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Ópera en Berlín
Tres horas y media de aburrimiento
Lorena Jiménez Alonso
Fausto de Gounod. Intérpretes: Charles Castronovo (Fausto), Marina Poplavskaya (Margarita), René Pape (Mefistófeles), Roman Trekel (Valentin), Andreas Bauer (Wagner), Silvia de la Muela (Siébel), Rosemarie Lang (Marta). Staatskapelle Berlin. Coro de la Staatsoper. Dirección musical: Alain Altinoglu. Dirección escénica: Karsten Wiegand. Staatsoper Unter den Linden. 15-II-2009 (Estreno)
La expectación para la première del nuevo Fausto en la Staatsoper se palpaba entre los asistentes; un público integrado en su mayoría por invitados y críticos musicales. Sin embargo, el resultado no estuvo a la altura de las expectativas. Antes de la pausa, ya se escucharon los primeros abucheos.
No convenció el montaje escénico de Karsten Wiegand, que convirtió el escenario en algo parecido a un casino de varios pisos, con escaleras colgantes, cantantes que suben y bajan, que se cruzan, manos que se mezclan, pandilleros de barrio, máquinas tragaperras, luces de neón, soldados de movimientos espasmódicos, putas con abrigos de piel sintética… Figuras que vagan sin rumbo por el escenario y en ningún momento conectan con el público. El resultado es que todo resulta forzado, confuso y arbitrario. En la segunda parte, desaparecen las escaleras y aparece un escenario desnudo, que termina cubierto de sangre. Pero esta malograda première berlinesa aún nos deparó más sorpresas.
Nada más comenzar, la soprano Marina Poplavskaya pidió disculpas por su indisposición, a causa de una afección gripal. Aunque para no ensombrecer el estreno decidió cantar. Un detalle por su parte, pero que le obligó a acortar considerablemente la extensión de la voz, realizar las coloraturas justas y cantar sotto voce el aria de las joyas. Charles Castronovo estuvo poco convincente en el papel de Fausto, y su limitado volumen de voz posibilitó que la orquesta le tapara en varias ocasiones.
La segunda parte comenzó con una inesperada noticia: René Pape requirió asistencia médica debido a problemas circulatorios, por lo que se solicitó al público unos minutos más de paciente espera. El bajo alemán, internacionalmente aclamado y estrella de la casa, desde luego no tuvo su mejor día. Ni siquiera parecía creerse su papel de ¿Méphistophéles? Se movió con total desgana por el escenario; desgraciadamente también vocalmente se puso de manifiesto tal desinterés. Pocas veces se escuchó a un Pape tan aburrido. Roman Treckel como Valentín y Andreas Bauer como Wagner fueron, sin duda, las mejores voces masculinas de la tarde. En lo vocal, cabe destacar también, la brillante actuación del coro de los soldados y, sobre todo, el coro de mujeres. En definitiva: un deslucido y frustrante estreno con proliferación de toses, bostezos contagiosos, abucheos y abandonos de la sala antes del final. Aunque, una vez más, hay que agradecer el formidable sonido y excelente trabajo de la Staatskapelle Berlín y del joven director francés Alain Altinoglu.
Fotografía cortesía de Staatsoper Unter den Linden © 2009 byMonika Rittershaus
Escribir a Lorena Jiménez Alonso