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Concierto en Madrid
Volodos con la ONE
Adolfo del Brezo
Temporada 2008-2009 de la Orquesta y Coro Nacionales de España. Sergei Prokofiev: Concierto para piano y orquesta nº 2, op. 16; Dmitri Shostakovich: Sinfonía nº 8, op. 65. Arcadi Volodos (piano), Orquesta Nacional de España, Lawrence Renes (director). Sala Sinfónica del Auditorio Nacional de Música de Madrid, 17 de abril de 2009.
El cambio respecto al programa inicialmente previsto (2º Concierto para piano de Brahms y Adagio de la 10ª Sinfonía de Mahler) dio lugar a otro muy interesante y que, lejos de la improvisación, resultó ser plenamente coherente para su inclusión en el ciclo "Poder, guerra y paz" sobre el que gravita la actual temporada de la ONE. La presencia del pianista Arcadi Volodos con la Orquesta Nacional tuvo un interés especial al confrontarle con uno de los conciertos más espectaculares del repertorio pianístico: el 2º Concierto de Prokofiev, obra colosal, de extrema dificultad de ejecución, que pone a prueba las facultades de cualquier solista, especialmente en la grandiosa cadencia del primer movimiento. Se trata de una obra de un lirismo sombrío y siniestro, que Volodos interpretó con absoluta limpieza, exquisitos detalles de fraseo, una gama dinámica de asombrosa amplitud y una variedad de colores, de ataques, de sonoridades digna de los más grandes. Fue una intervención que le confirma como uno de los astros del panorama pianístico actual. El éxito en cualquiera de los primeros centros culturales del mundo (Londres, Berlín, Nueva York, París...) habría sido apoteósico, pero el anestesiado público madrileño se limitó a aplaudir con insistencia pero sin demasiada convicción. ¿Será porque les suena demasiado "moderna" una obra que fue estrenada en 1913, es decir, hace casi cien años, y cuya "modernidad" hoy en día resulta casi ingenua? La orquesta sonó en esta primera parte sin brillo, apagada, y el director dirigió con gesto escueto. Hay mucha más música en la parte orquestal de lo que se pudo escuchar en esta versión. En el segundo movimiento la orquesta no tuvo la necesaria incisividad rítmica ni estuvo del todo ajustada al implacable y frenético ritmo impuesto por Volodos, un torrente que arrastró tras de sí a una orquesta que le seguía como buenamente podía.
La anodina intervención de orquesta y director en el concierto de Prokofiev hacía presagiar resultados porco halagüeños en la 8ª Sinfonía de Shostakovich que ocupaba con sus cinco movimientos y una hora de duración la segunda parte del programa. Pero afortunadamente no fue así. Todo lo contrario, la brillantez, la energía y el carácter con que director —ahora con gesto amplio— y orquesta se entregaron, dieron el resultado de una gran versión de esta Sinfonía, ofrecida en todo su esplendor instrumental. En la 8ª Sinfonía el compositor escupe toda su rabia y desesperación por el insoportable clima de opresión que vive bajo el totalitarismo estalinista, como acertadamente subraya Pérez de Arteaga en sus notas al programa. El tercer movimiento es un desesperado grito de rabia contra la tiranía estalinista que, tras el estallido final de una violencia sonora sin parangón, enlaza sin solución de continuidad con el centro emocional de la Sinfonía, la emocionante passacaglia del cuarto movimiento. También encontramos una sátira del poder y sus seguidores en el pasaje central del tercer movimiento, enunciado por la trompeta, de una acidez que pone los pelos de punta, excelentemente subrayada en la versión escuchada a Lawrence Renes al frente de la Orquesta Nacional de España. Lástima que esta obra "se cae" en el quinto movimiento, que Shostakovich no logra situar al nivel de los cuatro movimientos precedentes. Música un tanto divagante, en la que el compositor parece no acabar de encontrar el tono preciso, disipa la extraordinaria tensión acumulada en los movimientos anteriores, y fue el punto más débil de una gran interpretación en conjunto de esta espectacular Sinfonía, que demostró que la Orquesta Nacional sabe ser una gran orquesta cuando se lo propone.
Escribir a Adolfo del Brezo