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Crítica de discos
Dos sonatas para violín y piano de Beethoven
Joaquim Zueras Navarro
Sonatas “A Kreutzer” y “Primavera”, Ludwig van Beethoven. Intérpretes: Kalina Macuta, violín / Daniel Blanch, piano. Sello Columna Música. Ref. 1CM0202.

El crítico Albert Ferrer i Flamarich ha escrito que aunque las sonatas para violín y piano de Beethoven no se puedan equiparar en importancia a los cuartetos o a las sonatas para violonchelo, muestran un alto nivel de calidad con ejemplos importantes y alguna composición verdaderamente esencial. La Sonata nº. 5 en fa mayor op. 24 “Primavera” sería un caso de sonata importante, mientras que la Sonata nº. 9 en la mayor op. 47 “a Kreutzer” uno de sonata esencial. La producción camerística de la primera década de Beethoven está dirigida principalmente a la práctica doméstica o semipública de los salones aristocráticos, pese a la dificultad de algunos fragmentos. Las diez sonatas para violín y piano participan de ese equilibrio entre las voces heredado del Clasicismo. Son creativas y agradables en cuanto a que son deudoras del estilo galante, pero de complejidad creciente; un proceso que culminará en la música de Schumann, Brahms y Franck.
La Sonata nº. 9 en la mayor op. 47 “A Kreutzer” se distingue por el nivel de exigencia destinado al violín, por su extensión y por su variedad emocional. Inicialmente Beethoven la dedicó al destacado violinista George Bridgetower, quien la estrenó el 24 de mayo de 1803. Después del concierto, mientras los dos tomaban una copa, Bridgetower hizo algunos desagradables comentarios sobre una mujer que era amiga de Beethoven. Enojado, el compositor cambió la dedicatoria en favor del violinista, compositor y pedagogo francés Rodolphe Kreutzer, quien nunca la interpretó en público por considerarla muy difícil. Esta obra no gustó a todos: mientras que unos vieron en ella el abandono de las formas vienesas precedentes, a otros les pareció una sonata llena de imaginación y fantasía. La partitura atrapa desde el principio por el solo de violín y los contrastes entre lentitud y bravura. El Andante con variaciones está construido a partir de un sencillo tema que Beethoven desarrolla y enriquece con un sinfín de matices. El Presto final, de forma semejante a un perpetuum mobile, es alegre y exuberante, coronado por una coda frenética. Como anécdota, recordar que Tolstói escuchó esta sonata en marzo de 1988 y que le llegó a obsesionar hasta el punto de escribir la “Sonata Kreutzer”, una novela de gran intensidad, una de esas obras cuyo crescendo rapta al lector, que se ve incapaz de abandonarla hasta no concluir su lectura.
La Sonata para violín y piano nº5 en fa mayor op.24 “Primavera”, de 1801, fue dedicada a su generoso mecenas, el banquero Conde Moritz Fries. Menos introspectiva que la op. 47, por su transparencia y cantabilidad tiene algo de mozartiana y los diálogos entre el violín y el piano evocan sentimientos de júbilo y ternura. El Allegro inicial, después de la seductora entrada del violín, expone un desarrollo amplio y equilibrado, al que se opone un segundo motivo más rítmico. El Adagio molto expresivo es un lied sereno y contemplativo, al que sigue un breve scherzo en donde el humor se hace presente bajo la forma de una danza chispeante con efectos sincopados. El Rondo final, de apariencia ingenua, utiliza el tema de un aria de “La clemenza di Tito”, de Mozart, para desplegar un Allegro luminoso, lírico y atractivo.
Kalina Macuta al violín y Daniel Blanch al piano se muestran fluidos y bien conjuntados, transmitiendo la sensación de que ninguna dificultad les supone esfuerzo. Siendo cálidos en la expresión, han optado por excluir esos arrebatos grotescos que algunos utilizan en la ejecución de las obras del primer Beethoven.
Escribir a Joaquim Zueras Navarro