. .

Crítica de libros

El órgano de cámara del Convento de la Encarnación de Ávila

Joaquim Zueras Navarro

Recital en el Histórico Órgano de Cámara del siglo XVI del Convento de la Encarnación de Ávila. Libro con disco de compositores españoles del siglo XVI, interpretados por Antonio Baciero. Ilustraciones de varios artistas europeos del siglo XV y XVI. Villamonte Editores.

El órgano de cámara del Convento de la Encarnación de Ávila

Curioso libro, que tiene algo de mágico. Su portada, los dos lacres que sostienen las cintas, el papel, las ilustraciones y la música que lo acompaña nos remiten sin esfuerzo al Siglo de Oro. A esto se añade un primer capítulo en el que el Conde de Villamonte nos cuenta una bella historia -¿realidad o leyenda?-: En 1977, durante los trabajos de rehabilitación de una casona del siglo XVI situada en una ladera del Valle de Amblés, cedió parte de un muro que ocultaba un escondrijo en el que había un cofrecillo con un cuaderno firmado por Antorques de Plasencia. Se trataba de un diario de viaje a la ciudad de Ávila, escrito a finales del XVI  o a principios del XVII. Antorques se dirigía allí con la esperanza de encontrar alivio o cura a lo que hoy llamaríamos un desarreglo psicológico. Había oído decir a un clérigo que en Ávila existía “un prodigioso instrumento, de los llamados de organería, cuyas músicas aliviaban milagrosamente los peores sufrimientos del espíritu y las congojas más amargas del corazón”. Tras algunos contratiempos, un mendigo ciego le encamina al Convento de la Encarnación, en donde logra satisfacer su deseo.

A continuación, el editor Alfredo Melgar nos ofrece algunos interesantes datos sobre el instrumento. El órgano portativo (también llamado positivo o de realejo) se encuentra en el coro del Convento de la Ecarnación, en donde Santa Teresa de Jesús permaneció seis lustros. Una joya arcaica del siglo XVI, que fue restaurado con mimo para el concierto en conmemoración del cuarto centenario de la muerte de la santa, en 1982. Se trata de un órgano de mesa, al que poco después se le añadió la peana como sostén. Pese a su sencillez, resulta vibrante en agudos y sonoros y gruesos sus bajos. Como es costumbre en este tipo de órganos, los sonidos suenan una octava más alta de lo escrito. En cuanto a los registros “el flautado base –de espiguilla-, con tubos de aleación rica en plomo- es ‘obligado’. A él se añaden y combinan juegos –todos en aleación rica en estaño- de octava (dos pies), docena (uno y un tercio), y ‘churumbelado’ (de una hilera), con una segunda octava (dos pies), más suave en la mano derecha”. (Cabe, no obstante, precisar que los registros partidos son una novedad de a finales del XVI, por lo que algunos sospechan si no será del XVII. Por lo demás, en el XVIII estuvo sometido a una reparación importante, según los autores del Catálogo de órganos de la provincia de Ávila).

Programa del CD: Tres piezas del Cancionero Musical de Palacio, confeccionado para la educación del Príncipe Don Juan: “O voy” de Comendador Román (1460-?), el anónimo “Pieza Tres” y “Danza Alta” de Francisco de la Torre (1450?-1502). “Despierte el alma dormida” probablemente de Luis Venegas de Henestrosa (1510?-1560?), músico del Cardenal Tavera y autor de la colección Libro de Cifra Nueva para tecla, arpa y vihuela (Alcalá, 1557), primera impresión de música de teclado en España. También pertenecen a este libro los anónimos “Mundo qué me puedes dar”, “Míralo cómo llora”, “O Gloriosa Domina” y “Sacris solemnis”. Los anónimos “Cutis mea dinigrata est” y “Surge propera” (S. XVI) se localizan en la Recopilación manuscrita de la Biblioteca de la Universidad de Coimbra y el anónimo “Conditor almae” en el Arte de Tañer, de Alonso de Baena, Lisboa (1540). Los anónimos “Fabordón” y “Dúo” (S. XV) pertenecen al Cancionero de la Biblioteca Colombina de Sevilla. Me gusta recordar a Antonio de Cabezón (1510-1566) con aquel prólogo que su hijo Hernando redactó para la edición de sus obras: “Son pocos los que en el cultivo de la música han tenido gran honra y entre esos pocos se puede afirmar haberla merecido Antonio de Cabezón, de cuya fama aún queda lleno el mundo, y no se perderá jamás entre los que apreciaren la música. Fue natural de La Montaña (Burgos) y ciego desde muy niño. Con ello se le acrecentó la delicadeza del sentido del oír el lo que faltaba de vista. Antonio de Cabezón enderezó siempre los estudios en invenciones del arte de la música, sin tener otro fin, no ensoberbeciéndose por lo que de ella alcanzó, ni teniendo en menos a los que menos sabían, sino honrándolos a todos y alabando lo que en sus obras había. No se alzó con su talento maravilloso, ni dejó de comunicárselo a cuantos pudo enseñar. Alcanzó ser universalmente querido de cuantos le conocían, por sus virtudes. Y ninguno hubo tan loco, que no se le rindiese a la grandeza de ingenio que en él se conocía. Esto se entendió así, no sólo en España, sino en Flandes y en Italia, por donde anduvo sirviendo al Rey Don Felipe, nuestro señor, de quien fue querido y estimado”. Del músico burgalés constan en el disco el romance “Para quien crié yo cabellos”, “Tiento de séptimo tono”  y el glosado a seis voces “Ave María”. Desde hace años he podido detectar un interés creciente por el compositor sevillano Francisco Correa de Arauxo (1584-1654), cuya importancia queda establecida merced a su tratado Facultad Orgánica, obra que contiene 69 tientos, aquí el “Tiento de séptimo tono para dos triples”. Francisco Guerrero (1528-1599) fue maestro de capilla de la catedral de Sevilla; hoy se le reconoce como uno de los mayores compositores españoles de todos los tiempos, brillante sobre todo en la capacidad para expresar en música las más variadas emociones, como puede observarse en la mística “Dulcissima Maria”. Respecto a las obras contenidas en fuentes manuscritas hispano-americanas del S. XVI,  del Códice de Santa Eulalia Puyumatlán (1582), Huehuetenango, Guatemala, podemos escuchar los anónimos “Angelus Dominus”, Dos apuntes indígenas: “Boniste Angel” y “Omnes gentes”, “Romance” y tres villancicos: “María e un solo buelo”, “Como del cielo es allato” y “Y asemos todos fiesta”;  del Códice de San Juan Ixcoy (hacia 1600),  Huehuetenango, Guatemala, la anónima “Danza alta” y el villancico “Con qué la lavaré”, de Juan Vázquez (1510?-1560?), músico extremeño conocido especialmente por sus obras profanas.

El intérprete de este disco es Antonio Baciero (Aranda del Duero, 1936), conocido por haber grabado la integral de Antonio de Cabezón, edición de Hispavox que obtuvo el Premio Nacional del Disco de 1979 y 1983. Como musicólogo destaca la publicación “Nueva Biblioteca Española de Música de teclado (siglos XVI a XVIII), en cuyos ocho primeros volúmenes han sido recogidas quinientas obras inéditas de autores españoles.

El libro concluye con una breve reflexión acerca del siglo XVI y del numero siete, a cargo de Marta Pérez de Guzmán.

Este libro-disco puede adquirirse en la librería El Argonauta.

Escribir a Joaquim Zueras Navarro