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Crítica de discos

Conciertos para arpa y orquesta

Albert Ferrer Flamarich

Reinecke: Concierto para arpa y orquesta en mi menor, Opus 182; Xavier de Maistre, arpa. Zabel: Concierto para arpa y orquesta en do menor, Opus 35; Emmanuel Ceysson, arpa. Parish-Alvars: Concierto para dos arpas y orquesta en re menor, Opus 91; Emmanuel Ceysson y Xavier de Maistre, arpas. Staatsphilharmonie Rheinland-Pfalz. Dir: Hannu Lintu. Referencia: Claves Records, 50-2607. 1 CD. Duración: 67’03”.

Conciertos para arpa y orquesta

El siglo XVIII fue decisivo en la evolución de numerosos instrumentos gracias a los cuales paulatinamente se fomentó el lenguaje sinfónico desarrollado en la segunda mitad del siglo y todo el siguiente. Una buena muestra de la literatura surgida al entorno de este fenómeno son los conciertos para instrumento solista y orquestra, de entre los que pueden destacarse los de arpa por su infrecuencia en las temporadas de concierto y el menor catálogo. Apreciadas en los salones burgueses y nobiliarios –¡hasta María Antonieta tenía algunas!- como instrumento de aficionado y de decoración, las arpas se convirtieron en un elemento de recurrencia de la estética romántica. Este hecho, la incorporación de pedales y la posibilidad técnica de bascular entre tonalidades facilitaron su incorporación definitiva al conjunto orquestal.

Como solista, uno de los primeros en escribir un concierto para arpa y orquesta fue el francés François Adrien Boieldieu el año 1795, emparentando la obra con una serie de partituras que combinaban el arpa con distintos instrumentos en una producción de cámara. El concierto de Boieldieu gozó de cierta fama y difusión, hecho explicativo que de su influencia nacieran los tres conciertos grabados en este disco compacto. Los parámetros son las raíces en un lenguaje romántico, tonal y decoroso entre solista y orquestra, de carácter agradable, íntimo, a veces previsible y utilitario. Aquello que en términos coloquiales podríamos definir como “bello pero trivial”. Y quizá, por este motivo y la poca tradición del  instrumento en España, ni las obras ni los tres compositores son apenas conocidos y programados. Otra vez, pues, el negocio discográfico permite recuperar un legado que de otra forma seguiría en la inopia.

Lo presentado aquí por el sello Claves Records son dos conciertos para arpa y orquesta y otro para dos arpas. El primero pertenece a Carl Reinecke (1824-1910), prolífico compositor con 288 números de opus, de los que algunos ya han sido grabados por sellos como CPO –especialmente la producción de cámara y concertante-. Director de conciertos de la Gewandhaus de Lepizig a partir de 1860 y profesor de numerosas figuras del panorama musical centroeuropeo, su estética lo acerca a Mendelssohn y a Schumann. Su Concierto para arpa y orquesta en mi menor, Op. 182 (1884), nos recuerda que éste es un instrumento débil y aunque la orquesta se regule en las dinámicas y los planos, se muestra endeble. La aportación de Maistre como solista es excepcional en una combinación de técnica depurada y fraseo detallado que no convierte en artificioso algunos pasajes de difícil ejecución.

El de Elias Parish-Alvars (1808-1849) para dos arpas en re menor, Opus 91 refleja una tendencia casi belcantista, de un melodismo que ha suscitado comparaciones con las arias de Bellini. Quizá con esta figura en concreto, pero es cierto que se percibe una influencia italiana –primer movimiento-. No obstante, el espectro sonoro también se orienta hacia autores como Weber y otros contemporáneos como Field y Moscheles. Su estética es claramente del primer romanticismo –Berlioz lo bautizó como el Liszt del arpa- y el diálogo entre ambos instrumentos nos presenta a la segunda como un suplemento de la primera interviniendo en amplios pasajes como instrumento obligado. No faltan, claro está, efectos armónicos variados como las escalas y los glissandi en un virtuosismo brillante y elegante. La prestación de ambos solistas, Xavier de Maistre y Emmanuel Ceysson, es muy competente y la orquesta, la Staatsphilharmonie Rheinland-Pfalz, bajo la batuta de Hannu Lintu es igualmente convincente. Hecho que nos recuerda el alto nivel musical en países y formaciones no específicamente de primer o segundo orden. 

El más tardío de los conciertos seleccionados es el de Albert Heinrich Zabel (1834-1910) datado de 1904/5, de carácter más sentimental y afable, a pesar que no muy profundo. Seguidor de la escuela de Parish-Alvars tiene más interés orquestal que el virtuosismo del solista y añade castañuelas en el tercer movimiento ganando en vistosidad y acentos asimilables al ballet. Ceysson se muestra más agresivo, menos refinado y quizá más apasionado. Sus intervenciones no hacen intuir que su carrera apunta hacia altas cosas de virtuosismo.

Escribir a Albert Ferrer Flamarich