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Nuestra Zarzuela

Los Gavilanes

José Prieto Marugán

Zarzuela en tres actos, divididos en cinco cuadros, en prosa. Texto de José Ramos Martín. Música de Jacinto Guerrero. Estreno: 7 de diciembre de 1923, en el Teatro de la Zarzuela, de Madrid. Acción en una aldea de Provenza, en 1845.

Personajes e intérpretes principales:

Adriana, antiguo amor de Juan, soprano dramática (Emilia Iglesias)

Rosaura, hija de Adriana, soprano (Eugenia Zúfoli)

Renata, esposa de Camilo, actriz (María Hurtado)

Nita, sobrina de Juan, tiple (Antonia Méndez)

Emma, sobrina de Juan, tiple (Carmen Navarro)

Juan, el indiano, barítono (Emilio García Soler)

Gustavo, novio de Rosaura, tenor lírico (Emilio Vendrell)

Clariván, el Alalde, tenor cómico (Ramón Peña)

Triquet, sargento de gendarmes, tenor cómico (José Bódalo)

Los Gavilanes

Argumento.

Acto I. Tras una larga estancia en el Perú, Juan vuelve a su aldea natal, acaudalado y rico. Al aparecer en la playa encuentra a unos pescadores que al reconocerle le abrazan y festejan, pues le creían muerto. Los lugareños rivalizan entre sí para demostrar que, antaño, fueron íntimos del indiano. Clariván, el alcalde, se ofrece para administrar el dinero del recién llegado. Emma y Nita lucen, ostentosamente, las joyas que han recibido de su tío y Camilo y Renata recomiendan a sus hijas que abandonen a sus novios pescadores, ahora que son ricas.

Mientras familiares, amigos y paisanos beben a la salud del emigrado, Juan cuenta la verdadera razón de su partida: el amor de una mujer: Adriana. En su voluntario destierro supo que Adriana había sido casada con un hombre y hoy se entera de que la mujer es viuda y pobre. Juan, ya solo, escucha una canción y cree reconocer la voz que la entona. Efectivamente es Adriana. Tras una vacilación inicial, ambos se reconocen y charlan animadamente.

Acto II. El pueblo entero, en la plaza, celebra la llegada de Juan. Adriana se entera de que Juan se marchó por ella. Pero ha de contener su emoción ante la aparición de Gustavo y Rosaura que se declaran mutuamente. Adriana lo aprueba. Juan trata de granjearse la ayuda de doña Leontina, madre de Adriana, a favor de sus intenciones matrimoniales. No obstante, las descaradas indiscreciones de Clariván y Triquet obligan al indiano a confesar que es con  Rosaura, la hija de Adriana con quien desea casarse. El escándalo es mayúsculo y quienes se habían mostrado amigos íntimos del indiano, se declaran ahora enemigos y le desprecian, porque creen que ha venido a abusar de su riqueza; la pobre Adriana termina desmayada ante lo inesperado de los acontecimiento.

Acto III. Juan, a quién el pueblo llama "El Gavilán", ha pagado las deudas de Adriana y su familia para obligar a Rosaura a casarse con él. La víspera de la boda -a la que nadie piensa asistir- Adriana y Rosaura mantienen una dramática conversación en la que la madre trata de impedir el casamiento. Pero es tarde: Rosaura está dispuesta al sacrificio por el bien de su familia. Gustavo entra en escena y propone a Rosaura la huida inmediata. Cuando la joven, por fin, acepta, aparece Juan, que dice a Gustavo que puede llevarse a la moza, pero no a escondidas, sino a la vista de todos. Mañana habrá boda, pero los novios serán Gustavo y Rosaura.

Comentario.

Los gavilanes resultan, desde un punto de vista musical, todo un alarde de facilidad melódica realizado por un compositor que  conocía muy bien los gustos del público. A los  importantes fragmentos desarrollados por los solistas hay que  añadir un detalle significativo: la constante presencia del coro  que, representando al pueblo, se convierte en una figura importante de la obra.

La zarzuela ofrece interesantes números musicales como el inicial “Coro de pescadores” (“Pescador, de tu playa te alejas”), la “Salida de Juan” (“Mi aldea”),  el “Tango-milonga”, (“El dinero que atesoro”) también cantado por Juan. y su “Romanza” (“No importa que el amor mío”). Rosaura protagoniza, con Nita, Emma, Clariván y Triquet el “Foxtrot de las lloronas” (“No hay por qué gemir”); Adriana y Rosaura sostienen un atractivo “Dúo” (“No merece ser feliz”) y Gustavo se luce en la “Romanza de la flor” (“Flor roja”). Aunque no agotamos las referencias, terminamos con la cita del “Himno a la amistad” (“¡Amigos, siempre amigos!”), que Plácido Domingo ofrecía final en los conciertos de zarzuela que el Día de Reyes ofrecía como regalo de cumpleaños al Rey de España.

Escribir a José Prieto Marugán