables sutilezas, finuras y sensibilidades novedosas, pero tampoco Chaslin fue un director mediocre. Al contrario, mantuvo el pulso vívido en todo momento, le dio el color justo al perfume francés que recorre esta obra, pero sin caer en cursilerías ni en aromas relamidos con olor a naftalina. Porque uno de los peligros más evidentes de esta ópera es que envejece mal, o más exactamente, que aquél que no intente buscar los auténticos valores a la partitura nos obsequiará con una obra pasada de moda y de rancio sabor. Menos mal que no fue así. Además, en sus manos, la Orquesta de la Comunitat Valenciana sonó igual de compacta y brillante que en otras más insignes manos. Fenomenal orquesta obra de Maazel… o de Mehta… o de Maazel y Mehta…, de quien sea. Muy buena orquesta.

Erwin Schrott era conocido en Valencia por sus fenomenales papeles de bajo-barítono mozartiano. Nos había regalado un sensacional Fígaro, además de un más que sobresaliente Don Giovanni. Ahora que la tesitura de su papel le obligaba a profundidades cavernosas; parecía que no encontraríamos a tan gran voz en el presente cometido, pero héte aquí que el cantante uruguayo descendió con bastante solvencia y siendo audible en prácticamente todo momento hasta esos confines. De lo que no cabía ninguna duda era que le daría al personaje el tono siniestro y la presencia cínica y repulsiva que demanda. Sin caer en sobreactuación, en opinión de un servidor, fue el auténtico dominador de la velada.

Grigolo y Alexia Voulgaridou

La soprano griega, que no maravilló ni decepcionó como Liù ni como Luisa Miller, más bien ni fu ni fa, estuvo esta vez más acorde con sus posibilidades vocales, cercanas al timbre de lírico-ligera. La escena de las joyas la bordó con una excelente coloratura, sin duda, el mejor momento que nos ha ofrecido en sus bastantes apariciones en el escenario del Reina Sofía.

El papel titular fue encarnado por Vittorio Grigolo, que mostró una buena línea vocal, con especial brillantez en el agudo, que alcanzó sin vacilación y pleno esmalte. No obstante, le faltó presencia vocal y física para hacerse con las riendas de la producción, aunque en absoluto desagradó.

El resto del elenco, bien, como suele ser habitual en papeles no excesivamente complejos. El personaje travestido de Siébel encarnado por Ekaterina Gubanova estuvo bien sin maravillar, como también lo estuvieron la Marthe de Annie Vavrille y el Wagner de Vittorio Prato.

…ya hemos dicho que la orquesta sensacional…

El Cor de la Generalitat Valenciana estuvo a la altura de su hermana orquestal y mostró ese empaste y homogeneidad que le caracteriza, especialmente en las cuerdas de soprano y tenor, siempre las más lucidoras del coro que adiestra desde hace su misma fundación el gran músico y mejor persona Francisco Perales.

La producción, debida a una colaboración entre el Covent Garden, la Ópera de Montecarlo, la de Lille y el Giuseppe Verdi de Trieste, tenía a David McVicar como ideólogo. Tuvo gags muy interesantes, que fueron respetuosos con la obra y que movieron a esa sonrisa agradable que no es risa caricaturizante. Un equilibrio que es más fácil romper que mantener.

En resumen, un espectáculo más que agradable que nos presentó una música de esas que parece que pasa desapercibida, pero que tiene mucho que contarnos todavía.

Fotografías © 2008 by Tato Baeza - Palau de les Arts Reina Sofía
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