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Crítica de discos

Un Brahms modélico

Albert Ferrer Flamarich

Brahms: Cuarteto de cuerda op. 51 nº 1 en do menor, Quinteto con piano op. 34 en fa menor. Intérpretes: Arcanto Quartet. Silke Avenhaus, piano. Referencia: Harmonia Mundi, 9020000, DDD, 1CD.

Brahms: Cuarteto de cuerda op. 51

Son muchos los conjuntos que en los últimos meses han comercializado los Cuartetos con piano op. 51 y op. 60 y el Quinteto con piano op. 34 de Brahms: el Cuarteto Casals, el Cuarteto Aurin, los Nash Ensamble y los hermanos Capuçon, en combinación lógica con otros artistas. Además, otras formaciones como el Cuarteto Belcea y el referencial registro de Argerich, Kremer, Maisky y Bashmet, también han dado a conocer recientemente su recreación del opus 51 nº 1.

Los Arcano Quartet lo hacen marcando una alternativa a los Melos, los Weller y a la histórica grabación de los Busch. Su duración ronda la media de la abundante discografía. No optan por la simetría de los urgentes movimientos extremos basculando sobre los dos nostálgicos centrales, como otras lecturas. Ofrecen un desasosegante Allegro inicial –distinto a la sombría lectura del Cuarteto Gabrieli y los Nash Ensamble, por ejemplo-, un Allegretto atractivamente coloreado con una intervención sugerente de la viola y un nervio adrmirable en el Allegro final. Aspectos que afirman la buena direccionalidad de la lectura en una ejecución técnicamente impecable y personal, que calibra bien la creatividad en lo objetivo y lo subjetivo. Podría recurrirse a ese tópico, aceptable en casos como el presente, que les reconoce un sonido propio. Cualidad que ya es un gran paso para cualquier formación que se precie. Por supuesto, no les falta contundencia expositiva aunque, como en el caso de los Casals, su visión madurará con los años como también sucederá con la lectura simplemente honesta y bien entendida del Cuarteto Aurin.

En lo que referente al Quinteto con piano op. 34 los parámetros y elogios son similares. Hay un esplendor sonoro, con un particular squillo en las cuerdas y fuerza en lo expresivo: tanto en los pasajes melódicos como en los de texturas más complejas en un logrado equilibrio entre las cuerdas y el teclado de Silke Avenhaus, de magnífica digitación. No faltan inflexiones que los separan de las lecturas más tradicionales. A ello también contribuye un espectro sonoro que contempla las nuevas técnicas de interpretación que, si bien no discurren exactamente por lo historicista, adoptan ciertos aspectos como en lo referente al vibrato. Trazo que refuerza la especificidad del sonido conjunto ya señalada. El resultado es una idea de la obra menos homogénea en la línea del romanticismo tradicional, tanto en la densidad de texturas como en la paleta colora y de carácter. Un abanico, éste, que parte del ímpetu beethoveniano y entremezcla la melancolía brahmsiana y su serena emotividad en un discurso muy orgánico y fluido, como demuestra el Andante. La gama dinámica es clara y, como las texturas, no se resiente demasiado en los cambios de atmósfera.

En resumen, se trata de una grabación que aunque no sea exactamente referencial es un modelo que desbanca a muchas de las citadas al inicio de este comentario.

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