Disco del mes
Edición Haydn en Brilliant
(Por Carlos de Matesanz)
Haydn: Haydn Edition. Muchos y muy variados intérpretes (ver en texto). Brilliant 93782 (150 CD + CD-ROM).
He aquí otra de esas monumentales cajas baratísimas –en torno a los 100€– de Brilliant que, si bien no reúne (como en los casos de Mozart, Bach, Beethoven, Chopin, Brahms y Rachmaninov) la obra completa, sí que nos permite conocer parcelas muy amplias, algunas de modo exhaustivo, de la producción de un compositor incontestablemente grande como Franz Joseph Haydn. Para celebrar el bicentenario de su óbito, Brilliant reúne en un cofre de 150 discos, que se dice pronto, la mayor parte de sus integrales haydinianas comercializadas desde hace años por suelto: la de las sinfonías, las obras para piano, los tríos, etc.
Dar noticia de cada una de las interpretaciones sería imposible, pero sí que hay que reseñar que la integral sinfónica, grabada originariamente para el sello Chandos, es la mejor opción que hay en el mercado, por encima de Antal Dorati (Decca) por calidad de sonido, tanto de la orquesta como de la toma, y de Roy Goodman (Hyperion) por la interpretación. Adam Fischer interpreta las sinfonías, aunque sean de muy primera etapa, siempre a lo grande y le funciona estupendamente; además, cuenta con la coyuntural pero magnífica Orquesta Austrohúngara Haydn, que reúne solistas de orquestas tan prestigiosas como la Filarmónica de Viena o la del Festival de Budapest. Hay que tener en cuenta que las sinfonías ocupan casi una quinta parte de la caja –33 discos– y que, a tres o cuatro euros el disco (que suele ser el precio habitual de Brilliant) ya habríamos amortizado el coste total de la edición.
También se ofrecen completos los Conciertos de violín (en la sonoramente anémica pero muy vivaracha interpretación de Federico Guglielmo con el conjunto de cuerdas L’Arte dell’Arco, que también acompaña a Jolanta Violante en un disco de conciertos de piano), de órgano (agradablemente interpretados por Anton Holzapfel y el ensemble Dolce Risonanza) y de cello (Christine Walewska, magníficamente acompañada por la Academy of St. Martin-in-the-Fields dirigida por Neville Marriner, que también acompaña igual de brillantemente a Alan Stringer en el concierto de trompeta y al afamado Hermann Baumann en los dos de trompa).
La seis Misas que se incluyen están interpretadas, salvo un par de ellas, por el notable Coro de Cámara de Stuttgart y la pasable Orquesta de Cámara de Württenberg, dirigidos pulcra pero sosamente por Frieder Bernius, que también se encarga del hermoso Stabat Mater, del que hace una lectura plana, lejos de, por ejemplo, Michel Corboz (Erato). Entre los solistas vocales encontramos bellas voces: Julia Hamari, Krisztina Laki, Aldo Baldin... También las voces (Helen Donath, Adalbert Kraus y Kurt Widmer) son lo mejor de los oratorios “La Creación” y “Las Estaciones”, en los que Wolfgang Gönnenwein dirige de modo irregular pero con momentos de brío y brillo casi wagneriano (que aterrarán a los amantes de lo filológicamente correcto) a la Orquesta del Festival de Ludwigsburg, que rinde modestamente. La verdad, son obras con demasiada competencia discográfica. Mucha menos tiene el habitualmente ignorado pero interesante “El retorno de Tobías”, que aparece en una excelente lectura de la Orquesta Estatal Húngara dirigida por Ferenc Szekeres con aquellos simpáticos y solventes cantantes magiares de los 70 (Veronika Kincses, Magda Kalmár, Klára Takács, Attila Fülöp, Zsoltan Bende...) que, si bien no alcanza la altura de Antal Dorati (Decca), resulta una magnífica alternativa. Mención aparte merece el caso de “Las siete últimas palabras de Nuestro Salvador en la Cruz”, que aparece en todas las versiones posibles (oratorio, cuarteto de cuerda, piano) salvo en la original (orquesta sola), y hay que admitir que las interpretaciones no convencen en ninguna, salvo, tal vez, en la cuartetística.
Y es que la agrupación escogida para los Cuartetos de Haydn –el frankfurtés Cuarteto Buchberger– es un conjunto camerístico de primer nivel, un auténtico descubrimiento que ha ido creciendo y convenciéndonos cada vez más conforme ha ido grabando la integral de estas obras para Brilliant. Es una lástima que no se haya esperado a que la integral concluyera para incluirla en esta caja porque, según nuestros cálculos, faltan nueve cuartetos, de los más importantes: Op. 50, nº 4 a 6; Op. 54, nº 1 a 3 y Op. 76, nº 4 a 6; los demás, están todos, incluidos los infrecuentes Cuartetos Op. 0. Aunque más infrecuentes son los Tríos con baritón (viola, cello y baritón) y éstos están todos, pero todos-todos, que son 126 nada menos; y, además, fragmentos, apuntes y movimientos alternativos; todo a cargo del Esterházy Ensemble, que hace un trabajo lleno de encanto y convicción, que se extiende a dos discos suplementarios en que interpretan unos magníficos Octetos con baritón que no hay más que pedir. La mayor sorpresa de esta edición.
Dentro del terreno camerístico, también se sirven de modo integral los Tríos con piano (incluyendo los que llevan flauta en vez de violín), y no sabemos si es porque el Trío Beaux Arts (Philips) nos ha acostumbrado a una lectura más trascendente y pulida, con instrumentos modernos de perfectísimo sonido, pero el caso es que la del Trío van Swieten (tres notables músicos por separado, no tanto juntos) nos parece en exceso juguetona y rústica, como si empequeñeciese la música que muchas de estas magníficas obras contienen. En cualquier caso, es una opción que tal vez a una parte del público le guste más. Es lo mismo que pasa con las Sonatas para piano, muchas de las cuales son obras de mucho más peso del que parece, tocadas todas con fortepiano por gente tan diversa y poco atinada como Bart van Oort, Riko Fukuda, Ursula Dütschler o Yoshiko Yojima; sólo Stanley Hoogland les saca más partido y, aún así, queda tan lejos de aquellos grandes pianistas que sólo parcialmente frecuentaron estas obras (Sviatoslav Richter, Alfred Brendel...) En fin, lo mismo acaece con las obras sueltas para piano, tocadas todas por Bart van Oort.
Dieciocho discos ocupan los arreglos de Canciones populares británicas para voz y trío que para Brilliant están grabando la soprano de muy bella voz Lorna Anderson y el tenor Jamie MacDougall con el Trío Haydn de Eisenstadt: muchos discos y unos intérpretes realmente fantásticos para una parcela de la producción haydiniana simpática pero de interés muy relativo. Tal vez hubiese sido preferible dedicarles menos discos y dar cabida a obras –casaciones, divertimenti, etc– que, aunque también de menor consideración, encierran auténticas joyas. Aun así, no nos quejamos, porque hay dos discos de Concertini para trío, también a cargo del Trío Haydn, uno con todos los Conciertos para lira a cargo de Hugo Ruf y el Conjunto Lautenbacher, otro con Sonatas para violín y cello del Dúo Ongarese y un cedé delicioso de Obras para laúd y cuerdas a cargo del gran Jacob Lindberg con Solistas de Drottningholm. Ah, y, además, completando la panorámica cancioneril: la integral de los Lieder que en su día grabaran la gran Elly Ameling con Jörg Demus al piano para Philips, tres discos de oro puro.
Hemos dejado para el final las Óperas, de las que se incluyen sólo cuatro –una, además, de atribución dudosa–, de las más de quince que se conservan de Haydn. Son “La vera costanza”, “La fedeltá premiata” y “Die Feuerbrunst” (la dudosa), que se ofrecen en unas versiones pulquérrimas pero también, y valga la expresión, sosérrimas, a cargo de unos coyunturales Coro y Orquesta Esterházy dirigidos por Frank van Koten con cantantes cortos en lo expresivo, cuando no también en lo vocal. De por sí, hubieran podido pasar si no se hubiese incluido la cuarta: “L’infedeltá delusa” a cargo de la magnífica Orquesta de Cámara Franz Liszt de Budapest dirigida por Frigyes Sandor, otro de esos registros haydinianos tan salados de la Hungaroton en los años 70, que cuenta exactamente con los mismos cantantes que “El retorno de Tobías” arriba mencionado, y que no es una interpretación despampanante –como sí lo es la de Antal Dorati en Philips– pero que, al lado de las anteriores, realmente refulge.
Y si hemos dejado las óperas para el final es para comentar que en el CD-ROM anexo –en el que se incluyen un artículo extenso sobre Haydn y su obra y los textos de canciones, misas y oratorios–, no van, como debieran, los libretos de las óperas, lo cual está francamente mal.
En fin, todos los peros que se le puedan poner a este nuevo e importante lanzamiento discográfico (nada es perfecto) son menores en comparación con lo que se nos ofrece: en interpretaciones buenas, muy buenas y menos buenas, pero nunca malas –ni siquiera mediocres–, y a precio de risa (por lo menos tal y como están las cosas), mucha, pero que mucha –casi 200 horas– música de Haydn; es decir, gran música, hasta cuando es pequeña. No lo duden y láncense en este mar haydiniano: el cuerpo (léase, el sistema nervioso) y el alma se lo agradecerán.


