Zarzuela. Lo que hemos visto
No es La Gran Vía
(Por José Prieto Marugán)
La Gran Vía...esquina a Chueca. Loles León, Enrique Ruiz del Portal, Milagros Martín, Karmele Aranburu, Carlos Heredia, Pepín Tre, Sabina Puértolas, Marco Moncloa, Toni González, Noelia Pérez y Antonio Torres. Coro del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Director musical: Luis Remartínez. Director de escena: Paco Mir. Escenografía: Jon Berrondo. Figurines: Jesús Ruiz. Teatro de la Zarzuela, 12 de febrero de 2009.
Razones de fuerza mayor nos impidieron contemplar completo el segundo montaje zarzuelero del teatro de la calle de Jovellanos en la temporada 2008/9. Por lo tanto, nuestro comentario sólo se refiere al primer acto de La Gran Vía … esquina a Chueca, título que se le ha dado y que ya orienta a los espectadores avispados. Porque esto no es La Gran Vía de Chueca y Valverde, estrenada hace 123 años, representada en decenas de países y centenares de teatros y vista por millones de espectadores. Cierto es que el espectáculo se anuncia como “intensa recreación del texto original de Felipe Pérez y González a cargo de Paco Mir”, pero también lo es que lo que encabeza el título es La Gran Vía y eso es lo que despista a muchos espectadores.
Este montaje vuelve a poner sobre la mesa el tema de la “actualización” de la zarzuela, de su necesidad o conveniencia, asunto para un interesante debate que, como la mayoría de los debates, no ofrecería ninguna conclusión única. Y en el caso contrario, las cosas seguirían igual, los “modernizadores” modernizando y los otros añorando y resoplando. Nuestra opinión personal es que la zarzuela –como cualquier otro cosa– ha de ofrecerse, en general, como es. Bien están algunos retoques o actualizaciones que pueden ser convenientes y hasta necesarios, pero con cuidado, delicadeza y respeto. Pero vayamos a lo que en este momento interesa.
La Gran Vía… esquina a Chueca, no es La Gran Vía original, ya lo hemos dicho, entre otras cosas porque a los números de la revista original añade tres de Agua, azucarillos y aguardiente, tres también de La alegría de la huerta (que se desarrolla en Murcia, dicho sea de paso), dos de El año pasado por agua, y uno El bateo, Las zapatillas, De Madrid a Paris y Los arrastraos (así se anuncia en el programa pero no fue ofrecido en la función que reseñamos). Hay números musicales que han sido cercenados (se anuncian como “fragmento”), otros cambian parte de su texto (el cambio en la “Jota de los Ratas” de la referencia a la cárcel del Saladero por la de Alcalá-Meco, es simplón) y con alguno se ha construido un número que nos resulta falto de ritmo y de concordancia textual (concretamente el llamado “Guerra de los coros”, que enfrenta el “Pasodoble de los sargentos” de La Gran Vía, con el “Popurrí de los organilleros” de El bateo).
Lo que hemos de entender por recreación se traduce en una idea interesante, contraria a la original: la desaparición de la Gran Vía para construir una M-0, para hacer en ella un canal olímpico, un campo de golf, un oceanográfico… y se traduce en críticas “políticas” demasiado previsibles, (especulación urbanística, comisiones, espionaje…) en chistes que se ven venir y que no consiguen entusiasmar al espectador, y en enlaces forzados entre un momento y otro.
Otro tema es la parte musical. Se ha elegido como protagonista a la actriz Loles León que se desenvuelve con soltura y desparpajo, pero que no canta y cuando se atreve con el “Tango de doña Virtudes” o con el “Vals” de Agua, azucarillos y aguardiente, decepciona. El “Tango de la Menegilda” lo canta la veterana Milagros Martín y, claro, entre el ama y la chacha, la elección es obvia. Enrique Ruiz del Portal hizo un “Vas de Neptuno” (con uniforme del Atlético de Madrid), discreto y Marco Moncloa un “Caballero de Gracia” atractivo.
Lo que sí llamó la atención y hay que aplaudir, es la escenografía, que reproduce en el primer acto, el actual Ayuntamiento, la calle de Alcalá desde Cibeles al arranque de la Gran Vía, y el primer tramo de ésta. Y especialmente el vestuario lujoso y espectacular. También hay que destacar el dinámico movimiento de masas en el escenario y el sonido de la orquesta, aunque hubo desajustes entre el foso y la escena en un par de ocasiones.
En general, por lo visto y escuchado, una velada entretenida, que nada añade a los 123 años de historia de La Gran Vías. No creemos que esta Gran Vía … esquina a Chueca tenga demasiada vida. Por cierto, ¿hubiera nacido de no ser por el padrinazgo de la Administración?


