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Concierto en Madrid

Que sigues estando en los cielos

José Antonio Tello Sáenz

Cuarteto Pražák. Brenno Ambrosini, piano. Obras de Haydn, SchumannTeatro Real de Madrid, Sala Gayarre, 8 de abril de 2009.

Cuarteto PražákCuarteto Pražák

Madrid bajo esta primavera de contrastes, sorprendente, donde conviven a concha cerrada los quioscos de castañas con los de helados. Sorprendente porque por mucho que nos adviertan los meteorólogos de que la estación vuelve con su auténtica denominación de origen, también lo hace el interesado olvido de nuestro lado callejero y lúdico. En medio de este Madrid, que ya empezaba a extender las ramas de su operación salida, a algunos se nos concedió recobrar la oración del Pražák Nuestro.

En la Sala Gayarre del Teatro Real, el pasado 8 de abril, el Cuarteto Pražák nos demostró su perfecta afinación en la ejecución del Cuarteto op. 50 nº 6 de Haydn, calentando motores para la dominación absoluta de la polifonía cuartetística con el primero de los cuartetos op. 41 de Schumann y, en la segunda parte, con su Quinteto para piano op. 44. Éste, quizá, sería un buen resumen no sólo del concierto sino también de las virtudes generales del conjunto. Huyendo a conciencia de frases propias de los programas de mano, que lo sacralizan en planos de jerarquía y competencia como “uno de los mejores...” y “gran intérprete de...” —mucho más útiles para propiciar un primer acceso a su trabajo—, les aseguro que su directo es la única realidad que logra definirlos con justicia. Un directo sencillamente impecable, al que siempre llegaremos tarde por estos medios, los de la palabra, tan incapaces de revivir lo efímero de este arte como expertos en erigirse albaceas de su pasión. Acompañados del veneciano Brenno Ambrosini en el Quinteto y en agradecido ambiente de complicidad y buenos gestos para el público —incluso en plena interpretación, con las improcedentes celebraciones entre movimientos—, este colofón se reservaba la mejor de las ovaciones.

Desde mediados de los noventa no había vuelto a verlos, cuando por primera vez me fueron leídas las Cartas íntimas de Janáček. Fue en el Auditorio Nacional, bendita tarde, y desde entonces estos oídos se habían ido conformando con sus grabaciones, entre las cuales destacaría la integral de los cuartetos de Beethoven. Conformándose y ansiando este reencuentro.

Escribir a José Antonio Tello Sáenz