Concierto en Barcelona

Gergiev-Mahler: Del más allá al absoluto

(Por Ovidi Cobacho Closa)

G. Mahler: Sinfonía núm. 2. Orquesta y Coro del Teatro Mariinsky de San Petersburgo; Marina Xàgutx (soprano), Zlata Bulitxeva (mezzo). Dirección musical: Valeri Gergiev. XXV Temporada Ibercamera. Auditori de Barcelona, 22 - I- 2009.
Valeri Gergiev

La pasada noche del jueves 22 de enero tuvo lugar una de las veladas musicales más esperadas del nuevo año en la capital catalana: la Segunda Sinfonía de Mahler dirigida por Valeri Gergiev al frente de su orquesta y coro del sanpeterburgués teatro Mariinsky. La cita se enmarcaba dentro de la conmemoración de la vigésimo quinta Temporada Ibercamera, de la cual el maestro ruso viene siendo uno de sus intérpretes más aclamados y elogiados en pasadas ediciones. Y no es para menos.

Después de una pieza introductoria fuera de programa (la Obertura festiva para metal de Shostakovich), Gergiev y sus veteranas huestes del teatro Mariinsky, del cual este año también cumple su vigésimo aniversario como maestro titular, abordaron la obra de Malher con una entrega absoluta, volcándose al servicio de esta magna partitura; apurando la intensidad de cada frase, la emotividad de cada atmósfera, el sentido de cada motivo, el matiz de cada temática. Profundo y apasionado conocedor del intrincado universo mahleriano, Gergiev, que lleva más de 15 años dirigiendo sus obras y ha interpretado la integral de sus 10 sinfonías, más allá de algún leve e insignificante desajuste, cinceló una interpretación de una precisión y una intensidad dramática auténticamente apabullantes.

Ya en la breve pieza introductoria que el director quiso dedicar al 25 aniversario de la Temporada Ibercamera pudo verse esta actitud de humildad, intensidad y entrega que marcaría su lectura de la espiritual partitura mahleriana. Ese dejarse la vida en cada nota, sumergiéndose en el más allá del discurso sonoro, para extraer y hacer aflorar de él sus repliegues más profundos y sus tensiones más secretas. Todo ello sobre un equilibrio de planos y una cohesión entre secciones, coro y solistas que en más de un momento lograron hacer sentir al auditorio el aliento de lo absoluto.

Después de la experiencia de su quinto movimiento, a más de uno le entraron ganas de clavarse en la cruz.

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