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Zarzuela. Lo que hemos visto
'Juan José' de Sorozábal
José Prieto Marugán
Juan José (Pablo Sorozábal) – Versión de concierto. 23 de septiembre de 2009. Auditorio Nacional de Música. Ciclo Jóvenes Orquestas. Manuel Lanza, Ana María Sánchez, Maite Arruabarrena, Olatz Saitúa, Celestino Varela, José Luis Sola, Simón Orfila, Alberto Núñez, Emilio Sánchez, Constantino Romero. Orquesta Sinfónica de Musikene. Director: Juan José Estellés. Versión teatralizada: Ignacio García.
Algo más de veinte años han pasado de la muerte de Pablo Sorozábal (San Sebastián, 1897-Madrid, 1988), cuarenta, aproximadamente, del comienzo del trabajo que habría de dar como resultado su Juan José, y unos treinta desde que este “drama lírico popular” estuvo a punto de ser estrenado en el Teatro de la Zarzuela, de Madrid, hecho que no ocurrió porque el compositor donostiarra retiró su obra ante las desavenencias surgidas entre él y los responsables del teatro y del ministerio.
La nunca ocultada simpatía política de Sorozábal ha creado en su derredor una supervaloración de su música que no necesitaba, porque cualquiera de sus grandes obras (Katiuska, Adiós a la bohemia, Don Manolito, La eterna canción, La del manojo de rosas, La tabernera del puerto…) se basta y se sobra para inscribir su nombre entre los de los grandes músicos líricos españoles. De manera similar, el hecho de que Juan José de Joaquín Dicenta (1863-1911) fuera, en su origen, un drama calificado de social, y representado durante muchos Primeros de Mayo, parece otorgarle, en el criterio de algunos, un valor teatral superior a otras obras etiquetadas de “burguesas”. Por ambas razones no es extraño encontrar estos días textos apologéticos, comentarios entusiastas y panegíricos apasionados sobre la obra estrenada.
Juzgar una ópera larga, tres actos, dos horas de música, nueve solistas, que se escucha por primera vez no es tarea sencilla, pero hay que hacerlo y a ello vamos.
En primer lugar, Juan José no tiene, a nuestro juicio tanta carga social como se le supone. “Juan José, drama lírico popular... En realidad, se trata de una ópera, pero como a mí esta palabra no me gusta, porque no concreta nada, le llamo drama lírico popular. Lo de popular quiere decir proletario, no folklórico. Es un sainete [¿no hay cierta contradicción en esto?], dramático, madrileño cantado, sin coro ni ballet”. Son palabras de Sorozábal, como estas otras: “Es el drama del honor entre obreros. Tiene un fondo social que he quitado en parte, dejando sobre todo, lo pasional”. Es, por tanto, una historia de amor y celos que termina en un crimen que hoy sería reprobado socialmente, causado por aquella idea de ”la maté porque era mía”. Consecuentemente, nos parece fuera de lugar la proyección de múltiples noticias de conflictos y problemas laborales que acompañaron a la interpretación.
El texto fue escrito por Sorozábal, basándose en el original de Dicenta. Sobre él también disponemos de un testimonio del compositor: “El confeccionar el libreto me ha costado muchísimo. Yo no soy literato. Había que reducir la obra de Dicenta al mínimo, quitando mucha retórica, ampliando algunas escenas, fundiendo personajes. Con el final no estaba muy de acuerdo, y después de mucho meditar, opté por modificarlo. Todo esto me dio muchas preocupaciones que pude vencer gracias a que el drama de Dicenta me entusiasmaba”. Quizá se beneficiara de una revisión.
En cuanto a la música lo primero que llama la atención es la densidad. Sorozábal, músico de formación germánica, requiere una gran orquesta (cuatro trompas, tres trombones, dos trompetas, tres flautas, amplia percusión y cuerda en consonancia) que tapa a los solistas en muchas ocasiones. En la sesión escuchada, además, José Luis Estellés, director de la Sinfónica de Musikene debió suavizar el volumen. Quizá cuando la orquesta se sitúe en un foso, este problema disminuya pero la primera impresión es de demasiada orquesta.
Hay muchos momentos interesantes, algunos en la clásica línea del sainete madrileño (un claro y marcado chotis) en la que Sorozábal se mueve con maestría y elegancia. Otros momentos nos parecieron menos atractivos, sobre todo los que podríamos denominar “declamativos”, y aquellos que comienzan muy prometedores pero que no terminan de desarrollarse. Nos gustó más el segundo acto en el que las mujeres protagonistas mantienen un largo, intenso y atractivo “mano a mano”.
La interpretación fue excelente a pesar de la dificultad de sobreponer la voz a la sonoridad de la orquesta. Destacaron las mujeres, Ana María Sánchez, soprano (Rosa), Maite Arruabarrena, mezzosoprano (Isidra) y Olatz Saitúa, soprano (Toñuela), especialmente las dos primeras que tienen un papel comprometido. De los hombres, lógicamente, Manuel Lanza, barítono, en el papel de Juan José, y José Luis Sola, tenor, como Paco, su oponente. También tuvieron que recurrir a todos sus recursos para hacerse oír en el Auditorio. Colaboraron el resto del reparto, no siempre fácil de identificar por el hecho de tratarse de una versión de concierto: los bajos Celestino Varela (Andrés), Simón Orfila (Cano), y los tenores Alberto Núñez y Emilio Sánchez, que dieron vida a personajes secundarios. Intervinieron también Mario Cerdá, Íñigo Vilas, Elena Barbé, Consuelo Garrés y Miren Urbieta.
La dirección musical, del ya citado José Luis Estellés, nos pareció algo plana y demasiado potente, pero estuvo atento a los detalles, no hubo desajustes y los jóvenes músicos de la Orquesta respondieron con profesionalidad y un cierto entusiasmo.
Intervino el conocido Costantino Romero como narrador; se limitó a leer la ambientación de los tres actos, algo innecesario; hubiéramos preferido un resumen argumental de la obra, pues suponer que todo el mundo conoce lo que se cuenta en Juan José, es mucho suponer. La ausencia de lo que es propio del teatro (vestuario y escenografía) supone una dificultad a la hora de entender argumentos o diferenciar personajes. Y cuando falta la escena, una ayuda de lo que en ella sucede siempre es bienvenida.
Parece que Juan José va a ser editada en disco. Esperamos poder escuchar entonces esta obra una y otra vez, para confirmar las impresiones iniciales. A pesar de los “inconvenientes” apuntados, Juan José es una gran obra lírica, quizá la mejor de Sorozábal, como él mismo pensaba.
Escribir a José Prieto Marugán