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Índices
Orquestas y Solistas del Mundo
Orquestas del Norte en Ibermúsica
Carlos de Matesanz
Orquestas y Solistas del Mundo de Ibermúsica. Auditorio Nacional.
-26 de marzo, 19’30 hrs. C.F.E. Hornemann: Obertura “Aladdin”; E. Grieg: Concierto para piano, Op. 16; C. Nielsen: Sinfonía nº 5, Op. 50. Nelson Freire (piano), Orquesta Sinfónica Nacional de la Radio Danesa; dir: Thomas Dausgaard.
-18 de abril, 22’30 hrs. C. Debussy: “Preludio a la siesta de un fauno” y “La mar”; R. Strauss: Sinfonía Alpina, Op. 64. Orquesta Sinfónica de Montreal; dir: Kent Nagano.
-19 de abril, 19’30 hrs. B. Bartók: Suite de “El mandarín maravilloso”; F. Mendelssohn: Concierto para violín, Op. 64; G. Mahler: “La canción de la tierra”. Viviane Hagner (violín), Klaus Florian Vogt (tenor), Christian Gerhaher (barítono), Orquesta Sinfónica de Montreal; dir: Kent Nagano.
Nelson Freire
La posibilidad de escuchar a uno de los grandes veteranos del teclado en un conocido concierto romántico y a una renombrada orquesta nórdica en su propio repertorio eran los dos atractivos fundamentales del primer concierto de los reseñados. Y de ambos se obtuvo lo esperado. Nelson Freire ofreció una interpretación clara y llena de matices del Concierto de Grieg, con el dominio y la solvencia de un profesional curtido en estos pentagramas que, además de dominar, entiende y ama. La orquesta danesa, con su titular al frente, tuvieron el detalle de ofrecernos para abrir el programa una página desconocida por estos lares, bonita sin más pero muy atendible, y un obrón de esos que por aquí rara vez se escuchan: la Quinta Sinfonía del danés Carl Nielsen. Sus compatriotas ofrecieron una interpretación concertada e intensa, nada complaciente ni grandilocuente, dejando bien claro que Nielsen no es Sibelius, aunque algunos los confundan. Es cierto que la agrupación no tiene un sonido especialmente sedoso y bello ni poderoso y brillante, pero toca con tal concentración y unidad, muy bien regida por su titular, que en este repertorio resulta óptima.
Muy distinta es la respuesta orquestal de la Sinfónica de Montreal, una orquesta de primera categoría, brillante y dúctil, sin el poderío de las grandes norteamericanas, pero con indiscutible nivel. Otra cosa es el partido expresivo que su actual titular, Kent Nagano, pueda extraer de ella. Más interesado por el análisis que por la emoción, su momento indiscutible estuvo al comienzo de los dos conciertos que dio en la capital española: una Suite de “El mandarín maravilloso” rebosante de energía e ímpetu. Y, aunque fueron buenas sus lecturas de dos obras tan extensas y complejas como la Sinfonía Alpina de Strauss y “La canción de la tierra” de Mahler no llegó a la entraña de ninguna de ellas; los buenos momentos de ésta se debieron a los cantantes: un Vogt delicado (demasiado, cantó –a pesar de ser un tenor de repertorio muy pesado– con una curiosa voz de tenorino que no le va nada a la parte) y un Gerhaher de auténtica antología, por voz e interpretación. En la Alpina los buenos momentos se debieron más al autor que a la interpretación, porque Strauss, cuando se pone estupendo –y en la Alpina lo hace unas cuantas veces–, es mucho Strauss.
Kent Nagano
Los dos Debussy con que comenzó el primer programa fueron de mero trámite y su Mendelssohn en el segundo fue de un relamido considerable, aunque con muy bello sonido y cortés con la violinista Viviane Hagner, una solista musical y sensible pero corta de volumen y poco segura en el registro agudo.
Desde luego, no todo es ponerle pegas a un maestro de tanto nivel como Nagano, del que siempre se tiende a decir que “sólo hace bien el repertorio moderno” (desmiéntenlo sus notables interpretaciones de Bruckner con la Sinfónica Alemana), pues la claridad con que sirve las obras más espesas es encomiable, como lo es su atención a las voces intermedias y el equilibrio de su balance sonoro. Además, y aquí se nota su prolongada experiencia como director de foso desde el comienzo de su carrera, es un magnífico acompañante –tanto de voces como de instrumentistas– que sabe ser discreto sin desaparecer, y ésta es una virtud poco frecuente en las batutas de hoy. Pero de tal maestro y al frente de tal orquesta, debe exigírsele mucho más, y nosotros se lo exigimos. Faltaría plus.