Crítica de discos
Tres outsiders: Ligeti, Heppener y Xenakis
(Por Adolfo del Brezo)
György Ligeti: Lux aeterna; Drei Phantasien nach Friedrich Hölderlin; Sonata for solo viola. Robert Heppener: Im Gestein. Intérpretes: Cappella Amsterdm, musikFabrik, dir.: Daniel Reuss, Susanne van Els (viola). 1 CD Harmonia Mundi, ref.: HMC 901985. Duración: 64'31.
Iannis Xenakis. Music for Keyboard Instruments realised by computer. Daniel Grossmann, MIDI programming. 1 CD, ref.: NEOS 10707. Distribuido por Diverdi. Duración: 55'30.
Tanto el húngaro György Ligeti como el griego Iannis Xenakis y el holandés Robert Heppener comparten cierta categoría de outsiders al no haber comulgado con el serialismo integral, corriente imperante tras la Segunda Guera Mundial, con la que los tres fueron críticos en mayor o menor medida, para finalmente elegir un camino valiente, propio y personal. Los dos discos aquí reseñados constituyen buenos ejemplos de que por fortuna no toda la música de la segunda mitad del siglo XX ha bailado al son marcado por Boulez y Stockhausen.
Obras corales de Ligeti y Heppener
Un reciente lanzamiento de Harmonia Mundi une las músicas corales de Ligeti y de Heppener en modélicas interpretaciones de Cappella Amsterdam. De György Ligeti (1923-2006) escuchamos Lux aeterna de 1966, obra utilizada por Stanley Kubrick en su célebre película "2001, una odisea en el espacio", en la que el compositor pone en práctica su personal técnica de la micropolifonía con un resultado sonoro tan inquietante como subyugante. La misma técnica, con resultados completamente diferentes, se encuentra presente en sus menos conocidas Drei Phantasien nach Friedrich Hölderlin, obra coral de 1982 que posee momentos de gran belleza y expresividad. Otro de los reclamos de este disco lo constituye la posibilidad de conocer la obra de Robet Heppener (1925), compositor con grandes altibajos en su trayectoria, a quien se ha comparado con Hans Werner Henze por la irrenunciable búsqueda de su propio camino. Fruto de su segunda carrera tras años de silencio creativo es Im Gestein, ciclo de seis canciones sobre poemas de Paul Celan, para coro mixto, percusión y quinteto de cuerda, obra maestra compuesta en 1992 que fue merecedora del Mattijs Vermeulen Prize. El grupo instrumental, aquí a cargo de musikFabrik bajo la dirección de Daniel Reuss, tiene un papel menos protagonista que el coro, y el conjunto de la obra, muy original y contrastada, capta la atención del oyente del principio al fin en esta interpretación. Sin embargo se entiende mal el acoplamiento en este disco de las tres obras corales citadas con cuatro de los movimientos de la Sonata for solo viola de Ligeti interpretados por la violista Susanne van Els, así como el añadido final de Libera me, Domine del repertorio gregoriano que parece incluida con el sólo propósito de sumar minutos a la duración de este disco, por otro lado muy interesante y bien interpretado.
Xenakis: la máquina frente al hombre
En su libro "Historia de la técnica pianística" (Alianza), Luca Chiantore refiriéndose a la obra pianística de Iannis Xenakis (1992-2001) dice lo siguiente: "Nacida del cálculo, lejos de cualquier práctica instrumental, la partitura considera sólo superficialmente la naturaleza del físico humano, y esto convierte a menudo la interpretación en una inalcanzable utopía a la que sólo la tecnología ofrece una alternativa satisfactoria". Precisamente esta alternativa de la tecnología es la que presenta el CD del sello Neos dedicado a la obra para piano y clave de Xenakis. Se trata de la primera grabación de la obra para instrumentos de tecla del compositor griego —considerada inejecutable por manos humanas— realizada por ordenador. Este experimento, fruto del deseo de escuchar las composiciones exactamente tal y como Xenakis probablemente las imaginó y ciertamente tal y como las anotó, no debe ser tomado más que como una más de las posibilidades de documentar una determinada música por medio de una grabación, sin anular en absoluto la validez de grabaciones anteriores o futuras llevadas a cabo por pianistas "humanos". En cualquier caso, Naama (1984) y Khoaï (1976) para clave, y Evryali (1973), Mists (1981) y Herma (1961) para piano seguramente nunca habrán sonado tan ceca de los deseos del compositor como en este novedoso CD. Para apreciarlo basta con escuchar Herma, la obra más interesante de las cinco, con acumulaciones de sonidos en cascada en todos los registros del teclado y dinámicas muy variadas y extremas, que dan un resultado sonoro fascinante. Por si fuera poca la salvaje competencia que hoy en día tienen los pianistas, llega ahora la máquina para establecer nuevos límites a la ejecución cada vez más perfecta, demandada por un mercado casi tan inhumano como lo es el ordenador programado por Daniel Grossmann para este disco.


