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XIV Ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo
Nicholas Angelich y Till Fellner
Antonio José López Domínguez
XIV Ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo. Nicholas Angelich (piano). F. J. Haydn: Variaciones en fa m, Hob. XVII:6. J. S. Bach: Suite inglesa nº 2 en la m, BWV 807. R. Schumann: Kreisleriana, op. 16. Auditorio Nacional de Música de Madrid. Martes, 17 de febrero de 2009, 19:30 h.
XIV Ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo. Till Fellner (piano). Ludwig van Beethoven: Sonata nº 1 en fa menor, op. 2, nº 1, Sonata nº 2 en la mayor, op. 2, nº 2, Sonata nº 3 en do mayor op.2, nº 3 y Sonata nº 23 en fa menor, op. 57, «Appassionata». Auditorio Nacional de Música de Madrid. Martes, 10 de marzo de 2009, 19:30 h.
Nicholas Angelich
Reconocido internacionalmente como uno de los grandes pianistas de la actualidad, el magistral intérprete estadounidense Nicholas Angelich (1970) se presentó el pasado 17 de febrero en el Ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo en su XIV edición. En su primera participación en el ciclo ofreció un repertorio compuesto por obras de Bach, Haydn y Schumann. Tres autores, tres periodos, tres concepciones musicales distintas que Angelich abordó con gran versatilidad y un sentido de la musicalidad extraordinario. Se formó al lado de personalidades del instrumento como Aldo Ciccolini, Yvonne Loriod y Michel Béroff, además de Marie-Françoise Bucquet, Leon Fleisher y Maria Joao Pires. El Auditorio recibió expectante a uno de los pianistas más reclamados en auditorios de todo el mundo. Angelich muy respetuoso, serio y concentrado inició la velada sin demora.
La primera parte se inició con unas deliciosas Variaciones en fa menor, interpretadas de forma elegante y sobria, donde los pianissimos finales llegaron a cotas inigualables de pulsación para ahondar en su misterio. Sonó con delicadeza y dulzura. A continuación, el pianista estadounidense deleitó con una Suite inglesa nº 2 en la m contundente, sin ninguna concesión, con una sencillez pasmosa y genial en el tratamiento del contrapunto. Una versión de gran intensidad y excelente articulación. En la segunda parte asistimos a una magnífica interpretación de la Kreisleriana, op. 16. obra nada fácil de interpretar en la que conjugó perfectamente la excentricidad de su concepción por sus pasajes punzantes y sus disonancias poco habituales, con un impecable fraseo dentro de unos tempi bastante ajustados. Logró un perfecto control sobre el discurso musical. Un concierto formidable, sin ningún exceso, meditado, trabajado y brillantemente interpretado que Nicholas Angelich despidió con dos propinas.
Till Fellner
El pasado día 10 de marzo disfrutamos de un concierto único en Madrid, en el marco del XIV Ciclo de Grandes Intérpretes, organizado por Scherzo. El intérprete, el vienés Till Fellner (Viena, 1972), ha sido mundialmente reconocido por sus grabaciones de Bach, Schumann, Beethoven, Mozart, Liszt y Schubert. Después de sendas actuaciones en Washington y Nueva York, Fellner interpretó en Madrid una serie de sonatas de Beethoven. La entrada del Auditorio no se correspondió con el recital al que asistimos. Hubo bastantes huecos vacíos respecto a otros conciertos. Quizá por el desconocimiento del intérprete, quizá por alguna cita importante de fútbol europeo. Fue un concierto excepcional, graduado de menos a más, en el que el pianista vienés deslumbró por completo.
Las primeras sonatas catalogadas, las tres op. 2, constan de cuatro tiempos, algo verdaderamente insólito en la sonata clásica. Un primer Beethoven ya rompedor y original. Virtuosas y asombrosas, Fellner ejecutó con un gusto infinito unas meticulosas interpretaciones llenas de sensibilidad y con un sonido redondo, estrechamente relacionado con el volumen sonoro que demanda el autor. En la primera destacó principalmente la sutileza del Adagio y la turbulencia de su movimiento final. En la segunda Sonata brilló su travieso Scherzo y su elegante Rondó. ¡Qué sencilla pareció la nº 3! ¡Qué elegancia en el fraseo! Tras la pausa se dio un gran salto cronológico para pasar al Beethoven maduro. Fellner asimiló a la perfección la escala emotiva de la Appassionata mostrando una paleta de colores infinita para traducir su espíritu arrebatado y conflictivo. Demostró la templanza y firmeza necesaria para realizar una interpretación ajustada a la partitura. Fellner se despidió con un Liszt verdaderamente genial. Tenemos que apostar por este tipo de pianista: por los Andsnes, Angelich, Fellner… Una generación brillantísima.
Fotografías © Rafa Martín, cortesía de la Fundación Scherzo
Escribir a Antonio José López Domínguez