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Crítica de discos

György Kurtág, miniaturista musical

Adolfo del Brezo

György Kurtág: Játékok, Selection 2. Intérpretes: Gábor Csalog (piano), András Kemenes (piano), Alíz Asztalos (piano y voz hablada), Márta Kurtág (pianino), György Kurtág (pianino). Sello BMC, CD 139. Distribuido por Diverdi.

György Kurtág: Kafka-Fragmente op. 24. Intérpretes: Juliane Banse (soprano) y András Keller (violín). ECM New Series, 1965 4763099.

György Kurtág: Játékok, Selection 2

Las dos grabaciones comentadas aquí, ilustran la faceta de miniaturista musical de György Kurtág (1926), una de las voces claves en la creación musical de la segunda mitad del siglo XX. Comenzamos por la segunda selección de la grabación completa de su obra pianística Játekok (juegos): siguiendo la senda del Mikrokosmos de Béla Bartók, pero sin su carácter pedagógico progresivo, Kurtág crea una serie de aforismos musicales de la máxima concisión y brevedad, que en la mayoría de los casos no alcanza el minuto de duración. Los títulos de estas piezas evocan cosas (Bells, Flower...), músicos (Hommage à Stravinsky, Hommage à Tchaikovsky, ...humble regard sur Olivier Messiaen..., Ligatura tu Ligeti, In Janáček Manier), personas, formas musicales, obras o cuestiones técnicas (Three-finger Play). El resultado bien podría considerarse como una síntesis musical de la miniatura pianística de los siglos XIX y XX, en un estilo ecléctico que logra una amplísima variedad de ambientes expresivos, climas sonoros y recursos utilizados —tanto compositivos como técnicos—, siempre con las voz personal de ese gran creador que es Kurtág, que despliega toda su inventiva, originalidad, y sobre todo, su libertad creadora en estas piezas sin número de opus. Se trata de una obra en proceso creativo aún abierto, cuyo título —Juegos— nos remite a la infancia e involucra a creador, intérprete y oyente en su capacidad para jugar con la música, para disfrutar y redescubrir el lado lúdico de estos juegos de sonidos. Una grabación fascinante, con la participación del compositor, realizada en condiciones óptimas en el estudio de la Radio Húngara entre 2003 y 2005, pero que no ha visto la luz hasta finales del pasado año 2008.

György Kurtág: Kafka-Fragmente op. 24

La grabación de los Kafka-Fragmente op. 24 que realizaron la soprano Juliane Banse y el violinista Andrá Keller para el sello ECM data también de 2005 pero no constituye una novedad pues está en el mercado desde 2006, aunque su vigencia permanece intacta dada la extraordinaria calidad de la interpretación, realizada bajo la supervisión del compositor. Lo que Kurtág comenzó como simples bocetos terminó siendo finalmente la disposición instrumental de la obra, asignada a la voz y el violín. Kurtág añade más sentido aún a las palabras de Kafka, que pasan por el tamiz personal del músico para constituir en esta obra un todo final que no es sólo Kafka, que no es sólo Kurtág, sino una nueva creación que trasciende a ambos y que constituye uno de los más interesantes y bellos logros de la fusión entre literatura y música de la segunda mitad del siglo XX. El texto original está constituido por reflexiones, entradas de diario y libros de notas o pequeñas historias de Kafka. Las cuatro partes en que se divide la obra incluyen una totalidad de 40 piezas, siendo la segunda parte una sola pieza —la más larga de la obra con más de siete minutos de duración—, "Hommage-message à Pierre Boulez". En la titulada "Szene in der Elektrischen", se habla de una bailarina que viaja en el tranvía con dos violinistas a los que de vez en cuando pide que toquen sus instrumentos; son casi cuatro minutos de música que cierran la tercera parte de la obra y que resulta una de las piezas más atractivas y de más accesible escucha del conjunto. De gran belleza es el éxtasis amoroso de "Zu spät", que abre la cuarta parte, y que contrasta con el carácter cortante de la siguiente pieza, "Eine lange Geschichte". En "Der begrenzte Kreis", pieza de medio minuto de duración perteneciente a la tercera parte, resulta asombroso cómo al final se funden voz y violín en la palabra "rein", en un único sonido en el que resulta imposible reconocer a uno u otro. Perfecta en su adecuación entre texto y música, "In memoriam Joannis Pilinszky", perteneciente a la cuarta parte. La obra se cierra con flotantes melismas de la voz en "Es blendete uns die Mondnacht", que junto con el sonido del violín crean un clima muy poético.

La voz explota los más variados registros y tesituras, desde el grito al susurro: pianísimos inaudibles, filados extremos...Igualmente encontramos en el violín todo tipo de sonoridades y colores instrumentales siempre al servicio de la expresión musical más auténtica. Dos intérpretes excepcionales, András Keller —violinista que estrenó la obra— y la soprano Juliane Banse consiguen en esta grabación una simbiosis total entre ambos instrumentos: voz y violín.

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