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Crítica de discos
Indianas y Romancero Gitano
José Prieto Marugán
Carlos Guastavino: Indianas; Mario Castelnuovo-Tedesco: Fantasía, Op. 145, Romancero gitano, Op. 152. Intérpretes: Cuarteto Vocal Cavatina (Mercedes Lario, soprano; Marta Knörr, mezzosoprano; Felipe Nieto, tenor; José Bernardo Álvarez, barítono); José Antonio García Fuertes, guitarra; Aurelio Viribay, piano. Sello: Columna Música, ref.: 1CM0215. Distribuido por Diverdi. Duración: 50'42''.

Para quienes no se conformen con escuchar siempre la misma música este CD es un reto: música infrecuente servida por una formación desusada en el mundo del disco. Les adelanto que la experiencia es reconfortante y atractiva.
Carlos Guastavino (1912-1997) es uno de los compositores argentinos más importantes. En términos generales, su música resulta nostálgica y melancólica, blanda para algunos, pero ha conseguido llegar al público hasta el punto de que alguna de sus canciones (Se equivocó la paloma, con texto de Alberti,por ejemplo) es considerada parte del acervo popular. Sus Indianas(1967) son seis canciones, para cuarteto vocal y piano, deliciosas, no folclóricas, pero sí de ambiente popular pues muestran estilizados ritmos de zamba, chacarera, habanera o cueca, y un elaborado acompañamiento pianístico. Destaca el juego de timbres de la vitalista Gala del día (Arturo Vázquez); la poesía elegante de Quién fuera como el jazmín y la distinción y delicadeza de Chañarcito, chañarcito, ambas de León Benarós. La cuarta de las canciones, Viento norte (Isaac Aizenberg), es dramática y violenta, retratando la dura llanura de la pampa que deja un regusto inquieto; como contraste, la gracia de Al tribunal de tu pecho (Benarós), y el ritmo bailable de Una de dos, con texto de Juan Ferreyra Basso. Las canciones, siempre melodiosas, suenan cómodas; aquí no hay “dos de pecho” ni agudos sobrehumanos para poner a prueba las gargantas; no, la música es amable, sentida, elegante y siempre al servicio de la intención del poeta.
Mario Castelnuovo-Tedesco (1895-1968), italiano de nacimiento y norteamericano de nacionalidad, es conocido por sus obras para guitarra, instrumento que descubrió a través de Andrés Segovia, pero fue autor, además, de música de cámara y numerosas canciones; se pueden recordar sus más de treinta sobre textos de Shakespeare. También destaca en su producción un elevado interés por lo español, como demuestran sus 25 caprichos de Goya, su Platero y yo y las canciones sobre textos de García Lorca aquí grabadas. El universo poético de Lorca, difícil en sí mismo, lo es mucho más cuando se intenta llevar a la música, pero su fuerza es tanta que son muchísimas las obras escritas o inspiradas en sus escritos. El Romancero gitano, Op. 152, para cuarteto vocal y guitarra, es una obra imponente. La componen siete canciones de distinto contenido y energía para las que Castelnuovo-Tedesco ha dispuesto toda una paleta de colores e intensidades sonoras. La riqueza polifónica de la primera, Baladilla de los tres ríos, deja paso a la melancólica La guitarra, en la que destacan los juegos de las parejas de voces (ellos y ellas). Con un título como Puñal, no puede esperarse sino una música tensa, declamatoria a veces, con episodios aislados –solistas- de la guitarra y de las voces que cuando quedan solas, impresionan. Procesión, dividida internamente en tres partes es, para nosotros, la más importante del conjunto: la primera, “Procesión”, ofrece el eco de un imaginado desfile procesional; “Paseo”, la parte central, tiene a las voces femeninas como protagonistas y retrata el andar renqueante de la imagen que se aleja hacia el horizonte; “Saeta”; la tercera, muestra una gran originalidad en el juego de las cuatro voces solistas. El contraste surge con el ritmo de habanera de Memento, y la extroversión de Baile, la más andaluza de la serie. Crótalo con una guitarra muy elaborada y la fuerza que dan las palabras esdrújulas, se presta a un apasionante juego de contrastes.
Un cuarteto vocal, es un conjunto de cuatro voces (soprano, mezzosoprano, tenor y barítono, en este caso), pero el Cavatina es algo más porque sus timbres, su sentido del conjunto y su capacidad para fundir los sonidos destacan sobremanera. Hay momentos en que esta amalgama de colores sonoros hace complicado distinguir cuál de ellas o de ellos canta. A los sobrados recursos técnicos, afinación excelente, musicalidad, empaste, dinámicas, se une una verdadera interpretación del carácter de cada obra, amable y melódico en Guastavino o trágico, duro, primario y vital en el Romancero de Castelnuovo-Tedesco.
La Fantasía, Op. 145, para guitarra y piano, es obra de complejo equilibrio entre el potente instrumento de teclado y la íntima y delicada guitarra, tanto a la hora de escribirla como de interpretarla. Castelnuovo-Tedesco superó la prueba inicial, creando un variado cuadro de sonoridades y entregando a cada instrumento aquellas que le son más adecuadas. García Fuertes y Viribay han sabido, por su parte, mantener esta mesura exhibiendo el principio básico de la música de cámara: el equilibrio.
El disco contiene interesantes notas de Arturo Reverter y el texto de las canciones, en español e inglés. El único “pero” es la duración; cincuenta minutos saben a poco; quizá se hubiera podido buscar otra obra, pero como hay lo que hay, nuestro consejo es que escuchen la Procesión, otra vez, como si fuera una propina.
Escribir a José Prieto Marugán