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Crítica de libros
Las claves madrileñas de Isaac Albéniz
Carlos de Matesanz
Título: Las claves madrileñas de Isaac Albéniz. Autor: Jacinto Torres. Editorial: Ayuntamiento de Madrid, 2008. Nº de páginas: 235. ISBN: 978-84-7812-712-2.
En el marco de las conmemoraciones del centenario del óbito de Isaac Albéniz –escasas, mal preparadas y hechas a última hora, como todo lo relacionado con el arte en este país–, brilla con luz propia, como uno de los escasos logros de las mismas, el presente volumen editado por el Ayuntamiento de la capital de España, a la que tan ligado estuvo el compositor gerundense en dos fases importantes de su vida: cuando, en su infancia vino a Madrid con su familia y estuvo estudiando en el Conservatorio capitalino, y cuando, tras su aventurera juventud, se convirtió en uno de los puntales indiscutibles de la cultura madrileña bien entrada la década de 1880.
El libro no ostenta gratuitamente el título que lleva, pues, ciertamente, lo que ofrece son claves. Dada la premura con que, a lo que parece, se ha realizado el trabajo, lo único que se ha podido hacer ha sido confeccionar el volumen con documentación en bruto: Albéniz en los diarios de Bretón, Albéniz en las memorias de Fernández Arbós, Albéniz en la prensa madrileña del momento, y una fantástica cronología de la vida de Albéniz en Madrid, casi día a día, un trabajo de chinos. Como se ve, datos y sólo datos –eso sí, valiosísimos y en algunos casos inéditos hasta ahora– que por ser datos son necesarios y por ser datos serían mortalmente aburridos si no viniesen suministrados y debidamente enmarcados por el mayor especialista de nuestro país en Albéniz (mayor por ser prácticamente el único digno de tal nombre): Jacinto Torres Mulas, que tanto y tan bien conoce la vida musical española de finales del XIX.
Con consideraciones muy sabrosas sobre los estudios biográficos de Albéniz o sobre la naturaleza de la prensa musical ayer y hoy, y su relación con el compositor, Torres no sólo enmarca, sino que estructura toda la documentación con el suficiente arte como para que el volumen no se convierta en un mero recopilatorio de extractos documentales, sino que pueda y deba leerse como un auténtico libro, más formativo que meramente informativo. Preparadas con el debido tiempo, estas “Claves madrileñas de Albéniz” hubieran podido ser un amenísimo “Albéniz en Madrid”: siguiendo al genial homenajeado –que se relacionó con todo el mundo– hubiésemos conocido no sólo su vida, sino la de todo aquel bullente Madrid de finales del XIX.
La edición del volumen, elaborada en la Imprenta Artesanal del Ayuntamiento, es sumamente vistosa: una gran carpeta verde acoge al libro propiamente dicho en su parte derecha, mientras que en la izquierda se incluyen, en cuidado facsímil, cartas y partituras manuscritas de ese periodo madrileño de Albéniz. Llegar a una figura tan atractiva como la de don Isaac a través de su propia letra no deja de ser emocionante.
Si bien nos congratulamos de que un empeño editorial digno nos quede de estas raquíticas celebraciones del centenario albeciniano, no por ello dejamos de lamentar que tales iniciativas sean parciales: la gran biografía de Albéniz aun está por escribir y ojalá –aunque tal y como están las autoridades culturales de nuestro país (es decir: a uvas) no nos hacemos la más mínima ilusión– esta conmemoración sirviera para que alguna iniciativa pública o privada cursase el encargo de realizarla, por ejemplo, al mismo Jacinto Torres, que para eso lo tenemos. Aunque tuviésemos que esperar una década para ver finalizado el esfuerzo, la daríamos por bien empleada, pues más vale tarde que nunca. Lo malo es que en esta España de nuestros dolores, con la Música, ni tarde ni nunca. Amén.