. .

Canción popular

Las melodías gallegas (2ª parte)

José Manuel Brea Feijoo

En la primera parte de este estudio, hemos visto la singularidad de la melodía gallega a través de las personalidades musicales de Marcial del Adalid y Juan Montes. El primero, reconocido pianista y primer compositor gallego de música profana culta –y acaso el primer compositor español genuinamente romántico–, que haciendo honor a su apellido fue iniciador con sus Cantares viejos y nuevos. El segundo, de aspiración menos universal, que iba para sacerdote y acabó siendo el legítimo representante de un nacionalismo musical gallego que transcendió a través de unas baladas profanas. En esta segunda parte centramos la atención en José Castro “Chané” y José Baldomir, continuadores y perfeccionistas de la melodía gallega, responsables de su consolidación.

El músico de Curros: José Castro “Chané”

José  Castro "Chane"José Castro “Chané”

José Castro González “Chané” (Santiago de Compostela, 1856-La Habana, 1917), maestro cuyo sobrenombre procede del que adoptara artísticamente la rondalla integrada por miembros de su familia, de procedencia ferrolana, comenzó una exitosa carrera dirigiendo orfeones en A Coruña. Es uno de los promotores de las corales de Galicia, junto a Canuto Berea, Juan Montes, José Baldomir y Pascual Veiga. Al suprimirse la cátedra que ocupaba en la ciudad herculina, decidió emigrar a Cuba. En 1893 llegó a La Habana, donde continuó su labor de director de coro y trabó una fructuosa amistad con el poeta Manuel Curros Enríquez, que también había emigrado por cuestiones políticas. De su escasa obra, las cuatro melodías que a continuación se comentan, inspiradas en poemas de su libro Aires da miña terra, han sido consideradas un tesoro suficiente para designar a Chané como el músico de Curros.

Os teus ollos (Tus ojos)

El poeta parece buscar en vano una “mirada meiga”, un deseo inalcanzable, y el músico engalana el texto con una melodía apropiada, hermosa y doliente. Se reproduce completo el poema, difícil de adaptar al castellano.

Ten a serea o canto

i a serpe o alento,

o lago ten a onda,

Dios ten o inferno.

Ti tes dabondo

co que tes escondido

neses teus ollos.

O trono dos monarcas,

do sabio os trunfos,

a groria do poeta,

o ouro do mundo:

dera eso todo

por sólo unha mirada

deses teus ollos.

Buscan os pitorreises

pra faguer niño,

a herba santa que nace

beira do ríos.

Eu busco sólo

unha mirada meiga

deses teus ollos.

Cando se pon a lúa

tras d’os penedos,

choran as estreliñas

todas d’o ceo.

Tamén eu choro

cando non m’alumean

eses teus ollos.

Tiene sirena el canto,

sierpe el aliento,

el lago tiene la onda,

Dios el infierno.

Tienes tú abondo 

con lo que han escondido

eses tus ojos.

El trono de monarcas,

del sabio triunfos,

la gloria del poeta

oro del mundo:

diera eso todo

por sólo una mirada

de eses tus ojos.

Buscan los picapinos

para hacer nido,

hierba santa que nace

junto a los ríos.

Yo busco sólo

una mirada meiga

de eses tus ojos.

Cuando duerme la luna

tras los berruecos,

lloran las estrellitas

todas del cielo.

También yo lloro

cuando no me iluminan

eses tus ojos.

Cántiga

Una de las canciones gallegas más difundidas, aunque no tanto en la versión de José Castro como con el primitivo ritmo de muiñeira atribuido a Cesáreo Alonso Salgado y popularizada por la rondalla de la familia Chané (con el título espurio de Unha noite na eira do trigo que adoptara Juan Montes). Chané se ciñe al texto original y respeta su sentimiento elegíaco.

No xardín unha noite sentada

ó refrexo do branco luar,

unha nena choraba sin trégolas

os desdés dun ingrato galán.

E a coitada entre queixas decía:

"Xa no mundo non teño ninguén,

vou morrer e non ven os meus ollos

os olliños do meu doce ben".

Os seus ecos de malenconía

camiñaban nas alas do vento,

e o lamento

repetía:

"¡Vou morrer e non ven o meu ben!"

Lonxe dela, de pé sobre a popa

dun aleve negreiro vapor,

emigrado, camiño de América

vai o probe, infelís amador.

E ó mirar as xentís anduriñas

cara a terra que deixa cruzar:

"Quen pudera dar volta –pensaba–,

quen pudera convosco voar!..."

Mais as aves e o buque fuxían

sin ouvir seus amargos lamentos;

sólo os ventos

repetían:

"¡Quen pudera convosco voar!"

Noites craras, de aromas e lúa,

desde entón ¡que tristeza en vós hai

pros que viron chorar unha nena,

pros que viron un barco marchar!...

Dun amor celestial, verdadeiro,

quedou sólo, de bágoas a proba,

unha cova

nun outeiro

e un cadavre no fondo do mar.

Sentada en el jardín una noche

bajo el blanco reflejo lunar,

una niña lloraba sin tregua

el desdén de un ingrato galán.

Y cuitada entre quejas decía:

“Ya en el mundo a nadie tendré,

moriré y no verán más mis ojos

los ojitos de mi dulce bien”.

Pronto el eco de melancolía

caminaba en las alas del viento,

y el lamento

repetía:

“¡Moriré sin que venga mi bien!”

Lejos de ella, de pie, en la popa

de un aleve negrero vapor,

emigrado, camino de América,

va el pobre, infeliz amador.

Y al mirar golondrinas gentiles

hacia tierra que deja cruzar:

“¡Quién pudiera dar vuelta –pensaba–,

 quién pudiera con ellas volar!”

Mas las aves y el buque huían

sin oír sus amargos lamentos;

sólo el viento

repetía:

"¡Quién pudiera con ellas volar!”

Noches claras, de aromas y luna,

desde entonces ¡qué tristes pasáis

para quienes llorar a una niña

vieron y a un barco vieron marchar!...

De un amor celestial, verdadero,

quedó sólo, de lágrimas prueba,

una cueva

de un otero

y un cadáver hundido en el mar.

Tangaraños

Esta canción, o cantar, que lleva el  nombre del genio maléfico de la mitología popular galaica que perjudica a los niños consumiéndolos o deformándolos, trata de curaciones milagrosas en un lugar santo al que las gentes acuden con fe, aunque no consigan el resultado que esperan. Con una indudable retranca sumida en lo transcendente del sufrimiento humano comportado por la enfermedad, la música de Chané tiene a la vez un aire festivo y dramático.

San Benito de Coba de Lobo

ten no cume un penedo furado,

de tan rara virtude ortopédeca

qué é o asombro do mundo cristiano.

Cando nace un miniño tolleito,

seus parentes oférceno ó santo,

e metido n’un queipo de vimbio

alá o levan, á festa en chegando.

E ós dous lados da boca da pena,

que lle colle d’un lado a outro lado,

din a nai e a madriña do renco

pola gorxa de pedra pasándoo:

“Ten conta santiño

do meu tangaraño:

doente cho deixo,

devólvemo sano”.

Por tres veces chorosa roguéivolo,

todas tres sen me dar resultado;

e os meus nenos, entangarañidos,

morren todosentangarañados.

San Benito de Coba de Lobo

tiene en lo alto un peñasco horadado,

de tan rara virtud ortopédica

que es asombro del mundo cristiano.

Cuando nace un niñito tullido,

sus parientes lo ofrecen al santo,

y metido en un cesto de mimbre

llévanlo allá, a la fiesta llegando.

Y a ambos lados del hueco de piedra,

que atraviesa de un lado a otro lado,

dicen madre y madrina de inválido

por la pétrea garganta pasándolo:

“Ten cuenta santito

de mi tangaraño:

enfermo lo dejo,

devuélvelo sano”.

Por tres veces llorosa rogué,

mas ninguna me dio resultado;

y mis niños, entangarañidos,

mueren todos entangarañados.

Un adiós a Mariquiña

Es ésta una de las piezas que penetraron más hondo en el alma popular y que seguramente preservará la eternidad en la memoria del tiempo. Habla de la fuerza telúrica que atrae a los oriundos de Galicia, exacerbada en la obligada ausencia por mor de la miseria y del hambre, y que parece un obsesivo leitmotiv que no los deja. Sirvan de muestra los siguientes versos:

Como ti vas pra lonxe

i eu vou pra vello,

un adiós Mariquiña

mandarche quero,

que a morte é o diaño

i anda rondando as tellas

do meu tellado.

Cando deixes as costas

da nosa terra,

nin luz nin poesía

quedarán n’elas.

Dilles que non hai terra

millor que a nosa,

máis ridentes paisaxes,

máis frescas sombras,

máis puros ceos,

nin lúa máis lucente

no firmamento.

Como tú te vas lejos

y yo voy para viejo,

un adiós Mariquiña

mandarte quiero,

que la muerte es el diablo

y ya ronda las tejas

de mi tejado.

Cuando dejes las costas

de nuestra tierra,

ni luz ni poesía

quedará en ellas.

Diles que no hay tierra

así de hermosa,

más risueños paisajes,

más frescas sombras,

más puros cielos,

ni luna más luciente

en firmamento.

Consolidación de la melodía gallega:
José Baldomir

José BaldomirJosé Baldomir

José Baldomir Fernández (A Coruña, 1867-1947) recibió formación musical de Marcial Torres del Adalid, primo del compositor, ejerció como director de orfeones –siguiendo la tradición de la época– y colaboró con Felipe Pedrel y José Inzenga en la recogida de temas folklóricos. Y sobre todo fue reconocido por sus composiciones para canto y piano, inspiradas en textos de poetas gallegos, principalmente de Rosalía de Castro (se le ha llamado “el músico de Follas novas”), y que él mismo denominó melodías gallegas. Se estima su producción de canciones estilo lied en alrededor de medio centenar, pero desgraciadamente sólo llegó a nosotros un puñado, algunas frecuentemente interpretadas en su versión coral. Las más recordadas: ¿Cómo foi? (¿Cómo fue?), con texto de Curros Enríquez; Maio longo (Mayo largo), con texto rosaliano; y Meus amores (Mis amores), sobre un poema de Salvador Golpe. Estas obras vocales, y otras que merecen ser redescubiertas, le dieron fama a Baldomir en su tiempo.

A un batido (A un latido)

Al pesimista texto rosaliano, del libro Follas novas, Baldomir le aporta una conveniente –y poco sombría– melodía. Veamos su comienzo:

A un batido outro batido,

a unha dor outro delor,

tras d’un olvido outro olvido,

tras d’un amor outro amor.

A un latido otro latido,

a un dolor otro dolor,

tras de un olvido otro olvido,

tras de un amor otro amor.

Quérome ire (Quiero irme)

Otro poema, también de Follas novas, que muestra la inquietud de quien no encuentra un lugar adecuado en el mundo. Va la primera estrofa:

¡Quérom’ire, quérom’ire!

Para dónde no-no sei.

Céganm’os ollos a brétema,

¿para dónde hei de coller?

¡Quiero irme, quiero irme!

Para dónde no lo sé.

La bruma ciega mis ojos,

¿para dónde he de coger?

¿Cómo foi? (¿Cómo fue?)

En este poema de Curros, con el título orixinal de ¡Ai!, un padre se lamenta de la muerte de un hijo, víctima de la viruela (“negras vixigas”), enfermedad felizmente erradicada del mundo. Estamos ante  un texto con evidente dificultad para la musicalización, pero Baldomir consigue el difícil objetivo, dándole el soporte melódico apropiado a tan trágico tema. Considero necesario reproducirlo íntegramente.

¿Cómo foi?... Eu topábame fora

cand’as negras vixigas lle deron;

polo aramio súa nai avisoume

i eu vinme correndo.

¡Coitadiño! Sentindo os meus pasos

revolveu car’á  min os seus ollos.

Non me víu... e choróu... ¡ai!; xa os tiña

ceguiños de todo.

Non me acordo qué tempo me estiven

sobre o berce de dor debruzado;

sólo sei que m’erguín co meu neno

sin vida nos brazos...

Volvoreta de aliñas douradas

que te pousas no berce baleiro,

pois por él me perguntas, xa sabes

qué foi do meu neno.

¿Cómo fue?... Yo me hallaba ausente

cuando negras vejigas le dieron;

su madre me envió un telegrama

y vine corriendo.

¡Pobrecito! Sintiendo mis pasos

hacia mí removía sus ojos.

No me vio… y lloró… ¡ay!; los tenía

cieguitos de todo.

No recuerdo qué tiempo en su cuna

estuve de dolor debruzado;

sólo sé que me erguí con mi niño

sin vida en los brazos…

Mariposa de alitas doradas

posada sobre el cesto vacío,

pues por él me preguntas, ya sabes

que fue de mi niño.

Maio longo (Mayo largo)

Siempre Rosalía. Siempre a su tristura, su efímera felicidad anegada por un lamento infinito. Reproduzco también íntegro el poema de Follas novas, para el que no puedo imaginar mejor música que la de Baldomir.

Maio longo, maio longo,

todo cuberto de rosas,

para algúns telas de morte,

para outros telas de bodas.

Maio longo, maio longo,

fuches curto para mín,

veu conmigo miña dicha,

volveu contigo a fuxir.

Mayo largo, mayo largo,

todo cubierto de rosas,

para unos telas de muerte,

para otros telas de bodas.

Mayo largo, mayo largo,

fuiste corto para mí,

contigo vino mi dicha,

contigo volvió a huir.

Meus amores (Mis amores)

El poema de Salvador Golpe acaso no alcance cimas poéticas elevadas, pero la música de Baldomir lo hace en verdad inolvidable.

Dous amores a vida gardarme fan:

a patria i o qu’adoro no meu fogar.

A familia i a terra donde nacín...

¡Sin eses dous amores non sei vivir!

Cando xa no meu peito non sinta amor,

cando da miña patria non vexa o sol...

ven morte, ven axiña cabo de min,

¡que sin amor nin patria non sei vivir!

Dos amores la vida me hacen guardar:

la patria y lo que adoro en mi hogar.

La familia y la tierra donde nací…

¡Sin eses dos amores no sé vivir!

Cuando ya en mi pecho no sienta amor,

cuando ya de mi patria no vea el sol…

ven muerte, ven aprisa cerca de mí,

¡que sin amor ni patria no sé vivir!

Epílogo: Melodías en busca de palabras

Para finalizar este pequeño recorrido melódico, cabe recordar a Andrés Gaos Berea (A Coruña, 1874-Mar del Plata, 1959), extraordinario violinista que en vida fue una celebridad allende nuestras fronteras. Compuso mélodies francesas pero inexplicablemente ninguna canción gallega. Y no obstante, su última composición –realizada en su retiro de Mar del Plata, Argentina–, la balada Rosa de abril para piano solo, inspirada en el poema homónimo de Rosalía de Castro, parece extrañar las palabras. La escritura pianística está tan ceñida al texto poético rosaliano que, con posterioridad y acierto, Ramiro Cartelle se lo superpuso basándose en declaraciones del hijo del compositor. Sin haber escrito ex profeso una melodía gallega, posiblemente en el interior de Gaos corría un río de galleguismo desbordado.

Rosa de Abril

El texto añadido a la composición pianística de Gaos, perteneciente al libro Cantares gallegos, es un poema de amor monologado que remata con un cantar popular que Rosalía considera pertinente agregar.

Nasín cand’as prantas nasen,

no mes das froles nasín,

nunh’alborada mainiña,

nunh’alborada de abril.

Por eso me chaman Rosa,

mais a do triste sorrir.

O meu corasón che mando

c’unha chave par’ó abrir.

Nin eu teño máis que darche,

nin ti máis que me pedir.

Nací naciendo las plantas,

en mes de flores nací,

en alborada apacible,

en alborada de abril.

Por eso me llaman Rosa,

mas la del triste sonreír.

Mi corazón te remito

con su llave para abrir.

Ni yo tengo más que darte,

ni tú a mí más que pedir

No se puede concluir más nítidamente... Después de todo, un ánimo esperanzado confía en la inquietud por conocer las maravillosas melodías gallegas, una música delicada e injustamente postergada. Como dijo el humanista Xoán Vicente Viqueira, no debiera olvidarse que desde Martín Códax la música gallega es por esencia de canto. Y músicos de nuestro tiempo, como el prolífico Rogelio Groba (Ponteareas, 1930), que ha dejado su propia impronta en la canción gallega y continúa su labor creativa, no lo han olvidado y han seguido la senda de los melodistas decimonónicos. Por consiguiente, aguardamos que el aire lleve a los melómanos las ansias de descubrir para escoger y que los músicos contemporáneos sigan envolviendo las hermosas palabras de melódica hermosura.

Al sensible pianista y buen amigo Alejo Amoedo. Inolvidable su interpretación de melodías gallegas, junto a la soprano Teresa Novoa, el pasado diciembre en Vigo.

Bibliografía

Carreira, XM: La Cántiga de Curros Enríquez-Chané. La génesis de una canción popular. Nassarre: Revista aragonesa de musicología. Vol. 6, Nº 1, 1990, págs. 9-40.

Carreira, XM: A Melodía galega na Belle Époque (José Baldomir y José Castro “Chané). Libreto de CD: Punteiro 9118-CD. Ed. Clave Records. Santiago de Compostela, 1997.

Iglesias Álvarez, A & DE SANTIAGO, RA: Marcial del Adalid. Ed. Real Academia Galega. Santiago de Compostela, 1964.

López-Calo, J: Música. En: Enciclopedia temática de Galicia. Ed. Nauta. Barcelona, 1989.

Soto Viso, M: A melodía galega de concerto. Etno-Folk: Revista galega de etnomusicoloxía. Nº 4, 2006, págs. 151-157.

Soto Viso, M: Marcial del Adalid: 180 anos de Música Galega. FerrolAnálisis: Revista de pensamiento y cultura. Nº 21, 2006, págs. 102-115.

Vicente Viqueira, X: La canción gallega. En: Ensayos y poesías. Ed. Galaxia. Vigo, 1974.