Concierto en Manresa
Nueva temporada en Manresa
(Por Ovidi Cobacho Closa)
OBC; Obras de Mozart y Chaikovsky. Director: Eiji Oue. Manresa, Teatro Kursaal, 4 –II-2009.
La pasada noche del 4 de febrero, el flamante Teatro Kursaal manresano inauguró una nueva temporada musical en la capital del Bages. Bajo el nombre de “TOC de clàssica”, los responsables de la programación de este nuevo equipamiento escénico han querido impulsar una temporada musical, en realidad un pack de cuatro conciertos (todos ellos a cargo de formaciones musicales catalanas), que vendría a cubrir el vacío existente desde la desaparición de la Temporada Mestre Blanch.
La primera en subir al escenario para inaugurar esta nueva iniciativa fue la orquesta titular del Auditori de Barcelona, la OBC (Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya), una formación que no se escuchaba en Manresa desde la temporada 2004- 2005, con motivo de una estrepitosa Novena de Beethoven, ajusticiada en el pabellón deportivo municipal con la complicidad del orfeón de la casa (Orfeó Manresà). En esta ocasión, gracias a la excelente acústica del teatro y a la menor envergadura del repertorio escogido, la cosa no fue tan dramática, aunque el resultado estuvo muy por debajo del mínimo deseable, y exigible, a la que se pretende la primera y principal orquesta sinfónica de la comunidad catalana. ¿Incompetencia? ¿Falta de trabajo o empeño? ¿Proyecto erróneo? Un poco de todo y, quizás, algo más…
Bastó con escuchar el primer movimiento del Concierto para piano núm. 24 de Mozart (KV. 491) para percatarse de lo que iba a dar de sí la velada: escasa intención discursiva, ejecución rutilante, imprecisión en las entradas y los ataques, vaguedad en las dinámicas y los planos sonoros…; un Mozart de bolo para provincias, o sea. El pianista Lluís Rodríguez Salvà puso todo su empeño como solista, aunque esto no bastó para levantar el vuelo y hacer justicia a uno de los conciertos más interesantes del catálogo mozartiano; una obra que asoma ya romanticismo y requiere de un profundo y vigoroso aliento dramático, nada más lejos de lo que pudo escucharse.
Poco más dieron de sí la Suite Mozartiana de Chaikovsky que cerró la primera parte y la Sinfonía núm. 39 de Mozart que ocupó la segunda. Pero, eso sí, el público no anduvo falto de distracción ni divertimento, puesto que el maestro de ceremonias y director titular de la OBC, Eiji Oue, se encargó personalmente de amenizar la ejecución de sus huestes (hablar aquí de “interpretación” no sería hacerlo en propiedad). Una coreografía de gestos amanerados, movimientos exacerbados y expresiones histriónicas, con guiño de ojo al público incluido, fue lo mejor que supo extraer de la música del genio de Salzburg, más allá de una lectura frívola, anémica, confusa y sumamente epidérmica. Si éste es el “sonido catalán” que nos tenía prometido, más vale volver a la cobla y a los coros de clavé.
Con todo, cabe felicitar a los organizadores por el éxito de convocatoria (el teatro estaba lleno y con público muy joven), y desearles mejor fortuna en lo artístico; la iniciativa lo merece.


