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Crítica de discos

Khachaturian sin complejos

Adolfo del Brezo

Aram Khachaturian: Concierto para violín y orquesta; Suite Masquerade. Intérpretes: Ara Malikian (violín), Orquesta Sinfónica de Extremadura, Jesús Amigo (director). Fundación Non Profit Music. 1 SACD (hibrid multichannel), duración: 54'46''.

Aram Khachaturian: Concierto para violín y orquesta

Este disco reúne la música de Aram Khachaturian (1) (1903-1878), compositor nacido en Armenia, en cuya música popular encuentra frecuentemente inspiración, con la figura del violinista nacido en Líbano en el seno de una familia armenia, y afincado en Madrid, Ara Malikian. En 1948 Aram Khachaturian estuvo junto a Shostakovich, Prokofiev, Shebalin, Popov, Miaskovski y otros compositores, en el punto de mira de las autoridades soviéticas bajo acusación de componer siguiendo "tendencias antinacionales y formalistas" (2) , con el resultado de una música "estrechamente asociada al espíritu de la actual música modernista y burguesa que se cultiva en Europa y en América", por lo que fue coaccionado junto al resto de compositores acusados a "reconducir la música soviética por las vías del realismo" a fin de "sacar cuanto antes de su decadencia a la música soviética" (3) . Una actitud oficial por parte de las autoridades soviéticas que, en cuanto a la injerencia del poder en el arte y la creación, guarda estrechos parecidos con la adoptada por los nazis con respecto a la música calificada como Entartete Musik (Música Degenerada).

El Concierto para violín y orquesta, compuesto por Aram Khachaturian en 1940 para David Oistrakh es una de sus obras más populares e interpretadas, entre sus tres sinfonías, el Concierto para piano, el Concierto para violonchelo o los ballets Gayaneh y Spartacus. En esta obra de gran colorido y ritmo, brillante, dinámica, enérgica y deslumbrante, Kachaturian continúa la tradición del sinfonismo ruso del XIX. La versión que nos ofrece Ara Malikian con la Orquesta Sinfónica de Extremadura bajo la dirección de Jesús Amigo logra una buena traducción del implacable componente rítmico de los dos movimientos extremos, mientras que el lirismo del inspiradísimo movimiento central permite al solista lucir su legato y buen sentido del fraseo. Se echa de menos sin embargo algo más de redondez y calidez en el sonido orquestal, que roza la estridencia en algunos momentos (clímax del tiempo lento). Debido a una toma de sonido demasiado favorable al violín, al que sitúa demasiado en un excesivo primer plano respecto a la orquesta, ésta pierde algo de su relieve en la grabación. Las objeciones mencionadas no evitan que nos encontremos ante una interpretación muy plausible en líneas generales, aunque sin superar las referencias ya históricas de esta obra, que por otro lado son muy difíciles de encontrar actualmente: la más célebre está a cargo del destinatario de la obra, el violinista David Oistrakh con la Philharmonia Orchestra bajo la dirección del compositor, en una grabación monaural para el sello Emi; en estéreo es recomendable la del violinista ruso Leonid Kogan con la sinfónica de Boston dirigida por Pierre Monteux en RCA.

El disco se completa con la Suite Masquerade, cinco números de música incidental puramente orquestal entre los que el oyente encontrará música tan conocida como pegadiza: una buena ocasión para quienes aún no conozcan a Khachaturian, autor de una música sin complejos que desde la primera audición capta la atención del oyente. Es una buena noticia que los comentarios de Luis Suñén incluidos en esta edición se presentan en español e inglés.

(1) Su apellido puede verse también escrito como Khatchaturian, Jachaturian o Jachaturiam.

(2) Krzysztof Meyer: Shostakovich. Alianza Música.

(3) Id.

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