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Crítica de discos

Pirateando el Beethoven de Schuricht

Albert Ferrer Flamarich

Beethoven: Missa solemnis en Re mayor, Opus 123. Intérpretes: Maria Stader, soprano. Elsa Cavelti, mezzosoprano. Ernst Haefliger, tenor. Heinz Rehfuss, baix. Chor der St. Hedwigs-Kathedrale Berlin. NDR Symphony Orchestra. Dir.: Carl Schuricht. En vivo a Montreux, 15 de septiembre de 1957. Sinfonía nº 3 en Mi bemol mayor, Opus 55. Intérpretes: Orchestre National de France. Dir.: Carl Schuricht. En vivo a Paris, 14 de mayo de 1963. Referencia: Living Stage 1037. 2 CD. Duración: 64’53 y 64’27”.

Beethoven: Missa solemnis en Re mayor, Opus 123

La discografía de Carl Schuricht (1880-1967) se ha ido ampliando gracias a la reedición de los pocos registros efectuados en estudio y a la proliferación de los conservados en directo. Parece, pues, que el reconocimiento que no tuvo en vida por parte de los sellos discográficos se lo compensa el mercantilismo y el pirateo discográfico, casi medio siglo tras su muerte. Tahra, Testament, Archipel, Andrómeda o Andante son algunas de las compañías que en los últimos años han contribuido a difundir esta batuta nacida a finales del siglo XIX. La mayoría de este legado procede de diferentes archivos de radios alemanas, suizas y francesas. Living-Stage –distribuido por LR Music- sigue a esta órbita y ofrece un doble compacto con dos de las obras puntales de la producción beethoveniana. Un repertorio que se convirtió en fundamental en las dos últimas décadas de la vida de Schuricht después de dedicarse, hasta la Segunda Guerra Mundial, a la música contemporánea con estrenos de Stravinsky, Bartok o Hindemith.

El sonido de esta edición de Living Stage es bueno y mantiene ruidos ambientales y “bravos” (en la Heroica). Como en casi todas las versiones restauradas, ahora de dominio público, la presentación del compacto es pobre: sin notas de carpeta que contextualicen las grabaciones; sin los cantables de la Missa Solemnis –por muy conocidos que sean, deben aparecer-; y sin una breve biografía de los intérpretes. Por lo menos se indica que la obra vocal procede de un concierto celebrado el 15 de septiembre de 1957; mientras que la Heroica es del 14 de mayo de 1963. Una lectura, ésta, que complementa a las localizables, igualmente en vivo, con orquestas de primer orden como son la de la Berliner Philharmoniker hecha en octubre de 1964 y editada por Testament; o la de la Wiener Philharmoniker de 1961 en posesión de Orfeo.

Como es sabido, Schuricht se convirtió en un representante de la vieja tradición de directores germánicos de tendencia romántica en un momento en que figuras como Karajan renegaban. Caracterizado por la combinación rigurosa en la planificación técnica, las lecturas contienen imaginación y el dinamismo juvenil que mantuvo hasta una avanzada edad: aquí el director, que rondaba los ochenta –tres años arriba y tres abajo en cada caso-, refleja un concepto equilibrado y personal en la expresividad, en el fraseo y en la claridad expositiva de momentos como la doble fuga de la Marcha fúnebre de la Heroica. Todo siempre vestido por un sonido cálido, intenso, comunicativo y que gusta, en ocasiones, por cierta sensualidad (en las cuerdas). El cuestionable y poco explícito término “aliento sinfónico” se corresponde perfectamente. La Missa solemnis sigue los mismos preceptos y resulta, además, ágil –sin caer en ligerezas innecesarias- y con un sentido dramático lleno de convicción. Es vibrante incluso en exultante en las voces. Se puede destacar algún detalle como el ritardando aplicado en el crescendo a “Et expecto ressurectionem” del Credo (CD 1; pista 3 en los 12’35”) que reafirma el sentido intrínseco de un pasaje que conduce hacia la fuga de “Et vitam venturi”. Lo importante, no obstante, es la entidad del conjunto, objetivo por el que Schuricht trabajaba siguiendo la herencia de las grandes escuelas de directores.

Escribir a Albert Ferrer Flamarich